La maldición de Cinco Días
Hace un año publiqué un artículo sobre Rafa Nadal, que empezaba el que podía ser su quinto Roland Garros ganado. Era el número uno del mundo, aparecía en medios de todo tipo y hasta las escuelas de negocios se fijaban en él. Poco después caía eliminado y entraba en una racha de lesiones de la que parece recuperado. ¿Casualidad, maldición... o es que el gafe soy yo?
Cuando un deportista aparece en todos los medios de comunicación no es raro que empiece una mala racha. En 2002 la revista Sports Illustrated dedicó un reportaje a la mala suerte que supuestamente provocaban sus portadas. De 2.456 portadas, 913 personajes habían tenido mala fortuna o peores resultados después de salir en la revista.
Los periodistas Michael Blastland y Andrew Dilnot recuerdan en el libro El tigre que no está (Turner) cómo Business Week titulaba Los tipos están bajos, bajos, bajos en febrero de 2007, poco antes de que los tipos de interés subieran de forma abrupta. Más aún, recuerdan que en 1979 la revista (reflejando el sentimiento del mercado) profetizaba La muerte de las acciones.
No se trata de dejar en ridículo a la competencia. Si repasan las portadas de Cinco Días (y mis reportajes, claro está) encontrarán casos parecidos. Un estudio de la Richmond University titulado ¿Son los reportajes de portada buenos indicadores contrarios? analiza los titulares publicados por Business Week, Fortune y Forbes durante 20 años y concluye que los reportajes positivos suelen indicar el final de los buenos resultados y las noticias negativas, el final de los malos.
La razón es simple: las cosas suben y bajan. Cuando algo o alguien va extraordinariamente bien, es difícil que vaya mejor, así que lo más probable es que empeore. Y al revés: lo que va muy mal tiene más probabilidades de mejorar. Es lo que se denomina estadísticamente como regresión a la media. Ocurre lo mismo, por ejemplo, en los puntos negros de las carreteras. Cuando hay muchos accidentes, se instalan radares o cámaras y los accidentes caen en picado; pero es difícil saber si se debe al efecto de las cámaras, o a que el número de accidentes era inusualmente alto y simplemente ha vuelto a una cifra normal.
Cuando vean que todos los periódicos hablan de la misma tendencia bursátil o económica, llamen a su agente de Bolsa o a su asesor fiscal. Los periodistas solemos llegar tarde a casi todo. Y es mejor así: desconfíen si un periodista llega siempre el primero al lugar del crimen.
ACTUALIZACIÓN: Me recuerda un compañero una maldición similar, la de unas famosas natillas. Los deportistas que las anunciaban en televisión iban cayendo en desgracia. Lógicamente, los habían elegido precisamente por haber llegado a lo más alto.
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