Asuntos de familia
Vito Corleone solía decir que nunca hay que dejar que la gente fuera de la familia sepa lo que estás pensando. En el caso del austríaco Ferdinand Piëch (FP en adelante), esta aseveración se debería extender también a muchas de las personas de su propia parentela. Algo sumamente delicado, dado que Volkswagen, la empresa cuyo consejo de vigilancia preside, es en buena medida un inmenso negocio familiar.
Ferdinand Piëch (arriba) y Wolfgang Porsche.
La descendencia de Ferdinand Porsche, el legendario creador del escarabajo y fundador de la empresa que lleva su nombre, se divide en dos ramas: los Porsche y los Piëch: los hijos de su hijo Ferdinand Anton Ernst Porsche, por un lado; y los de Louise Porsche y Anton Piëch, por el otro.Ferdinand K. Piëch es la cabeza visible de su mitad del clan. Su principal rival en el otro es su primo Wolfgang Porsche, cuyo aliado es el propio CEO del fabricante de bólidos, Wendelin Wiedeking (el ejecutivo mejor pagado de Europa, por otro lado, que rescató a la empresa de la quiebra desde 1993). Dos personas hacia las que Piëch siente una profunda animadversión. Entre ambas ramas se repartenel 50% del capital de Porsche SE, el holding que a su vez es el mayor accionista de Volkswagen con un 50,8% de los títulos.
La familia podrá ser sagrada, pero ha dado muchos quebraderos de cabeza a Piëch. Desde los años 80, la rama Porsche ha controlado la mayor parte del capital después de que su hermano mayor, Ernst, cometiese la “traición” a la familia de vender su paquete a un inversor árabe. Las dos ramas se unirían para recomprar los títulos, aunque Porsche se quedó con más. En los 70, FP tuvo que abandonar Porsche después de que el consejo decidiese que ningún miembro pudiese ocupar puestos directivos para evitar las cada vez más frecuentes peleas. Su destino fue Audi. En el imperio VW ascendería hasta ocupar la presidencia del consejo de administración en 1993, puesto que sólo abandonaría en 2002 por cuestiones de edad. Esto no significa que el Padrino del motor haya dejado de mandar. Forzó la salida de su sucesor en VW, Bernd Pischetsrieder, y colocó a su protegido Martin Winterkorn en su lugar.
Ahora, es un primo suyo y un directivo ajeno a la industria del motor los que han pretendido toserle. Según Tony Soprano, “una decisión equivocada es mejor que la indecisión”. Wolfgang Porsche y Wiedeking siguieron esta máxima y lanzaron en los últimos años un ataque frontal contra Piëch para hacerse con Volkswagen, con compras masivas de acciones sostenidas con créditos bancarios. Y han estado a punto de ganar, pero la decisión fue equivocada. Su derrota frente a FP es segura, víctimas de los manejos en la sombra de Piëch, de la crisis crediticia y de su fracaso a la hora de propiciar el fin de la ley VW. La banca le ha dado la espalda, y el destino del creador del mítico 911 es ser una marca más del imperio de Wolfsburgo.
Wendelin Wiedeking (derecha) y Ferdinand Piëch.
Una cita clave para que ello sea una realidad tendrá lugar este jueves, día en que se reúnen los consejos de vigilancia de Volkswagen y Porsche para fijar la integración. El acuerdo entre FP y su primo para que VW compre el 49% del negocio automovilístico de Porsche parece cerrado por un precio cercano a los 8.000 millones de euros (una oferta que Porsche no ha podido rechazar). La salida de Wiedeking, pactada, aunque con una suculenta indemnización. Sólo quedan algunos flecos que pueden retrasar una semana la salida.
A sus 72 años, Don Piëch acaricia ya tres de sus sueños: un imperio automovilístico controlado por los suyos; tener bajo su influencia la empresa que fundó su abuelo; y la derrota del peor enemigo que uno se puede imaginar, la propia familia.
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