26 enero, 2016 | 12:23

El Partido Socialista ha obtenido los peores resultados de su historia en las elecciones generales de diciembre, pero parece ser que todo gobierno pasa por él. A la izquierda y a la derecha: con Podemos o con el Partido Popular. Lo llamativo de Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE, es que le valga indistintamente para gobernar un pacto con su izquierda (Podemos) o con su derecha (Ciudadanos), como si fueran la misma cosa, y ambas cosas compatibles además con demonizar al Partido Popular. 

 

Estaba Sánchez ilusionado con la posibilidad de un pacto de legislatura con Podemos tras rechazar todo contacto por riesgo de contagio con el Partido Popular y con Mariano Rajoy, hasta que la propuesta envenenada de Pablo Iglesias la semana pasada le sacó de su ensoñación. Sorprendido más por la reacción natural de indignación de otros líderes socialistas que por su propio análisis de la situación, Pedro Sánchez reaccionó el sábado con determinadas cautelas al pacto con Podemos, y aseguró que exploraría también un pacto con Ciudadanos.

Llama la atención que le venga bien tanto un pacto radical de izquierdas con Pablo Iglesias como un acuerdo liberal con Rivera. La coherencia política bien entendida aconseja tener claro hacia qué parte se dirigen los deseos y los pactos y hacia cuál no se debe ir nunca. ¿Es Pedro Sánchez liberal o socialista radical? Un Gobierno con ambas condiciones a la vez es imposible, y optar por uno o por otro de forma indistinta es irresponsable y frívolo.

Es complicado que Sánchez pueda explicar que se puede pactar con Podemos para aplicar un programa radical de izquierda, con el despendole necesario del gasto público, la vuelta a la rigidez laboral que paralizaría el mercado laboral, la nacionalización de las grandes eléctricas, y caminar en paralelo por el filo de la navaja del independentismo (si no es así no hay investidura posible), pero si ello no es posible, ir de la mano de los liberales de Ciudadanos; un partido que defiende la economía de mercado y están en muchas propuestas económicas y sociales bastante más a la derecha del Partido Popular, como un análisis de sus programas pone en evidencia.

Y llama más la atención por qué no se puede hablar con el Partido Popular si sus planteamientos en materia de política económica y social, como la experiencia de gobierno dice, están más cerca del PSOE de lo que puedan estarlo los de Ciudadanos. Lógicamente, Sánchez no puede ni siquiera hablar con el Partido Popular por el riesgo de contagio político, y porque su incontenible ambición de ser presidente del Gobierno se desvanece ante un partido que ha obtenido casi dos millones más de votos y una larga treintena de escaños más. 

Eso no tiene que explicarlo Sánchez, porque ya lo sabe todo el mundo: ambición personal desmedida aunque los números no se lo permitan. Por ello seguirá negociando con Pablo Iglesias. La semana pasada Iglesias ya adelantó buena parte de sus condiciones, seguramente asumibles para Sánchez, pero disolventes y rechazables para la mayoría del PSOE; estas condiciones serán incrementadas si el PSOE las acepta, porque el objetivo final de Podemos no es pactar con el PSOE. Es no pactar con el PSOE.

Iglesias tiene una estrategia perfectamente diseñada desde hace tiempo y la ejecutará paso a paso, y consiste en fagocitar el PSOE desde el Gobierno o desde la oposición. Y de momento quiere estar en la oposición, y que el PSOE se vea obligado a respaldar al PP. El paso siguiente, engullir al PSOE, ya llegará en las siguientes elecciones, sean en mayo, dentro de dos años o de cuatro. Cuanto más se retrasen más voluminoso es el balón de oxígeno para el PSOE si es capaz de recomponerse y explotar, con el PP, los éxitos de la política económica y del crecimiento en los próximos años. Solo eso puede desinflar al propio Podemos, que defiende un radicalismo social y económico poco compatible con la economía de mercado y el modelo de convivencia del que los españoles se han dotado.

21 enero, 2016 | 13:18

Existe la mala costumbre de aseverar que la integración en la moneda única impone tales corsés a la política económica de sus miembros, que la discrecionalidad de los Gobiernos es escasa, y que las consecuencias para las sociedades vienen predeterminadas por las decisiones de Francfurt, Berlín y Bruselas. Yo no lo comparto, en absoluto: las políticas económicas serán bien diferentes en España según qué Gobierno se forme ahora, y las consecuencias para la economía y para la sociedad, también. 

