Mientras dormíais
Escribo estas líneas mientras dormíais, lectores soñadores. Aprendo a controlar el sueño y a descansar lo justo para dedicar cada hora del valioso tiempo a arrancar un nuevo consenso que siente las bases de una nueva arquitectura económico financiera que rescate al pobre extremo.
Apuro los días que quedan con la intuición de que estas líneas sin audiencia escritas por un cazador de sueños imposibles encierran la utopía factible que podría despegar en Octubre de 2010. Quedan meses intensos por delante para perfeccionar un plan de acción ambicioso, únicamente apto para soñadores que decidieron no perder la esperanza de ver cómo los grandes problemas de la humanidad tienen solución.
Es hora lector soñador. Es hora de creer que podemos convertirnos en catalizadores de un futuro mejor. No querría ser un Julio Verne del siglo veintiuno que propone ideas adelantadas a su tiempo. La delgada línea entre la utopía y la eutopía depende de la voluntad política de alcanzar consensos globales, de priorizar el interés humano al económico, industrial y militar. Lucharé por convencer a la clase política de la necesidad de alcanzar un consenso que arranque un compromiso global que ponga al ser humano por encima de la maximización de un beneficio económico cortoplacista, miope, que apesta egoísmo y avaricia.
Prepárese la clase política global. Prepárese para convertirse en hombres y mujeres de estatura o dejar sus cargos y dejar paso a aquéllos que gritan la urgencia del momento. Prepárese la clase política global para nuevos tiempos en los que decimos por qué no en lugar de por qué, para ensalzar la idea creativa e innovadora y el diseño de nuevos esquemas factibles.
No tengo miedo a saltar al ring del debate y la persuasión. No tengo miedo a enfrentarme a los piratas del capitalismo sin corazón que se esconden cual lagartijas, ratas y ratones en los túneles de la vergüenza, que roban el activo más preciado a aquéllos que nacen para vivir en la pobreza extrema, perpetua.
Es hora expertos soñadores. Subir al barco del optimismo, la nave debe zarpar. Zarparemos en Octubre de 2010, izaremos la bandera de la ilusión. Escribo estas líneas para mostrar que el soñador que carece de reputación y prestigio siembra hoy una semilla para que crezca a partir de 2010. Escribo estas líneas para mostrar que el optimista irremediable camina para hacer camino al andar.
No me digan que no hay soluciones donde las hay. Mostraré un camino que nos lleva a eutopía, al mundo de cornucopia, a Decemland, la tierra del diez por cien. Invitaré a los soñadores a subir a un viaje sin retorno lleno de ilusión.
Escribo estas líneas con la impaciencia del que quiere mostrar a los sabios de nuestro tiempo una inquietud infinita. Escribo estas líneas para subir a los hombros de gigantes desde los que vislumbrar la sociedad del 2050, que nos espera con los brazos abiertos y nos invita a entrar en la nueva Era de la Sostenibilidad.
Nací en una sociedad sin guerra, en una familia que me entregó un amor incondicional que hoy se traduce en un deseo infinito por avanzar sin pausa en el esfuerzo global de erradicar una pobreza vergonzosa. Nací en una sociedad sin guerra que me ofreció y brindó la posibilidad de estudiar, de aprender, para proponer, para defender la prioridad de los pobres.
Es hora Iberia, es hora Europa, es hora de gritar la urgencia del momento. Lucharé lo que me queda de vida por comenzar un viaje sin retorno. Encontré los discípulos de Marshall y Kennan, de Monnet y Schuman. Es hora John Danilovich, Branko Milanovic, Raymond Baker, Knut Kjaer, Clarissa Brocklehurst, Lucy Law Webster, Sheila Tloue, Cheick Diarra, es hora de avanzar y no volver a parar hasta llegar a Decemland. Es hora de trabajar para comenzar la era de la redistribución global, para comenzar a crear bienes públicos globales, para abrazar al pobre extremo y comenzar los Gloriosos Cuarenta.
Me arrodillaré África. Lloraré la tónica del abandono, besaré tus pies. Te prometí trabajar lo que me queda de vida en pro de tu resurgimiento, que veremos en los próximos cuarenta años. Vivo por y para el pobre extremo. Lucho por y para el pobre extremo. Adelante soñadores. Comencemos un viaje sin retorno. Es tiempo es hora. Te anhelo Decemland, zarpemos en un viaje sin retorno.
Desde Washington, Jaime
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