Un espacio de encuentro con las principales tendencias en la gestión del capital humano, motor fundamental del éxito en cualquier organización. Un rincón donde encontrar las claves que permitan identificar a los mejores profesionales. Un punto de encuentro para el debate donde crecer y hacer crecer.

La sensibilidad de la sociedad por la protección de datos personales ha sido refrendada por leyes cada vez más estrictas. Todas las empresas que manejan este tipo de información han tenido que adecuar sus procedimientos para cumplir con lo establecido en Bruselas.

Sin embargo, siempre me ha llamado la atención que toda la confidencialidad que se ofrece en la visita al médico quede desmantelada en la subsiguiente visita a la farmacia. El modelo de atención al público, clásico donde lo haya, para dispensar los medicamentos conculca cualquier atisbo de privacidad. Todos los allí presentes compartimos con naturalidad las almorranas de D. Joaquín, las crisis de ansiedad de Dña. Pilar o la planificación familiar de Martita, la hija de Dña. Remedios.

Estoy seguro de que con una pequeña inversión se podrían reacondicionar los mostradores en ventanillas, por ejemplo, para que la cadena de confidencialidad permanezca inalterada.

30 octubre, 2018 | 10:58

En los últimos meses hemos asistido a la caída en desgracia de varios ministros por cuitas del pasado. “Su conducta no ha sido ejemplar, como cabe exigirle a un servidor público”, ha sentenciado la horda acusadora.

Los protagonistas de estas historias habían cruzado ya el ecuador de sus vidas, por lo tanto, dejaban atrás años y años de vivencias de todo tipo. Sin embargo, a estos servidores públicos se les exige una hoja de servicios intachable, inmaculada, libre de toda sospecha. Cuando uno se encuentra en la década de los 40, de los 50, para poder presentar un expediente así su vida ha tenido que transcurrir intramuros de cualquier centro de reclusión, no es posible hacerlo de otra manera.

Lo siniestro de esta demanda de ejemplaridad es que niega el derecho natural a aprender de los errores. De hecho, las multas u otro tipo de acciones penales tienen como fin impeler al actor a no reincidir en su falta bajo la premisa de que se aprende de los errores y de sus consecuencias.

Thomas Edison decía que inventó la bombilla después de 99 intentos fallidos, de 99 errores, 99 fracasos. Un pianista, un pintor, un futbolista van depurando su técnica mientras eliminan de su repertorio de conductas las más inadecuadas. Los niños aprenden que una conducta que genera un castigo debe desaparecer.

No obstante, parece que nuestros políticos nacieron ya aprendidos y que aquellos errores cometidos hace años, como son los casos, son producto de una depravación moral congénita que les incapacita para representarnos.

La literatura científica cuenta con centenares de evidencias de cómo, a la luz de una equivocación, se desarrolla un estado de alerta especial para evitar volver a errar. La investigadora británica Andrée-Ann Cyr, por ejemplo, demostró en un concienzudo experimento basado en preguntas y respuestas que aquellos que fallaban y se les facilitaba la respuesta correcta aprendían mejor que los que acertaban por simple azar. El mero hecho de haberse equivocado generaba un estado mental más receptivo y, por tanto, proclive a interiorizar un nuevo aprendizaje.

El ensayo y el error ha constituido el método fundamental de aprendizaje durante toda la historia de humanidad, que hemos replicado en los sistemas más avanzados de inteligencia artificial. Poner a tres astronautas sobre la superficie lunar es el resultado de numerosos aciertos, pero también de flagrantes errores. Confucio lo definía como la manera más amarga de aprender.

Ser ejemplar es fundamental para construir una sociedad alineada con los valores que deben sustentarla y que serán también la base de actuación de los adultos del futuro. Exigir esa misma ejemplaridad con retroactividad es de una enorme perversidad porque obliga a ocultar, omitir o alterar hechos que ocurrieron en un momento dado y que, de haber aprendido de ellos, nos deberían haber transformado en mejores personas.

17 octubre, 2018 | 10:34

En un país con más de tres millones de parados cualquier consejo para encontrar empleo debe ser bienvenido. Últimamente, el discurso del paro se está desplazando desde la clásica oferta insuficiente del mercado laboral hacia el déficit de talento, pero lo cierto es que, con capacidades o sin ellas, un 16% de potenciales trabajadores están mano sobre mano.

