Se vende bosón de Higgs a 7,3 euros
El acelerador de partículas LHC, que se volvió a poner en marcha el sábado después de un parón de casi un año por avería, tiene un coste total previsto de 4.000 millones de euros (6.000 millones de francos suizos). Para encontrar el bosón de Higgs, que es su objetivo principal, cada español habrá pagado 7,3 euros.
Pese a lo que yo mismo publiqué hace un año, el presupuesto del CERN (Centro Europeo para la Investigación Nuclear) dedicado al Large Hadron Collider (Gran Colisionador de Hadrones) es de 6.000 millones de francos suizos (no de euros), que incluyen la construcción del acelerador y la contribución del CERN a los experimentos.
España es uno de los principales socios del CERN, al que contribuye con el 8,52% de los 1.100 billones de francos suizos de su presupuesto anual. Por tanto, aporta 340 millones de euros al LHC, lo que equivale a 7,3 euros por español.
¿Vale la pena la inversión? El proyecto intenta encontrar el bosón de Higgs, la partícula que daría sentido al modelo actual de física de partículas, o demostrar que no existe, lo que obligaría a cambiar el modelo radicalmente. En el camino se desarrollará la tecnología de superconductores y criogénica, y quizás se encuentren otras partículas y se hagan otros descubrimientos, pero el objetivo es sobre todo teórico.
La física teórica tiene dificultades para justificar la inversión pública en sus investigaciones. Cuesta apreciar la utilidad práctica de encontrar una partícula a la que se llama coloquialmente partícula de Dios (la física teórica tiene algo de filosófico). 4.000 millones de euros parecen muchos; 7,3 por español ya no parecen tantos. Si se pudiera comprar en las tiendas, muchos físicos estarían dispuestos a pagar mucho más. Y desde luego, 9,75 dólares. Más gastos de envío.
ACTUALIZACIÓN (25/XI): Luis López plantea la cuestión del origen de la expresión "partícula de Dios". El término apareció por primera vez asociado al bosón de Higgs en 1993, en el libro del mismo nombre del Nobel de física Leon Lederman y el escritor Dick Teresi. En la página 22 Lederman bromea: "El editor no nos habría dejado titularlo La partícula maldita (The Goddamn Particle)". En la página 6 del prefacio (escrito en 2006) aclara que todo empezó como una broma y "terminó ofendiendo a los que creen en Dios y a los que no". El propio Peter Higgs lamenta el uso del término.
Los periodistas no dejamos pasar indemne un título tan atractivo. Al menos, señala Lederman, la popularidad del término aumenta las esperanzas de que se haga la película.
Otro científico con sentido del humor es Richard Feynman, como cuenta Julián Díez en su blog La nueva cultura.
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