Sobre el autor

Sébastien (@sebchartier) Emprendedor y experto en corporate finance. Ha trabajado en varias Start-Ups, firmas de capital riesgo y consultoras (IPEN, BusinessAngels.com, Campbell Lutyens, Minerva Capital…). En los últimos 10 años, ha fundado media-docena de compañías, entre ellas CreaCapital, Capital & Corporate, Creaventure, y lanzado varios eventos como CapCorp o Salón MiEmpresa (www.salonmiempresa.com)

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Candice (@candicelaporte) Especialista en comunicación, marketing & eventos. Ha desarrollado su trayectoria profesional en compañías como EuroRSCG y Publicis y su faceta de emprendedora en firmas como Capital & Corporate y Creaventure. Ha participado en el lanzamiento de numerosos eventos y conferencias en los últimos años (CapCorp, Salón Miempresa, FortyUnder40, Venta Privada sector Lujo…).

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En los últimos días, se han escrito centenares de artículos sobre el anteproyecto de la Ley de Emprendedores que se presentó la semana pasada.

La parte política la adula, como si hubieran descubierto el Santo Grial y la máquina de fabricar emprendedores (o mejor dicho, parados reconvertidos en “auto-empleo”), mientras que la mayoría de los empresarios la critican, llamándola basura, engaño, etc.  Por mi carácter, sería más bien partidario de hacer lo mismo, ya que realmente es una vergüenza que hayan tardado tanto tiempo para hacer tan poco (mucho ruido durante meses y años, pero la realidad es que es complicado encontrar donde están las nueces…). En efecto, cuando te pones a leer la letra pequeña (y esto es un defecto habitual por parte de los empresarios acostumbrados a firmar contratos complejos), te asustas y te das cuenta de que realmente hay muchas pegas que hacen que incluso sus medidas estrellas tipo el cambio de criterio de IVA tienen “trampa”.

Dicho esto, voy a intentar hacer un ejercicio neutral (aunque mi lado critico saldrá en muchas ocasiones) y por lo tanto intentar buscar lo bueno, lo malo, y lo que se han olvidado

Vamos a empezar con algunos puntos positivos, ya que hay que reconocer que han dado un primer paso (¡aunque sé que muchos hubiéramos casi preferido que nos dejasen en paz!):

Tarifa plana de la cuota autónomo de 50 euros para menores de 30 años (35 si tienes la suerte de ser mujer) durante algunos meses -concretamente 6-, buena noticia para este segmento aunque muy limitada en el tiempo, mala para los “maduros” ya que parecer ser que no tenemos ningún incentivo, y peor para los de “toda la vida” que se ven otra vez olvidados, y que seguirán pagando religiosamente los 250 euros mensuales.

Incentivos fiscales para nuevas sociedades con tipo impositivo del 15% durante los 2 primeros años en los cuales entran en beneficio (más de lo mismo, genial para ellos, pero nada para los llevan años luchando para no cerrar su empresa).

Fomentar el espíritu emprendedor en el ámbito educativo: esto es una muy buena noticia, y podrá tener efectos en las próximas décadas. Dicho esto, el error es pretender formar a profesores que nunca han montado una compañía para que las impartan (¡es como escuchar a un cura hablar de sexo!).

Segunda oportunidad o la aplicación del concepto de responsabilidad limitada: es sin lugar a dudas una de las grandes noticias, aunque aquí, otra vez han pecado en la letra pequeña (y como siempre, las deudas contratadas con la administración seguirán siendo “imperdonables”…).

Emprende en 3: gran mejora, al poder por fin realizar los trámites con las 3 administraciones de manera simultánea para constituir una compañía en 24-48h. Cualquier simplificación de la burocracia es siempre loable y bienvenida, aunque personalmente nunca lo he visto como un freno al emprendimiento.

Liquidar una empresa en 3 meses… otra buena noticia.