Según una reciente encuesta de la consultora Manpower a 42.000 profesionales europeos de Recursos Humanos, el reto del empleo hoy es encontrar perfiles con la formación adecuada, por lo que podemos concluir que trabajo hay, pero desalineado de la demanda existente.

Si usted no tuvo la ocurrencia de estudiar una de las disciplinas STEM (ciencias, tecnología, Ingeniería y matemáticas) y aprender inglés en su momento, puede que se vea abocado a encadenar procesos de selección hasta dar con su Arcadia laboral. En este caso, le será útil desechar estos siete errores capitales que solo le alejarán de su objetivo:

  • Pereza: Resulta habitual que cuando alguien se ve en el triste lance de perder su empleo opte primero por un periodo de asueto al albur de la seguridad que ofrece un buen finiquito.

Conviene tener cuidado pues la inactividad genera adicción y cada vez se hará más cuesta arriba recuperar el “yo profesional”, el que madruga, el que aguanta jefes y clientes, el que llega tarde a casa. El retraso en encontrar empleo penaliza.

  • Lujuria: Según una encuesta de Universum, las compañías más deseadas para trabajar son las que nutren la economía digital: Google, Amazon, Apple, Microsoft, etc.

Que la gente joven desee trabajar en Apple tanto como tener un Iphone en el bolsillo debe ser motivo de orgullo para los de Cupertino, pero reduce significativamente las posibilidades. Elegir para trabajar una marca y no una empresa es como enamorarse de un personaje y no de una persona, antes o después aflorará la realidad.

  • Avaricia: Un reciente estudio de Universum concluye que los universitarios varones españoles, de media, aspiran a ganar 23.000 € en su estreno como asalariados. Las mujeres son algo más modestas y se conforman con 19.000 €.

Sin entrar en la derivada social del dato en cuanto a “profecía autocumplida”, llevar unas perspectivas de remuneración irreales puede abrir una grieta insalvable entre el empleador y el aspirante.

  • Gula: Cualquier proyecto importante en la vida debe venir precedido de un plan. Buscar empleo no es diferente. Cada uno debe saber cuáles son sus fortalezas y debilidades, sus áreas de conocimiento y experiencia, y actuar en consecuencia. Disparar a todo para ver si sale algo es la semilla de una vida laboral plena de insatisfacción y frustración.
  • Soberbia: Buscar empleo en una edad madura cuando se ha disfrutado de una buena posición puede ponerle en el papel de rey desnudo. Aspirar a mantener las regalías del pasado en una posición de debilidad y en un mercado laboral precario puede sumirle en una depresión y desmotivarle por completo. Hay tiempos que nunca vuelven.
  • Ira: Las políticas de selección de una empresa son una proyección de su cultura. Aunque se extienden los conceptos de experiencia de candidato y employer branding para atraer más talento, siguen existiendo compañías con métodos y formas de proceder dudosos. Los aspirantes de más edad se mostrarán recelosos a la hora de contestar algunas pruebas o de mantener una entrevista con alguien mucho más joven. Adoptar una actitud de desagrado solo le llevará a perder a usted.
  • Envidia: Compararse con otros profesionales con similar formación y experiencia puede resultar útil para saber a qué puertas llamar. Sin embargo, no basta con una trayectoria similar para equipararse a otros. Los procesos de selección prestan mucha atención a aspectos de personalidad y de aspiraciones que en nada tienen que coincidir con los de sus homólogos. No se obceque por conseguir lo mismo que tienen otros, puede que haya algo mejor reservado para usted.

NOTA: Originariamente los Siete Pecados eran ocho, pues se incluía la tristeza como uno más. Sin embargo, fue eliminada en el siglo VI. De haberlo incluido en la lista anterior se habría constituido como un elemento transversal ligado a la motivación. Afortunadamente, hoy no es pecado estar triste, aunque dificulte sobremanera alcanzar el objetivo de encontrar empleo.

Tenga bien en cuenta esos siete consejos anteriores y no pierda de vista que los ingleses no hablan de pecados capitales, sino de deadly sins, es decir, mortales de necesidad.

04 octubre, 2018 | 13:14

Enamorarse es una de las experiencias más maravillosas e intensas que se pueden vivir. Ya sabe, un estado de alteración fisiológica continua que le impide comer y dormir, los pensamientos secuestrados, la atención desfigurada, el corazón que se sale del pecho, y la cuenta atrás para reencontrarse con la persona amada. Lope de Vega le dedicó un soneto que concluía así: “…esto es amor, quien lo probó lo sabe”.

