El peligroso dinero digital
El dinero digital o dinero electrónico está ganando cada vez más terreno. Plataformas como Paypal, Bitcoin, Square o Dwolla son ya viejos conocidos para los usuarios del comercio electrónico, ya sea vía internet o a través del teléfono móvil. Pero, ¿llegarán algún día a convertirse en servicios masivos y alcanzar el estatus de nueva promesa en el mundo financiero?
Esta es la pregunta que se hacen desde el blog Alphaville, del diario británico The Financial Times, a propósito de una reciente entrevista a Jean-François Groff, responsable del último proyecto de este tipo bajo el nombre de Mobino.
Groff tiene un currículum con muchos vuelos. Ha trabajado en compañías de telecomunicaciones, para el ejercito francés, ha sido socio de Steve Jobs en el proyecto NeXT y hasta escribió código en los inicios de aquella quimera llamada internet.
En su nuevo proyecto dice que quiere democratizar el mercado del dinero y no montar una divisa a espaldas de los Gobiernos. Como ejemplo contrario pone el caso de M-Pesa. Un servicio móvil de micropagos lanzado 2007 por la compañía la filial de Vodafone en Kenya, Safaricom, y que en apenas cinco años ya ha conseguido expandir el negocio a otros países africanos e inundar Kenia de oficinas M-Pesa.
Para sus críticos, Safaricom ha creado un sistema divisa paralelo al de la moneda nativa, el chelín keniata. De hecho, según el análisis de Alphaville, M-Pesa tiene un funcionamiento muy parecido a un ETF, un fondo cotizado que replica, en este caso, al chelín. La cotización de ambas monedas va a la par, pero no son los mismos quienes se aprovechan de las subidas o bajadas de valor.
M-Pesa (pesa en swahili quiere decir dinero) es la unidad de dinero electrónico que provee Safaricom a sus clientes para que pueden hacer pagos a través del teléfono móvil. Cuando el usuario del sistema quiere conseguir este dinero electrónico, ha de entregar una cantidad de chelinens a un agente de M-Pesa, que a cambio de ese efectivo, que funcionaría como un colateral, imprime la nueva divisa. El cambio de una unidad a otra es gratis, aunque cada pago que realice el cliente con M-Pesa tiene una comisión.
El dinero entregado como una suerte de colateral al agente de Safaricom no genera ningún interés para el ususario. ¿Por qué va alguien a entregar un dinero que no le renta un interés a cambio de otro
dinero, electrónico? Porque en Kenya el 60% de sus habitantes poseen un teléfono movil pero solo un 20% posee una cuenta bancaria, donde sí pondría recoger el interés generado por su dinero.
Las ventajas son la facilidad de transferencia y la gran liquidez. Pero a cambio, cada vez que Safaricom imprime su M-Pesa, esta sustrayendo al Estado el llamado ingreso de señoriaje. Esto es, la diferencia entre el coste de emitir moneda en formato físico y su valor en el mercado monetario. Cuanto más dinero circule en el sistema transformado ya en M-PESA, menos billetes habrá en movimiento.
Esto ha llevado al Estado keniata a plantearse un gravamen sobre las transacciones en M-Pesa. Groff advierte que esta línea de actuación también tiene sus inconvenientes “Poner un impuesto a las transacciones que se hagan mediante telefonía móvil convierte al Estado en el malo de la película”. Él tiene la solución, que pasa por usar su propio sistema, Mobino, en el que el Estado tiene cierto control sobre la emisión de la nueva unidad monetaria digital.
Un post de D.M.Pérez, puedes seguirme en @dmarcialperez



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