Ahora, algunos aspectos no tan positivos, donde nos damos cuenta de que efectivamente no tienen ni idea de lo que es montar una empresa, conceptos de business angels, etc.:

SL de Formación Sucesiva: dar la posibilidad a futuros emprendedores de crear una sociedad con 1 euro de capital es una utopía (y tela la letra pequeña, con las reservas, remuneración de los socios…). Si ya con 3.000 euros estoy escandalizado de ver cuántos emprendedores no aguantan ni 6 meses por no haber hecho ni un plan de negocio ni un cash-flow, es irrealista querer empujar tanta gente a emprender sin la formación ni los recursos adecuados. Debería haberse inspirado del estatus del “auto-entrepreneur” francés, que se lanzó hace años y que permitía justamente “probarse” durante un par de años, con muchísima simplificación administrativa. Únicamente los costes de mantener una SL durante su etapa inicial (constitución, administración fiscal y legal, gastos de estructura básicos (teléfono, internet, mini-oficina o puesto de co-working, luz, desplazamientos…), algo de marketing, etc.) superarán ya los 3.000 euros, con lo cual ¡que dejen de querer hacernos creer que cualquiera puede emprender sin dinero!

Incentivo para los business angels: Genial, parece ser que ahora si invirtiéramos en una empresa 20.000 euros al año vamos a poder ¡¡deducirnos un 20%!! El importe es tan ridículo que ni hace falta comentarlo. Y peor, esto no será posible para los vehículos de inversión (que utilizan el 99% de los business angels de verdad). Y además, hay letra pequeña (la ronda -incluyendo los fondos propios anteriores- tiene que ser inferior a 200k, debes guardar la participación al menos 3 años…). En fin, demuestran que no tienen ni idea de lo que es un business angel, y lo peor es que esta medida podría ser utilizada por inversores novatos (tipo padre de familia), que se la van a pegar…

El IVA con el criterio de caja: si te lees la letra pequeña encontrarás doble contabilidad, pago antes del 31 de diciembre sea cual sea la situación, descontar las facturas de proveedores tuyos que no has pagado, la amenaza de un control fiscal a los 6 meses porque nada les va a cuadrar (un cliente que me paga el 31 de marzo lo declarará como pagado, pero en mi banco aparece el 1 de abril con lo cual lo declararé como no cobrado, etc.), ¡mejor ni te plantees usar esto!

Creación de un mercado alternativo de deuda… ¿y eso que es? Si se lanza igual de bien que el MAB… ¡apaga y vámonos!

Lo que se han olvidado:

- Bajar la cotización de la seguridad social de autónomos: la tarifa actual, que supera los 250 euros, hace que muchos hagan trampa (acumulan trabajo, se dan de alta durante 1 mes para facturar, y vuelven a darse de baja). Soy partidario de encontrar un punto de equilibrio, que creo podría ser del orden de los 100 euros mensuales (seguiremos siendo casi 10 veces más caros que en el Reino Unido) pero obligando al autónomo a darse de alta por un mínimo de 6 meses (y así evitamos los numerosos tramposos que al final nos hacen competencia desleal).

- Stock-options: no puede ser que para incentivar un trabajador, lo que gana a través de opciones compute como si fuera IRPF. Hay que buscar un tipo atractivo (no superior al 20%) y con alguna carencia (los primeros 10-15.000 euros exentos, por ejemplo).

- Incentivar las contrataciones en microempresas: rebajar las cuotas de seguridad social a un simple 10-15% para los primeros 5 contratos (creo que con más de 27% de profesionales en paro, hacer algo para incentivarnos a contratarles sería bueno).

- Contratación de talento extranjero: no han hecho nada en este sentido (soy malo, un “emprendedor” extranjero si que podrá establecerse en España si compra un piso caro o contrata deuda española… ¿Curioso, no hay nada acerca de invertir para montar en una empresa?). Estamos en una economía global, y si queremos que nuestras pymes se internacionalicen, hay que favorecer la mezcla de cultura desde los inicios en las pymes. Y más gozando en España de tener 3 de las mejores escuelas de negocios a nivel mundial, donde pasan muchos talentos extranjero en cada promoción, y que desgraciadamente tienen que largarse después.

- Facilitar el crédito a las pymes: no sé si por eso hace falta crear un banco público, o simplemente obligar a las entidades financieras (sobre todos las rescatadas con nuestros impuestos) a facilitar los préstamos… No queremos ayudas ni subvenciones, pero si queremos trabajar en un entorno competitivo y para esto hace falta poder financiarse.

- Cumplir con la Ley de Morosidad: Ni IVA ni leche… A mí no me importa financiar unas semanas al estado español si se cumpliese de verdad la Ley de Morosidad. Qué más te da facturar a un cliente el 30 de marzo, adelantar el IVA el 20 de Abril y cobrar del cliente el 31 de Abril. Y si la suma del IVA a pagar es muy importante y te puede sugerir un desfase en tu tesorería, lo facturas al 1 de abril, y así tienes 3 meses para cobrar de tu cliente antes de pagar el IVA. Por qué complican todo cuando ya existe una buena ley de morosidad. Solo con cumplirla no tendrían que inventarse medidas absurdas (tener una doble contabilidad para aplicar criterio de caja, pagar pase lo que pase todo al 31 de diciembre del año, etc.).

