Sobre el autor

Alfredo García (Madrid, 1972) es licenciado en Periodismo. Actualmente trabaja en Cadenaser.com. Desde 1991 ha desarrollado su carrera profesional en distintos diarios, revistas, portales de Internet y emisoras de radio. También ha editado varios libros.

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31 julio , 2009 | 01 : 00

Empresa familiar

Tenía que elegir entre su padre y su tío. Las diferencias entre los hermanos eran insalvables y él, que en los últimos años se había convertido en el gestor del día a día de Gamma, la empresa de distribución creada hace tres décadas por los Fredricksen, tenía que quedarse con uno de ellos.

Su decisión marcaría el futuro de la compañía, que no pasaba por su mejor momento. La crisis se hacía sentir en los beneficios y los hermanos habían llegado a la conclusión de que para que Gamma siguiera en pie cada uno debía tomar un camino diferente. Los viejos gruñones habían pactado que Carl tuviera la última palabra. El que eligiera se quedaría al frente a cambio de una compensación generosa que costeara el retiro del otro.

Carl no pasaba apuros después de su matrimonio con Jordan, la hija del poderoso Christopher Russell. Aunque éste no le financiaba sus caprichos, tenía lo suficiente para vivir bien. Su situación era cómoda, pero no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad que le habían dado aquellos carcamales después de 12 años a su servicio.

¿Con cuál de los dos debía quedarse? Hasta ahora, los papeles de ambos habían sido  complementarios. En eso radicaba el éxito de la empresa. Su padre era el que tenía las grandes ideas. Era un hombre genial, pero poco constante. Intuitivo, pero dado a relajarse. Y así lo había sido también en su vida familiar, por la que habían pasado un sinfín de mujeres tras la muerte de su segunda esposa.

El tío era el perfecto ejecutor, el que planificaba y ponía en marcha las ideas de su hermano, la referencia para los equipos, el que con más ahínco trabajaba por la compañía, ya fuera de día o de noche. Su dedicación era plena, lo que se había cobrado también un precio personal, el de la separación de la mujer que le había acompañado durante 27 años.

Ambos estaban solos y Gamma era lo único que les merecía la pena en la recta final de su familia. El que perdiera la partida se quedaría tirado. Ni siquiera la compensación pactada por la venta de sus acciones sería suficiente para reparar la pérdida sentimental. Por eso ninguno de los dos dudaba en rozar el chantaje profesional e incurrir completamente en el emocional cuando se acercaban a Carl para hablar de su decisión.

Carl no estaba dispuesto a entrar en el juego. Por eso supo que tenía que actuar basándose en dos criterios: la rapidez y lo que había aprendido de esos dos hermanos que hace algún tiempo habían dado a la empresa momentos de gloria.

Eso es lo que le llevó a dejar fuera del juego a su tío. Su constancia y el control con el que dirigiría Gamma le atarían de pies y manos. Con él como dueño y señor de la empresa no podría cumplir su objetivo, sino que se convertiría en un simple recadero. Su padre habría hecho lo mismo si estuviera en la misma situación.

Pero también debía hacer algo propio de su tío. Trabajar al máximo, sin descanso. A diferencia de él, lo haría para debilitar la empresa. Sería fácil si conseguía entretener a su padre comprando alguna de esas chicas que le hacían perder la razón. De esa manera lograría  mermar un poco más las cuentas hasta que el viejo acabara aceptando la oferta que tenía previsto hacerle Russell por la compra de una compañía que, en poco tiempo, se podría reflotar sin demasiados esfuerzos. La cantidad prevista era mínima, casi ridícula, en comparación con la que había llevado a Carl a venderse al mejor postor bajo la promesa de convertirse en el verdadero patrón de Gamma.

Alfredo García

Comentarios

Hijo si, pero de pu...

Un verdadero hijo de puta

Su padre habría hecho lo mismo si estuviera en la misma situación.

También los valores que en las empresas familiares son transmitidos a los miembros de la familia son relevante para el éxito de las mismas; ya que los valores de una u otra manera hacen reflejo de lo bien cimentados están los valores del o los propietarios y por que no de la familia en sí y con ello se contribuye en el trascender de una generación a otra el sueño del fundador que en transcurso del tiempo se convierte en el de la familia. Rodrigo 8381

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