El sillón del Congreso
Despaché hoy con los diputados Hugo Morán y Carles Campuzano. Esperando a sus Señorías en la planta 3B del Congreso pude acomodarme en el sofá del fondo que da acceso a la cafetería del tercer piso del céntrico edificio madrileño.
Hoy había Pleno. Lo sabían bien los diputados que atendieron al soñador que viene del Sureste con una hora de retraso. Lo pasé bien durante los 60 minutos gracias a la tres revistas amablemente proporcionadas por Olaya, a la atención de los ocupantes de la cafetería, y al discurso de fondo sobre cambio climático que incorporaba al presidente y al líder de la oposición.
Dicen mis notas que la cafetería del Congreso es mejor que la del Senado, donde ayer tomé un café cortado, una coca-cola light con pincho de tortilla, y una segunda coca-cola light. Bajé siguiendo indicaciones de Olaya a la cafetería del Congreso. Como únicamente disponía de tres euros de calderilla pregunté qué costaba un café con churro. Me dijeron que tenía suficiente. Cuando procedía a pagar me dijeron que café y churro costaban 95 céntimos. Añadí, entonces desearía comer un segundo churro. Cuando procedía a pagar me dijeron que café y dos churros costaban 95 céntimos. Sorprendido pregunté. Es menester observar que el desayuno en el Congreso cuesta 95 céntimos independientemente del número de churros ingeridos. Pregunté qué costaría café y tosta con tomate. Me dijeron que 130 céntimos. Es un placer desayunar en la cafetería del Congreso no sujeta a la inflación mundana.
Pregunté entonces por el menú del día. Resulta que Mr Monfort, como visitante de sus Señorías, puede acceder al mismo a un precio por debajo de los nueve euros, un precio más habitual en el mundo circundante. Hoy no comí pues la comida no era de mi agrado. Volveré, Señorías, volveré para comer en el comedor del Congreso.
A las 12H45 vuelvo a apostentarme en el sofá del fondo de la planta 3B mientras que Zapatero habla de la Ley de Economía Sostenible, comparecencia que todos vemos y escuchamos en directo en la planta 3B del Congreso. Entretanto el líder de la oposición responde de manera cortante y con crispación incorporada mientras una asistente de la planta 3B argumenta estamos muy deprimidos sólo de verte. Las asistentes visten mucho mejor que los asistentes, asiduos del vaquero y las zapatillas de deporte. No es decoroso no vestir de gala cuando los ujieres y los empleados de cafetería visten de uniforme. Seamos serios.
Qué bello es vivir en democracia, aun siendo una democracia de tiempos de crisis. Gracias Señorías por abrir las puertas de sus despachos al soñador que viene del Sureste. Volveré leones, volveré para disfrutar del desayuno subsidiado y del almuerzo de nueve euros. Volveré para incorporar vuestro saber y saber hacer a la construcción del segundo libro que propone un Nuevo Modelo de Crecimiento para el país de las montañas y mares.
Desde la capital del Reino, Jaime
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