Nadie está libre de enamorarse ni hay lugares blindados libres de oxitocina, la hormona del amor.

Los entornos laborales tienen cierto aroma celestinesco que los hace pródigos en promover el amor. Piénselo bien: contacto extremo, afinidad social y educativa, objetivos comunes, actividades extralaborales y más solteros que nunca en la sociedad. Solo falta la chispa para que ese polvorín deflagre.

No es casualidad que el 10% de los escarceos amorosos tengan lugar en las fiestas de empresa y el 9% a fuer de comer juntos un día tras otro.

Embelesarse por un compañero o compañera de trabajo es lícito. Otra cosa es que la empresa lo permita, pero es un sentimiento natural y, como decíamos antes, nadie está libre de un buen chute de hormonas. Tenga en cuenta que según diversos estudios un 40% de los trabajadores ha tenido alguna vez una cita fuera de las paredes de la oficina y un 17% ha repetido.

Enamorarse en el trabajo es como invertir en bolsa, no es 100% azar, pero solo hay dos resultados posibles: o sale bien, o sale mal. Si consigue salir de la oficina con una pareja para toda la vida estará de enhorabuena, eso que se ahorra en Meetic y en discotecas. Ahora bien, como el proyecto se quede en el camino se le puede abrir una caja de Pandora devastadora. ¿No se lo cree? Si usted es milenial busque en Wikipedia “Mónica Lewinsky”. De hecho, el 10% de los que han tenido una aventura acaban abandonando la compañía por esa razón.

No pretendo ser el Grinch del amor, pero antes de dar el paso valore bien las consecuencias del fracaso. Por ejemplo, se enrarecerá el clima en la oficina y obligará a que unos y otros tomen partido. Además, serán el centro de todos los rumores, especialmente ella: las mujeres son más objeto de habladurías.

Durante el proceso de enamoramiento su rendimiento inicialmente mejorará. De manera inconsciente ambos se esforzarán para evitar ser tachados de “distraídos”, pero poco a poco ese esfuerzo irá decreciendo hasta caer por debajo de lo habitual.

Otra amenaza que surge es que uno de los dos se vaya a una empresa de la competencia, al enemigo. Del otro, el que se queda, que comparte colchón con el traidor, se podrá pensar que queda de retén y se perderá confianza a la hora de compartir asuntos internos importantes.

Sin embargo, aún no hemos tocado las dos situaciones más delicadas que se pueden dar, que en el colmo del triple salto mortal con tirabuzón y sin red se pueden combinar: el adulterio y la relación con un superior.

Otros estudios al efecto concluyen que el 19% de estas demostraciones de pasión envuelven una infidelidad o dos, algo que será censurado por los compañeros, pero además, un 15% son relaciones en las que uno de los dos tiene superioridad jerárquica sobre el otro, lo cual no es jugar con fuego, es meter toda la cabeza en el horno.

A esta altura del artículo puede que se haya quedado lívido y se reproche a sí mismo aquella vez en la fiesta de navidad que le dijo a la chica de marketing: “Qué quieres tomar, invito yo”. Tampoco se congratule de que le dijera que ya no quería beber más. De haber funcionado habría podido experimentar algo tan maravilloso como el amor. Siempre hay que darle una oportunidad.

20 septiembre, 2018 | 07:26

Cuando dos aficiones altaneras se cruzan en un partido de fútbol, la delegación del gobierno establece la categoría de “partido de alto riesgo”. Esto ocurre, bien porque ambas aficiones son beligerantes, bien porque se tienen ganas, bien por los dos casos. La opción 2x1 es la más peligrosa porque uno viene ya preparado desde casa para partirse la cara, no espera otra cosa que no sea repartir leña.


El martes nuestro Parlamento rezumaba tensión, quedó patente en el mismo momento que uno de los contrincantes entró al cuadrilátero arropado por su gente como si de un púgil boxístico se tratara. Flaco favor a una institución que debería estar al servicio de las ideas, por encima de las personas.

09 julio, 2018 | 07:59

Del Homo Sapiens al Homo Miseratis

 

Hace poco reparaba en You Tube en la presentación del primer IPhone que hacía Steve Jobs. Resulta maravilloso escuchar a la gente aplaudir y gritar en un éxtasis colectivo cuando Jobs enseña que la pantalla es táctil y todas sus funciones, por tanto, se gestionan con el dedo.

¿Sabe usted en qué año sucedió eso? En 2007. Sí, apenas 11 años.

