De la gran manzana a la capital contemporánea
Dejo atrás la ciudad de Nueva York. Viajo de vuelva a Washington, donde durante los próximos dos meses y medio asistiré a la Escuela de Verano de la Universidad de Georgetown donde prosigo estudios de máster en derecho internacional y ciencias políticas.
Salgo de la gran manzana y observo la inmensidad de este gran país, un país de emprendedores y soñadores torpemente dirigido durante ocho años por el peor presidente de la reciente historia de Estados Unidos. Es el norteamericano un tipo simple e ingenuo, carente del incentivo de la curiosidad por aprender de otras culturas, enraizado en su supremacía histórica, malacostumbrado al pseudo dominio intelectual que parte de su supremacía económica. Es el norteamericano el gran amigo de Europa. Es la alianza transatlántica una realidad que debe madurar para adaptarse a tiempos multilaterales.
Vuelvo a Washington. Comienzo un curso en la Universidad de Georgetown sobre las Naciones Unidas y la seguridad colectiva. Ayer estuve reunido hora y media con el Under Secretary General y Special Adviser para África de Naciones Unidas. Es Cheick Diarra oriúndo de Mali. Es Cheick Diarra un soñador del presente que abre las puertas de su despacho salón a un desconocido que viene del Sureste con un libro debajo del brazo.
Entro en las instituciones creadas en tiempos de posguerra y me reciben como Mr Monfort. Perseveraré en la materialización de una utopía factible. Continuaré avanzando en la proposición de ideas realistas y realizables. Bienvenido a la Era de la Sostenibilidad, lector soñador.
Nos acostumbramos a conducir la furgoneta y a relegar al mundo en vías de desarrollo a ocupar el escaso y parco maletero. Nos acostumbramos a dominar intelectualmente el mundo de las ideas utilizando el músculo militar e industrial. Fueron otras épocas en las que el gigante americano venció una Guerra Fría que dejamos atrás. Ya no hay guerras frías que luchar, debemos despertar del sueño y afrontar la pobreza y desigualdad extremas.
Dejemos el orgullo detrás, y la idiosincrasia que nos impide aceptar que nuestros ancestros cometieron errores garrafales de los que nos hemos beneficiado. Reconozcamos nuestra complicidad con la financiación de guerrillas de uno y otro bando que incrementaron la deuda externa de muchos países en vías de desarrollo. Es preciso arrancar desde una agenda de reconocimiento de errores pasados que incluye la voluntad de reformar en el Norte antes de imponer nuestros principios inoperantes de comercio libre y ausencia de estándares laborales y medioambientales a economías en vías de desarrollo que reciben a las multinacionales como si de Mr Marshall se tratara.
Es hora de gritar la urgencia de nuestro tiempo. Es hora de liderar un cambio ideológico que priorize el bienestar básico del pobre extremo y el respeto al medioambiente. Es hora de determinar el daño colateral de nuestras políticas comerciales y de inmigración y compensar adecuadamente. Es hora de incorporar la transparencia a la venta de armamento y hacer público el beneficio de nuestras corporaciones, que deben pagar su contribución justa a una sociedad articulada en torno al estado de derecho y del bienestar.
Dejemos atrás el Consenso de Washington de una vez. Comencemos el Consenso de Bruselas, que exporte el estado del bienestar europeo y el paradigma de convivencia basado en la provisión de educación, sanidad, agua y saneamiento gratuitos y universales. Es hora de avanzar, sociedad del presente, es hora de convertirse en hombres y mujeres de estatura.
Dónde estáis hombres y mujeres de estatura? Os escondéis, temerosos de perder una reputación y un prestigio mantenidos a base de convivir con un ideario caduco, pasado de moda, rancio, que apesta, alimentado por las élites, los lobbies, los think-tanks y los académicos ortodoxos.
Luchemos contra los piratas del capitalismo sin corazón. Luchemos en una guerra intelectual que debe utilizar las armas de persuasión masiva. Es hora lector soñador, es tiempo de cambios fundamentales en nuestro modelo de convivencia global, pues de otro modo otorgamos al proteccionismo el protagonismo y la potencialidad de materializar la emergencia de movimientos ideológicos radicales que traigan e incrementen el conflicto y el enfrentamiento entre pueblos y razas.
Lideraré si el liderazgo es necesario. Propondré un plan de acción dirigido por expertos soñadores, por hombres y mujeres de estatura política, que dijeron por qué no en lugar de por qué, que abrieron las puertas de sus despachos salón a un desconocido sin reputación ni miedo a perder un prestigio inexistente, que no aspira a publicar en los grandes journals ni a ganar premios que alimenten un ego que minimiza la capacidad de proponer y materializar la utopía.
Viajé, conversé, dialogué durante cientos de horas en persona y por teléfono. Entendí la urgencia del momento. Construí un plan de acción factible. Vislumbré un camino que nos conduce a un mundo de cornucopia y entendimiento global.
Te querré, amigo americano. Te querré pues conocí en tu seno los mejores corazones que he conocido en este globo. Te amaré de manera incondicional, pues nos rescataste de siglos de guerras y conflictos. Mas gritaré que es hora de dejar una supremacía rancia detrás. Mas gritaré que es hora de interrumpir la utilización del músculo industrial y militar para imponer un punto de vista que quedó atrás tras la caída del presidente número cuarenta y tres y del paradigma económico basado en el endeudamiento acentuado y la privatización del estado del bienestar.
Avancemos de la mano de una vez. Incorporemos a los chinos, indios, rusos y brasileños. Comencemos los tiempos de gobierno global que creen estándares que se deban cumplir dentro y fuera de nuestras fronteras, unas fronteras que desaparecerán para crear el estado del bienestar global.
Podemos llegar al mundo del 2050 en condiciones que nos permitan replicar la sociedad del 2250. Avanzaremos en cuarenta años lo que muchos creyeron sucedería en dos siglos. Comencemos los Gloriosos Cuarenta, que erradiquen la pobreza extrema, que eliminen las fronteras y la necesidad de utilizar el músculo militar.
Es hora sociedad del presente. Es hora de avanzar juntos de una vez por todas. Adelante expertos soñadores, adelante visionarios, adelante sabios de nuestro tiempo, adelante lector soñador, es vuestro tiempo, es vuestra hora, arranquemos un viaje sin retorno.
Te anhelo Decemland. Zarpemos en un viaje sin retorno.
Desde Washington, J.
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