En resumen, y como lo definió muy bien Jesús Encinar (Idealista) hace unos días, “este anteproyecto de Ley de Emprendedores que viene con tantas limitaciones y acotaciones, es un potpourri de medidas vistosas pero con poco calado”. Es más, hasta que no fluya el crédito, se bajen los impuestos, se facilite de verdad la contratación y logremos entre todos bajar la cifra de parados, no habrá consumo y por lo tanto mercado, con lo cual cualquier iniciativa de mejora es banal e inútil.

Dicho esto, y dado que la intención es buena (siempre hay que guardar esperanza y positivismo), espero que rectifiquen en las próximas semanas, que quiten tanta letra pequeña, y sobre todo que se preocupen del verdadero problema antes de su aprobación definitiva.

¿Y tu, qué opinas de todas las medidas anunciadas?

 

19 noviembre, 2012 | 11:09

Llegado a un cierto tamaño, una empresa tiene varias opciones para mantener su crecimiento: desarrollarse internacionalmente mediante la apertura de nuevos mercados, diversificar con nuevos productos, comprar competidores para ganar cuota de mercado, etc.

Siguiendo este razonamiento obvio, varias optan también para crear joint-venture con el fin de lanzar nuevos productos, creando nuevas sinergias de negocios, y desde hace unas décadas numerosas grandes compañías han desarrollado una actividad llamada CVC “Corporate Venture Capital” (ojo, es distinto del Corporate Venturing, que consiste en crear nuevos negocios dentro de una corporación establecida, en general que surgen de un departamento de I+D+i). El CVC se materializa generalmente lanzando un fondo (o destinando un % de sus beneficios anuales) que invertirá en start-ups externas a la matriz, que le puede ayudar a obtener nuevos ventajas competitivas. Existen muchas variantes en cuanto a la estrategia de inversión: algunos grupos lo hacen puramente con una estrategia financiera para rentabilizar al máximo sus excedentes de cash, otros por diversificación, para buscar sinergias obvias, para posicionarse en nuevos nichos de mercados, etc.

Los sectores más habituales donde han surgido la gran mayoría de los CVC son la salud y biotecnología (Air Liquide, Biogen Iden, GlaxoSmithKline, Roche, Siemens…), compañías de software e informática (Dell, Google, IBM, Microsoft…), telecomunicaciones (Deutsche Telekom, Korea Telecom, Orante, y más recientemente Telefónica), media (Bertelsmann, IDG, Naspers…), energía (General Electric, Saint Gobain, y en España Repsol por ejemplo), y algunos en el sector de transporte y logística, o en el mundo de la consultoría (Bain, Everis...). Dejo de lado el sector financiero, dado que la implicación de los bancos, aseguradoras, fondos de pensiones, etc. son la esencia misma de la creación del mundo de capital riesgo.

En los últimos meses, han aparecido algunas operaciones que pueden haber sorprendido al público general, pero que analizándolas tienen todo el sentido del mundo en cuanto a sinergias, como pueden ser la apuesta de Starbucks por el pago por móvil (inversión de $25M en la plataforma Square, que permitirá, entre otras cosas, a la start-up que su sistema de pago sea utilizada en más de 7.000 establecimientos de la cadena en EE.UU.), o la entrada de Coca-Cola con unos $10M en Spotify (todos conocemos su vinculación al mundo de la música).

François Derbaix, emprendedor (Toprural, Rentalia) y conocido business angel, quien se encontró recientemente con algunas start-ups que por culpa de tener un socio industrial en su accionariado probablemente no consiguen financiación adicional, publicó un tweet que decía: “No dejes que una empresa de tu sector (o de un sector afín) invierta en tu start-up: estarás casado y hará de espanta-compradores”. Cierto es que los pocos caracteres de twitter no te permiten profundizar en el razonamiento, y empezamos a debatir entre nosotros sobre el tema. De allí surgió la idea de prolongar el debate con 2 posts para reflejar ambos puntos de  vistas, aquí tienes el suyo: ¿Por qué no dejar entrar un socio del sector en tu capital?