Cuando hablamos de la evolución del ser humano solemos hacerlo en términos tecnológicos. Desde las primitivas herramientas de sílex hasta la carrera espacial todo ha supuesto un desarrollo exponencial que se pone de manifiesto cuando vemos hechos de apenas 10 o 20 años que parecen antediluvianos.

Considerar la evolución humana en términos de tecnología resulta demasiado reduccionista. Sin embargo, de vez en cuando se dan acontecimientos ajenos a los chips que nos sitúan también en la cúspide del desarrollo. Hablo del rescate de los niños tailandeses.

Indudablemente, para proceder a su rescate ha sido necesaria cierta tecnología, pero por encima de todo se han dado tres elementos que, si bien no son exclusivos de los sapiens, sí lo son en cuanto a su alcance y al lugar relevante que ocupan en nuestra sociedad. Estos son:

  • Compasión
  • Colaboración
  • Difusión.

Tres características que nos hacen más humanos si cabe. Me extenderé un poco más en el primero, la compasión.

Se trata de un sentimiento de aflicción compartida cuando vemos a otro ser sufrir, no necesariamente humano.

La compasión ha sido registrada en fósiles muy antiguos, cuando se han encontrado restos de homínidos que con serias taras han sobrevivido durante años. Como aquella niña de unos 12 años encontrada en Atapuerca y que sufría una encefalopatía congénita. Solo desde el cuidado de sus mayores esta niña podría haber llegado a esa edad.

La compasión no es universal, no es un sentimiento indiscriminado, sigue unas pautas. Esta, por ejemplo, se da más hacia personas individuales que grupos. El pobre Aylan Kurdi que con solo tres años apareció muerto en las playas de Italia removió más conciencias que los cientos que fallecen todos los años en el Mediterráneo.

Además, para sentir realmente compasión, necesitamos que se den tres elementos más. Estos son:

  1. Que el malestar del otro sea realmente serio, importante. Uno no siente compasión por la eliminación de España del Mundial, pero sí por la familia desahuciada.
  1. Que el daño no sea autoinfligido. Somos muy dados al “tú te lo has buscado” con lo que juzgamos y sentenciamos las penalidades del otro.
  1. Que podamos proyectarnos en la situación de dolor y buscar una base de identificación. El Niño Aylan tenía la misma edad que mis hijas.

La compasión nos moviliza para mitigar, si no eliminar, el dolor ajeno. Es la fuerza, el catalizador, la motivación necesaria para ponernos en marcha, para arremangarnos. Luego, por medio de la colaboración logramos alcanzar metas realmente desafiantes que de manera individual nos conduciría al fracaso. 

Así que la próxima vez que alguien le ponga como único ejemplo de la evolución el último artilugio tecnológico de Apple, abrácele y compadézcale por su estrechez de miras.

02 julio, 2018 | 07:05

Vengo escuchando este mantra desde que se supo que España jugaría contra Rusia en los octavos de final del Campeonato del Mundo de Fútbol.

Un equipo como el español que lo ha ganado todo, lleva ese fracaso marcado con hierro candente en el lomo de su historia balompédica. Hoy ya podemos confirmar que una vez más no hemos ganado al anfitrión.

En las primeras tertulias que he sintonizado tras la derrota, ya he escuchado en varias ocasiones el argumento de la historia y, por tanto, que hemos querido luchar contra alguna Ley Superior que nos condena a perder contra el anfitrión y que una vez más se ha impartido Justicia.

Steven Pinker, en su libro “En defensa de la Ilustración”, explica claramente por qué no ganamos al anfitrión. Ahí va:


Si se puede señalar a una persona como responsable de la desgracia, se la
puede castigar o demandar por daños y perjucios.


Si no cabe señalar a nadie en particular, puede culparse a la minoría étnica o
religiosa más próxima, que puede ser linchada o masacrada en un pogromo.


Si no se puede acusar a ningún mortal, cabe recurrir a la caza de brujas, que
pueden morir quemadas o ahogadas. En su defecto, cabe señalar a dioses
sádicos, que no pueden ser castigados, pero sí aplacados con plegarias y
sacrificios.


