Un problema de altura (II)
Los futbolistas de la selección de Corea del Norte, que puso en apuros el martes a Brasil, son 4 centímetros más bajos que los de Corea del Sur, que hoy juegan contra Argentina. El aumento de la altura de los coreanos en las últimas décadas, favorecido por una mejor alimentación, es una de las claves de su mejoría competitiva; ahora sólo falta que surjan centrocampistas talentosos como Xavi e Iniesta o delanteros como Messi. Como cuentan Kuper y Szymanski, los países pobres son también peores en el fútbol.
El dato sobre la diferencia de altura entre las dos Coreas, que he conocido a través de The Wall Street Journal, me sirve como excusa para recuperar un informe sobre el efecto de la altura de los jugadores en el arbitraje del que hablé hace unos meses
El estudio había comprobado que a los futbolistas altos les pitan más faltas, aunque no necesariamente cometan más. Es algo que los profesionales intuyen, como el barcelonista Ibrahimovic, que mide 1,92. "Soy muy alto y cuando me bato en duelos con alguien más pequeño salgo perdiendo. Pero es una cosa que debo aceptar y tirar hacia adelante."
El estudio de Quaquebeke y Giessner recuerda que estudios anteriores habían investigado si al pitar los árbitros se dejan influir por el color de los uniformes, por la reputación de los equipos o incluso por el ruido ambiente. En este caso, insisten, sólo trataban de medir la tendencia a pitar más faltas a los altos, no si esa tendencia es errónea o correcta.
La parte principal de la investigación era evaluar la relación entre la altura de los jugadores y las faltas que les pitaron durante siete temporadas de la Bundesliga y de la Champions League, y tres Mundiales de fútbol. En total, unas 125.000 faltas.
Para descartar la influencia de las posiciones de los jugadores en el número de faltas, repitieron los cálculos separando entre porteros, defensas, centrocampistas y delanteros. "Los resultados sugieren que la mayoría de faltas las cometieron los relativamente pequeños centrocampistas sobre otros centrocampistas". Tiene su lógica: los delanteros construyen, no destruyen, y los defensas evitan hacer faltas para que les piten penalty o una falta peligrosa. En el centro del campo las faltas son menos comprometidas.
Para eliminar el factor de que los altos en realidad hagan más faltas, los investigadores llevaron a cabo un experimento en laboratorio, en el que no se producían faltas, con 120 personas, la mayoría aficionados o incluso practicantes de fútbol. Los participantes debían observar una imagen en el ordenador con dos futbolistas moviéndose hacia un balón situado entre ellos. La altura de los jugadores había sido manipulada para que uno de ellos fuera más alto que el otro.
A los participantes se les decía que el jugador de la izquierda (a veces el alto, a veces el bajo) caería al suelo después de la escena en cuestión. Debían indicar qué razón creían más factible: falta, chapuzón (el jugador se tira sin que le toquen), o azar. A continuación debían estimar la altura y la musculatura de los jugadores.
Los observadores percibían a los jugadores "altos" más altos de lo que en realidad eran, y a los "bajos", más bajos. Y en línea con la hipótesis, apostaban por que habría falta más en los casos en los que el jugador que caía al suelo era el más bajo.
El segundo experimento era similar, pero en esta ocasión los 196 participantes elegían cuál de los dos jugadores caería al suelo. En su mayoría apostaban por que sería el más pequeño.
Los resultados, advierten Quaquebeke y Giessner, no dejan claro si se deben a un error de juicio arbitral o al reflejo de una estrategia adaptativa, es decir, que los jugadores altos cometen más faltas.
Otros aspectos que influyen en el árbitro y que se podrían analizar, sugieren en las conclusiones, son "los rasgos faciales, la agilidad de movimientos o si los jugadores corren de izquierda a derecha o de derecha a izquierda". También podría estudiarse el efecto del lenguaje corporal o del impacto de la luz solar en los ojos.
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