10 agosto, 2012 | 13:41
Palabras proscritas en los Juegos Olímpicos
El otro día un lector me aconsejó que me fijara en la ausencia de marcas y publicidad en el Parque Olímpico en un comentario en relación al anterior post titulado ‘La tiranía de las marcas empaña el candor olímpico’. “Éste es el único acontecimiento deportivo en el que no se ve un sólo anuncio de ninguna marca comercial en ningún estadio de competición y te puedo asegurar que no es ni la primera ni la segunda vez que al COI le han puesto muchos millones encima de la mesa para que cambiase esta política”, comentaba el lector.
El lunes estuve en el Parque Olímpico para ver dos partidos de baloncesto y recordé sus palabras. Efectivamente, los estadios no están empapelados con símbolos y emblemas, como pasa en el resto de acontecimientos deportivos.
Sin embargo, la apropiación que hacen las empresas del espacio y de la vida sigue pareciéndome intolerable, indignante y ofensivo. ¿Puede una etiqueta apropiarse de todo lo que es nuestro sólo por haber puesto algunos millones encima de la mesa? ¿Puede el dinero comprar todo, todo? ¿incluido algo tan sagrado y público como es la lengua? La respuesta me desespera: sí. El otro día me quedé sobrecogida cuando me enteré que, durante el tiempo que duren los Juegos Olímpicos y Paralímpicos los negocios no podrán utilizar palabras relacionadas con la competición para “proteger los derechos de los sponsors”, según ha dicho el LOGOC (London Organising Commitee of the Olympic Games). ¿Y los derechos de los hablantes? ¿de los ciudadanos? ¿y el diccionario? ¿Quién lo protege?
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