Si bien comparto y entiendo sus preocupaciones, que giran en torno a la independencia del emprendedor, a poder desarrollar tu propia estrategia, y sobre todo a la generación de valor desde un punto de vista financiero del proyecto (que en la mayoría de los casos se traduce por la venta de la compañía), creo que existen unos cuantos matices que hacen que la entrada a un socio industrial en muchos casos puede ser una de las mejores opciones para una start-up, y aquí expongo algunas:

-          Si estás buscando inversión, el sector de capital riesgo en España es algo escaso (suelo decir que sobran inversores y faltan buenos proyectos, pero en este caso vamos a imaginar que tu proyecto no encaja en sus estrategias de inversión por X razones), mientras que existen centenares de compañías industriales (posibles partners, clientes, proveedores…) que podrían estar interesadas.

-          El horizonte de inversión: si te casas con un fondo de capital riesgo, él querrá vender su participación en un plazo de 4-5 años, y dispone mediante el pacto de socios de condiciones (derecho de arrastre) para obligarte a ceder también tu participación… Hay muchos emprendedores que preferían seguir creciendo con su compañía, manteniendo su control, o simplemente porque su compañía necesita un plazo de madurez más largo para realmente alcanzar todo su potencial.

-          No todos los emprendedores somos “excelentes” en todos los campos o tenemos la madurez suficiente para hacer crecer de manera exponencial nuestra compañía, y lo más lógico en una start-up es que el equipo fundador tenga unas ciertas carencias (falta de experiencia previa en la internacionalización de un proyecto, no estar al día de las últimas tecnologías o potenciales competidores que se están cociendo en la otra punta del mundo, etc.). Gozar de la experiencia, del know-how y respaldo de un socio industrial nos puede ayudar a paliar muchas de estas deficiencias, y sentirnos apoyados realmente en nuestro viaje empresarial.

-          “El abre-puertas”: un business angel o fondo de capital riesgo, por muy “smart” que esté, nunca podrá ayudarte tanto como un socio industrial (pocos por ejemplo te podrán facilitar información de un mercado en la otra punta del mundo, no tienen redes de proveedores/clientes que te puedan servir, les será más complicado conseguirte una reunión con tal director de una multinacional en el extranjero, etc.)

-          Las sinergias: el socio industrial puede estar interesado en tu tecnología, producto o servicio, y ser uno de los early-adopter, lo que te permitirá gozar de una buena referencia como cliente, y así ayudarte a conseguir otros. Tiene acuerdos comerciales, redes de distribución, condiciones negociadas con proveedores, y un largo etc. que te podrán ser muy útiles a la hora de lanzarte.

A nivel anecdótico, os contaré que cuando lanzamos nuestra compañía Creaventure hace algunos años, con el fin de montar el Salón MiEmpresa, decidimos hacer una pequeña ronda de financiación (muy modesta dado que el proyecto no necesitaba mucho cash, y más bien con el fin de sentirnos respaldados por profesionales del sector), y a la hora de optar a proponerlo a business angels “financieros” o a un perfil de inversor privado más ligado al de “socios industriales” (dado el tamaño, no tenía ningún sentido ir a un fondo de capital riesgo), optamos para ir a algunos dueños de compañías que conocíamos, que nos iban a aportar además de las pocas decenas de miles de euros que queríamos, lo que más nos faltaba (entradas en grandes cuentas -dando entrada por ejemplo al fundador de una de las grandes agencias de publicidad de este país-, know-how en logística, tecnología y montaje de grandes eventos -el dueño de una de las mayores empresas de material audiovisual y decorados de este país, que se convirtió como era lógico de esperar, en proveedor de muchos productos necesarios para el Salón, y además con condiciones de pago muy preferentes, cosa indispensable a la hora de lanzar un proyecto, y algunos otros socios estratégicos-).

En resumen, aunque si pueden existir inconvenientes a la hora de ceder un % de su start-up a un socio industrial (pérdida de “independencia”, dificultad para la salida… pero que como todo en la vida, se pueden solucionar negociando con el mayor rigor posible desde su entrada las reglas del juego), existen unas cuantas ventajas por lo que te puede aportar (conocimientos, negocio -comercialización, subcontratación, red de distribución-, infraestructuras, apoyo internacional…).

¿Y tú, qué opinas? ¿Te plantarías dar entrada a un socio industrial? ¿Lo ves como una alternativa positiva y distinta a las más clásicas (business angel, fondo) a la hora de levantar tu ronda de inversión?

 

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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