Las diferencias no serán de matices. No pueden serlo cuando las alternativas de Gobierno distan tanto como ser europeista o combatir la construcción europea: mientras que el PP, C's y PSOE comparten el proyecto europeo, Podemos y algunos de sus socios combaten el euro, la integración europea o sus instrumentos de defensa común, como la OTAN. Pero aún dando por bueno que los radicales y populistas de Podemos harían abstracción de sus postulados antieuropeos y profundamente revisionistas de la construcción europea (hasta Syriza ha mutado en Grecia, y los radicales de izquierda portugueses conviven con lo que denostan y censuran), una simple aplicación de sus políticas económicas supondría un vuelco en el modelo de libre mercado.

No hace falta que les cuente cómo están las cosas para formar gobierno nuevo. Parece que al PP no le salen las cuentas, y que sí podrían salirle al PSOE, aunque tuviese que contar con la sopa de letras nacionalista y la abstención activa de los independentistas a los que el PSOE dice combatir. Con este escenario de primera vuelta, todo parece indicar que habría un Gobierno de izquierda con respaldo radical, y cuya acción política está ya indicada en las propuestas parlamentarias presentadas tanto por el PSOE como por Podemos en el Parlamento, y que suponen una auténtica declaración de intenciones, una especie de síntesis programática.

Más allá de los riesgos que suponen comprometerse con los nacionalistas, las propuestas que hay sobre la mesa, más algunas otras que surgirán porque estaban en los programas, suponen un cambio radical en la política económica practicada en los últimos años y con la que, francamente, a España no le ha ido nada mal. No a todo el mundo, lógicamente, pero en conjunto, en síntesis, nada mal.

El PSOE no oculta que mantiene la derogación de la reforma laboral que ha sido uno de los puntales para crear 1.500 empleos diarios, lo que puede suponer que la máquina se ralentice primero, y se pare después. La confianza de inversores, empresarios y consumidores se construye con muchas variables, y los cambios laborales que han supuesto un abaratamiento del coste laboral es una de ellas, de las más importantes. Si desaparece, habrá menos motivos para mantener la confianza.

Además, el PSOE no oculta que pondrá en marcha varios programas que suponen un incremento nada despreciables del gasto social, que se incrementará más si se suma la intención de Podemos de aplicar su ley 25 de emergencia social. No es fácil cuantificar su coste. Pero nada por debajo de los 20.000 millones de euros en un par de años. El problema es cómo financiarlo.

Si tenemos en cuenta que Bruselas reclama un recorte de gasto de unos 10.000 millones de euros, que puede ser una cantidad inflada, y la alternativa es un incremento de 20.000, estamos hablando de unas diferencias de 30.000 millones de euros, que no encontraremos en el mercado, porque ni Bruselas ni el mercado permitirá de repente un repunte del déficit de 3 puntos completos sobre la senda marcada. La alternativa solo es una: subir, y no poco, los impuestos, cuando se había iniciado, al calor de la fortaleza de la demanda y del crecimiento y la ampliación de bases imponibles, una rebaja ligerísima.

Y eso no es bueno para la confianza, ni para el consumo, ni para la inversión ni para el empleo, porque los tipos de interés de una deuda que está en el 100% del PIB subirían notablemente, hasta hacerse infinanciables. Y las cuatro cosas las precisa la economía para salir plenamente de la crisis social en la que está en un país con una tasa de paro que aún sobrepasa el 20%. El mundo de los negocios no se da por enterado que que habrá, con muchas probabilidades, un Gobierno PSOE con Podemos. Pero ya hay inversiones que están a la espera de acontecimientos para desembarcar o no en España, y el proceso de freno del crecimiento será muy lento, porque la inercia de la economía es muy fuerte, y sigue amparada por un crudo muy barato.

El Estado en manos de un gobierno de izquierda de inspiración radical, con mucho peso parlamentario de postulados revisionistas de la economía de mercado, puede terminar otra vez cuestionado en los mercados, como ya estaba en 2011. Y su recomposición ulterior es muy complicada.

Hay otras opciones. Una, de un Gobierno del PP con respaldo parlamentario puntual de C's y PSOE, que supondría mantener las líneas básicas de la política económica hecha en estos años, pero corregidas. Las consecuencias no serían para la economía muy diferentes a las actuales, pues proporcionaría la estabilidad y continuidad que ha generado la recuperación de la economía hasta ahora.

