A vueltas con Berlusconi
Un año después Italia vuelve a ser el foco de atención. Tras la llegada de Mario Monti al poder en plena sacudida de la crisis de deuda la situación del país transalpino parecía empezar a normalizarse. En noviembre de 2011 se dispararon todas las alertas: la prima de riesgo italiana se situaba por aquel entonces en la barrera de los 550 puntos. Todo hacía presagiar que Roma sería la siguiente en caer. Sin embargo, el BCE no lo permitió. Ante la inversión de la curva de tipos italiana Mario Draghi, que llevaba en el cargo tan solo un mes, decidió emprender una acelerada compra de bonos para devolver la estabilidad a los mercados. A esta iniciativa le acompañaron las dos megasubastas de liquidez que alejaron los fantasmas del colapso financiero.
La dimisión de Silvio Berlusconi, incapaz de reconducir la situación e inmerso en numerosos escándalos, llevó a Mario Monti a formar un gobierno tecnócrata que se encargaría de devolver la confianza a Europa y de emprender un programa de reformas que tenían como eje la austeridad. Sin embargo, doce meses después de aquello las dudas vuelven a ser las protagonistas. El primer ministro sorprendía a todos con el anuncio de su dimisión. El regreso de Berlusconi a la primera línea parece que ha sido la gota que ha colmado el vaso. Una vez que se aprueben los presupuestos del próximo año, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, será el encargado de disolver el Parlamento y convocar elecciones previstas según la mayoría de analistas para el próximo febrero (un mes antes de lo esperado).
La dimisión de Monti no ha sentado bien al mercado, reacio a las sorpresas de última hora. La prima de riesgo, que desde septiembre venía experimentando un periodo de calma, ha vuelto a retomar la senda alcista, arrastrando consigo a la española.
Estas nuevas subidas vuelven a poner sobre la mesa la idea de solicitar el rescate, única vía para tranquilizar al mercado de renta fija. Sin embargo, desde Morgan Stanley señalan que esta solución se ve ahora más lejana que nunca. La razón que alegan es sencilla: las dificultades para llegar a un acuerdo nacional en plena campaña electoral se convierten en un obstáculo más para frenar la inestabilidad. De manera que en el corto plazo solo queda esperar a los resultados electorales.
Los sondeos señalan como posible vencedor al líder de centro izquierda Pier Luigi Bersani, de manera que las aspiraciones de Il Cavaliere por volver a tomar las riendas del país quedan en entredicho. Su implicación en numerosos escándalos y la incapacidad demostrada en la pasada legislatura son motivos más que suficientes para una población que ha visto cómo la mala gestión nacional del proceso de integración europeo ha dañado su estructura económica.
Con Berlusconi y Bersani como grandes protagonistas la pregunta que muchos se formulan es ¿qué ocurrirá con Monti? Las hipótesis son varias. Por un lado, algunos apuntan a que quizá el hasta ahora primer ministro podría estar preparando su candidatura mientras que otros creen que su futuro pasa por ser el responsable de las finanzas en el próximo ejecutivo aprovechando su credibilidad europea. No obstante, las dudas continúan en el aire ya que Monti no se ha pronunciado. Tan solo se ha limitado a señalar que seguirá desempeñando sus responsabilidades hasta que se aprueben los presupuestos de 2013 el próximo 18 de diciembre.
Retos del próximo Ejecutivo
El gobierno que surja de las elecciones tendrá por delante la ardua tarea de recomponer el tejido económico de la tercera potencia de la eurozona. Con una población descontenta por la manera en que se ha gestionado la integración y donde día a día crece el porcentaje de ciudadanos que preferirían volver a la lira, el nuevo ejecutivo tendrá que recuperar la confianza perdida. Continuar en el camino de la austeridad solo implicaría un mayor descontento y sin duda se convertirá en uno de los puntos calientes de la campaña electoral.
La incapacidad de los gobiernos nacionales ha llevado a muchos italianos a plantearse la siguiente pregunta ¿Más o menos Europa? Los datos que maneja Morgan Stanley muestran cómo un amplio sector de la población que desconfía de sus propios dirigentes ven en Europa y su capacidad para intervenir en los presupuestos la estrategia más adecuada.
La contracción económica seguirá siendo una constante hasta mediados del 2013. La desaceleración de la caída del PIB en los últimos meses se debe a que el grueso del ajuste presupuestario ya se ha realizado. El desapalancamiento de la deuda estatal seguirá siendo una constante y desde la gestora señalan que no se esperan grandes correcciones en la política fiscal. Un paso atrás sería duramente castigado por los mercados.
Aunque Monti ha aprobado importantes reformas estructurales, los analistas creen que serán necesarios nuevos cambios en el mercado de trabajo así como el aumento de los impuestos indirectos. El resultado que salga de las urnas será seguido muy de cerca por los mercados. La política continuará marcando el devenir económico y cualquier cambio repercutirá de manera significativa en España. El comportamiento del bono a diez años así como los movimientos en la renta variable son el mejor ejemplo.
Un post de G. Escribano. Puedes encontrarme en Twitter en @escribanogema



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