Sobre el autor

Sébastien (@sebchartier) Emprendedor y experto en corporate finance. Ha trabajado en varias Start-Ups, firmas de capital riesgo y consultoras (IPEN, BusinessAngels.com, Campbell Lutyens, Minerva Capital…). En los últimos 10 años, ha fundado media-docena de compañías, entre ellas CreaCapital, Capital & Corporate, Creaventure, y lanzado varios eventos como CapCorp o Salón MiEmpresa (www.salonmiempresa.com)

Sobre el autor

Candice (@candicelaporte) Especialista en comunicación, marketing & eventos. Ha desarrollado su trayectoria profesional en compañías como EuroRSCG y Publicis y su faceta de emprendedora en firmas como Capital & Corporate y Creaventure. Ha participado en el lanzamiento de numerosos eventos y conferencias en los últimos años (CapCorp, Salón Miempresa, FortyUnder40, Venta Privada sector Lujo…).

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El cortoplacismo del inversor queda opuesto al espíritu soñador del emprendedor. Esto último lo pudimos comprobar la semana pasada, en un desayuno organizado por Creaventure y MasterCard España, donde se pudo realizar un following de los proyectos presentados en la pasada edición del concurso Elevator Pitch del Salón MiEmpresa.

Finalizado este encuentro, surgen conclusiones que ayudan a entender por qué es complicado que emprendedores e inversores completen el puzle perfectamente. Por un lado, encontramos una mentalidad soñadora, con ilusión de sacar adelante su proyecto y, por otro,  unas ganas inmensas, no sólo de invertir sino de encontrar proyectos que realmente merezcan la pena. Ambos grupos pusieron en común los errores que, bajo su punto de vista, cometen los otros a la hora de cerrar un acuerdo entre inversores y emprendedores.

Errores del emprendedor desde el punto de vista inversor

Desde el punto de vista del inversor, al emprendedor le falta atar demasiados cabos sueltos en sus proyectos, antes de que pueda levantar su interés para invertir en el proyecto. Los inversores buscan, sobretodo, un proyecto validado, y quién mejor que el mercado para hacerlo. Alcanzar un número de usuarios y ventas, el concepto de monetización del proyecto desde un primer momento y un análisis en profundidad de su capacidad de escalabilidad, son algunos de los pasos que el inversor recomienda al emprendedor antes de iniciar las diferentes rondas de inversión.

El valor de una idea no es tan alto como creen los emprendedores, para un inversor el valor más buscado es la capacidad de ejecución y el talento global del equipo. Aquí reside una de las necesidades que los inversores echan en falta, que todos los integrantes compartan un modo de trabajar, una implicación total y una diversificación que permitan crear un buen equipo.

Los inversores presentes destacaban la existencia de un  gran número de emprendedores más preocupados por su marca personal, que en el fomento de una visión puramente empresarial, que les permita conocer realmente si su proyecto tendrá recorrido y su empresa será realmente rentable.

Errores del inversor desde el punto de vista emprendedor

Por su parte, los emprendedores no dejaron atrás la oportunidad de expresar sus necesidades ante los inversores a la hora de presentarles un proyecto.

Entre las conclusiones expresadas por emprendedores españoles, encontramos una visión cortoplacista sobre los inversores, dado que según expresan buscan una rentabilidad casi inmediata o incluso un exit del proyecto, sin proponerse mantener una financiación a la vez que las compañías crecen en volumen.

Asimismo, echan en falta una generación de “inversores emprendedores” que rescaten su antigua esencia y apuesten por la creación de créditos flexibles y financiación de proyectos, donde prime el crecimiento global frente al beneficio inmediato que comentábamos anteriormente. No menos importante consideran la falta de rondas de inversión más “valientes”, que permitan lanzar sus compañías de forma segura, sin tener que seguir buscando permanentemente financiación.

Los emprendedores destacan como negativo la posición defensiva de algunos inversores frente al camino elegido por los fundadores y en base al contrato firmado tras su aporte de capital, puesto que legalmente puede desvirtuar el proyecto o incluso adueñarse de él.  De la misma forma, expresaron que algunos inversores se preocupan más por disolver la unión con el proyecto para recuperar su inversión que por la aportación de valor a la compañía cuando ésta atraviesa momentos difíciles.

De los errores se aprende

Esta puesta en conocimiento de los fallos de ambos bandos, pretende fomentar la creación de empresas más viables, con capacidad de supervivencia y crecimiento, que permita a su vez generar beneficios a los inversores que un día pusieron su granito de arena para levantar los proyectos.

Como hemos comentado muchas otras veces, de los errores se aprende y esperamos que éstos puedan hacer que algún día congenie la relación entre inversores que aporten algo más que dinero a proyectos emprendedores con visión empresarial y ventas probadas.