Y la opción más estable, la que servidor ha mantenido desde el 20 de diciembre, es la vía alemana: una Gobierno de coalición PP y PSOE, con un programa unitario pactado previamente, y una duración lo más longeva posible. Ha funcionado en Alemania, y muy bien, y no tiene porqué no funcionar aquí. Tiene otra virtualidad política añadida que no hay que despreciar y que sería estratégica: desecharía el apoyo de los nacionalistas ahora y para siempre, pues desde que por una vez PP y PSOE pacten un Gobierno de coalición, sería la solución siempre que en el futuro se presente este mismo dilema.

Yo ya se que España es muy diversa. Hasta en mi pueblo somos muy diferentes. Pero los nacionalismos deben limitarse a gobernar en su provinciano territorio, con su muy provinciano y muy excluyente planteamiento político.

El PSOE decide. Su responsable de economía, el señor Sevilla tiene que pensar, y comunicar a Sánchez, con quién se pondrá antes de acuerdo: con Juan Carlos Monedero o con Luis de Guindos. Creo que no hay color: hay miopía e intereses personales.

30 noviembre, 2015 | 13:05

El coste por reflotar Abengoa o lo que quede de ella debe ser compartido. Pero los bancos deben afrontar la parte del león, y el Estado debe renunciar únicamente a la parte de riesgo que tiene asumido, y ni hablar de incrementar el gasto público para sacar del atolladero a unos gestores negligentes ni para arreglar las apuestas fallidas de la banca ni el futuro de la plantilla de Abengoa, por cierto que sea que son los trabajadores quienes menos culpabilidad tienen en este fiasco corporativo.

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13 noviembre, 2015 | 13:29

Ha vuelto el consumo, ha vuelto la inflación. La vieja economía: cuando la demanda presiona, la oferta aprovecha la calorina y sube los precios. La ignorancia económica: ganar más con precios más altos, a consta de engordar el monstruo destructivo de la inflación. El chollo de precios a la baja y renta real creciente empieza a acabarse. La efímera virtud de la crisis, desaparece.

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03 noviembre, 2015 | 18:56

Desde que el Presidente del Gobierno disolvió las Cortes los medios de comunicación, y los partidos políticos, han intensificado su actividad demoscópica. Una síntesis de los sondeos permite concluir unas cuantas cosas: el PP gana las elecciones; toda coalición probable pasa por el PP; el PSOE no logra sumar mayoría con ninguna otra fuerza que no sea el PP; Ciudadanos se acerca peligrosamente al PSOE; y Podemos se ha estancado, con un ligero repunte de Izquierda Unida.

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20 octubre, 2015 | 12:44

Como antaño, serán los nacionalistas, los moderados y los menos moderados, quienes decidan quién gobierna a partir de enero. Los resultados de las encuestas no ofrecen mayorías suficientes a nivel nacional, excepción hecha del improbable PP-PSOE, y los cuasi treinta escaños de los nacionalistas decantarán la vida política hasta 2020.

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02 agosto, 2015 | 20:43

¿A cuento de qué viene poner en circulación el reto de la Seguridad Social? El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sin que nadie le preguntara el pasado viernes, y dado que tenía mucho interés por hablar del futuro, abrió el gran melón del sistema de pensiones. No parece la mejor manera de afrontar unas elecciones generales. ¿O sí?. 

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03 junio, 2015 | 13:13

Mariano Rajoy tiene que hacer uso de las herramientas que tiene en su mano, y de las que sus adversarios políticos carecen, para tratar de salvar las elecciones generales con solvencia, tras el revés del 24-M que ha abierto el escenario político tanto y de tal manera que nadie se atreve hoy a apostar qué pasará, quién será el presidente en 2016.

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14 mayo, 2015 | 12:37

Los sindicatos y la patronal han logrado cuadrar un acuerdo salarial para dos años que únicamente puede servir de bálsamo contra la conflictividad, pero que puede complicar la vida a muchas empresas, sobre todo pequeñas, y que puede frenar la ganancia de competitividad que tanto ha costado recomponer, y que puede tener un coste en empleo.

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23 febrero, 2015 | 12:00

España puede recuperar los niveles de empleo de antes de la crisis (20,6 millones de ocupados) en 2020. Esa es la conclusión a la que llegan varios expertos consultados si el crecimiento económico se mantiene en los niveles actuales, muy cerca del 3%. Para ello, mucho control de los costes.

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Sobre el autor

José Antonio Vega (Zamora, 1962) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Inició su carrera en la sección de Economía del diario ‘ABC’, en 1984. En 1986 se incorporó a ‘Cinco Días’, donde ha sido jefe de sección y redactor jefe de Economía y Economía Internacional. Desde febrero de 2006 es subdirector.

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