10 septiembre, 2009 | 01:03
El tirano perfecto
El sobre que le había llegado de forma anónima al pequeño despacho desde el que dirigía su estudio de diseño dejó perpleja a Penélope. Sólo había pasado un día desde el entierro de su padre y todavía no se había recuperado de la triste sensación que experimentó al comprobar la soledad con la que Alejandro Noriega se había marchado de este mundo.
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