Y luego están las fuerzas incorpóreas como el karma, el destino, los mensajes
espirituales, la justicia cósmica y otros grandes de la intuición de que "todo
sucede por una razón"

12 junio, 2018 | 07:53

  1. ¿Te quieres casar conmigo?
  2. Buenas noches, ¿es el domicilio de…?
  3. ¿Hace mucho que tiene ese bulto?
  4. Tenemos que hablar
  5. Dice el jefe que vayas
  6. ¿Cuándo tuviste la última regla?
  7. Venga, la penúltima. No te rajes.
  8. La filosofía de Platón. Eje principal, influencias y aportaciones. Tienen una hora.
  9. Ustedes, salgan despacio y con las manos en alto.
  10. ¡A que no hay huevos!

24 mayo, 2018 | 07:51

En el ínterin de respirar por primera vez y hacerlo por última, todo es una sucesión de etapas por las que deambulamos con una mochila tan llena de experiencias, aspiraciones y principios que nos contractura las cervicales.

 

Las primeras, las experiencias, no pueden más que crecer a fuer de explorar territorios ignotos. Las aspiraciones, al contrario, van mermando hasta que un día no son más que esperar a ver amanecer otra vez.

 

Pero ¡ay los principios! Son los que más evolucionan, se transforman como el gusano que quiere ser capullo. Las expectativas cambian, surgen nuevas ilusiones, proyectos vitales que se asientan en la poltrona de las prioridades y toda la contumacia de la juventud queda diluida en la encomienda biológica de la progenitura, otro tipo de casta.

 

Tener hijos es mirar adelante, transformar los criterios con los que entendíamos el mundo y con los queríamos reinventarlo, si no bajarnos de él, es abrir puertas a nuevos espacios que no es que estuvieran cerradas, es que no sabíamos ni que existían.

 

Tener hijos es envainársela una y mil veces.

 

 

 

 

 

 

 

 

03 mayo, 2018 | 12:32

Lo leí hace tiempo y no tengo claro quién lo dijo: “Uno se muere dos veces, la primera, cuando deja de respirar y la segunda, cuando alguien pronuncia su nombre por última vez”.

Que ETA murió hace tiempo es un hecho indiscutible. Los valedores de esta derrota son varios, pero sobre todo destaco tres:

  • Presión policial
  • Presión judicial
  • Presión social

Hay un documental muy elocuente y que debería servir como material didáctico en los colegios que se titula: El fin de ETA. En él, se hace un repaso exhaustivo de lo que fue esta lacra desde los hechos y sus protagonistas.

¿Cuándo llegará la segunda muerte? ¿Cuándo se dejará de hablar de ETA y quedará como un episodio ignominioso de nuestro pasado? Pues a la vista de la poca relevancia que está adquiriendo su disolución parece que ya ha empezado.

Y no solo que lo jóvenes desconozcan lo que fue ETA y el sufrimiento que generó, es que los propios medios de comunicación le dan una importancia relativa. Pongo dos ejemplos:

  • Hace unos días, cuando pidieron aquel perdón con matices, encontré la noticia en la página 23 del diario El País, en un recuadro del tamaño de su intrascendencia.
  • Ayer 2 de mayo, fiesta de la Comunidad de Madrid, los telediarios incluían la noticia de la carta sobre su disolución en el grueso de la actualidad, y mucho después de la situación política que vive Madrid.

Entiendo que ese ninguneo pueda hacer daño a víctimas y verdugos, estos últimos que se encuentran cumpliendo condena para nada, pero forma parte de la transformación social y cultural de un país que se rebela contra las injusticias y el nepotismo, como estamos viendo por la sentencia contra La Manada.

En la España de hoy, parece que no es solo el terrorismo lo que no tiene cabida, es también su recuerdo lo que tiende a excluirse.

Por las víctimas, por sus allegados, por todo el país que padeció la inquina del terror, no permitamos que su recuerdo se volatilice como lo hace un mal resultado deportivo. Esto ha sido un partido de 50 años con casi 1.000 personas que no podrán escuchar el pitido final.

Imagen de Antonio Pamos

Antonio Pamos Doctor Cum Laude en Psicología con una larga trayectoria en gestión de Recursos Humanos. Acumula más de 25 años de experiencia trabajando con profesionales en la gestión del talento, la identificación del potencial o la medida del desempeño. Es miembro del Consejo Asesor de la Asociación Internacional de Directivos de Capital Humano, miembro electo de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Psicología, así como de diferentes comités científicos nacionales e internacionales. Está considerado como uno de los más influyentes en su campo. Es autor de decenas de artículos y publicaciones. En la actualidad es socio y director de la compañía multinacional Facthum Spain, desde donde ofrece su experiencia y conocimiento a compañías de todo el mundo.

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