 

19 noviembre, 2012 | 11:09

Llegado a un cierto tamaño, una empresa tiene varias opciones para mantener su crecimiento: desarrollarse internacionalmente mediante la apertura de nuevos mercados, diversificar con nuevos productos, comprar competidores para ganar cuota de mercado, etc.

Siguiendo este razonamiento obvio, varias optan también para crear joint-venture con el fin de lanzar nuevos productos, creando nuevas sinergias de negocios, y desde hace unas décadas numerosas grandes compañías han desarrollado una actividad llamada CVC “Corporate Venture Capital” (ojo, es distinto del Corporate Venturing, que consiste en crear nuevos negocios dentro de una corporación establecida, en general que surgen de un departamento de I+D+i). El CVC se materializa generalmente lanzando un fondo (o destinando un % de sus beneficios anuales) que invertirá en start-ups externas a la matriz, que le puede ayudar a obtener nuevos ventajas competitivas. Existen muchas variantes en cuanto a la estrategia de inversión: algunos grupos lo hacen puramente con una estrategia financiera para rentabilizar al máximo sus excedentes de cash, otros por diversificación, para buscar sinergias obvias, para posicionarse en nuevos nichos de mercados, etc.

Los sectores más habituales donde han surgido la gran mayoría de los CVC son la salud y biotecnología (Air Liquide, Biogen Iden, GlaxoSmithKline, Roche, Siemens…), compañías de software e informática (Dell, Google, IBM, Microsoft…), telecomunicaciones (Deutsche Telekom, Korea Telecom, Orante, y más recientemente Telefónica), media (Bertelsmann, IDG, Naspers…), energía (General Electric, Saint Gobain, y en España Repsol por ejemplo), y algunos en el sector de transporte y logística, o en el mundo de la consultoría (Bain, Everis...). Dejo de lado el sector financiero, dado que la implicación de los bancos, aseguradoras, fondos de pensiones, etc. son la esencia misma de la creación del mundo de capital riesgo.

En los últimos meses, han aparecido algunas operaciones que pueden haber sorprendido al público general, pero que analizándolas tienen todo el sentido del mundo en cuanto a sinergias, como pueden ser la apuesta de Starbucks por el pago por móvil (inversión de $25M en la plataforma Square, que permitirá, entre otras cosas, a la start-up que su sistema de pago sea utilizada en más de 7.000 establecimientos de la cadena en EE.UU.), o la entrada de Coca-Cola con unos $10M en Spotify (todos conocemos su vinculación al mundo de la música).

François Derbaix, emprendedor (Toprural, Rentalia) y conocido business angel, quien se encontró recientemente con algunas start-ups que por culpa de tener un socio industrial en su accionariado probablemente no consiguen financiación adicional, publicó un tweet que decía: “No dejes que una empresa de tu sector (o de un sector afín) invierta en tu start-up: estarás casado y hará de espanta-compradores”. Cierto es que los pocos caracteres de twitter no te permiten profundizar en el razonamiento, y empezamos a debatir entre nosotros sobre el tema. De allí surgió la idea de prolongar el debate con 2 posts para reflejar ambos puntos de  vistas, aquí tienes el suyo: ¿Por qué no dejar entrar un socio del sector en tu capital?

Si bien comparto y entiendo sus preocupaciones, que giran en torno a la independencia del emprendedor, a poder desarrollar tu propia estrategia, y sobre todo a la generación de valor desde un punto de vista financiero del proyecto (que en la mayoría de los casos se traduce por la venta de la compañía), creo que existen unos cuantos matices que hacen que la entrada a un socio industrial en muchos casos puede ser una de las mejores opciones para una start-up, y aquí expongo algunas:

-          Si estás buscando inversión, el sector de capital riesgo en España es algo escaso (suelo decir que sobran inversores y faltan buenos proyectos, pero en este caso vamos a imaginar que tu proyecto no encaja en sus estrategias de inversión por X razones), mientras que existen centenares de compañías industriales (posibles partners, clientes, proveedores…) que podrían estar interesadas.

-          El horizonte de inversión: si te casas con un fondo de capital riesgo, él querrá vender su participación en un plazo de 4-5 años, y dispone mediante el pacto de socios de condiciones (derecho de arrastre) para obligarte a ceder también tu participación… Hay muchos emprendedores que preferían seguir creciendo con su compañía, manteniendo su control, o simplemente porque su compañía necesita un plazo de madurez más largo para realmente alcanzar todo su potencial.

-          No todos los emprendedores somos “excelentes” en todos los campos o tenemos la madurez suficiente para hacer crecer de manera exponencial nuestra compañía, y lo más lógico en una start-up es que el equipo fundador tenga unas ciertas carencias (falta de experiencia previa en la internacionalización de un proyecto, no estar al día de las últimas tecnologías o potenciales competidores que se están cociendo en la otra punta del mundo, etc.). Gozar de la experiencia, del know-how y respaldo de un socio industrial nos puede ayudar a paliar muchas de estas deficiencias, y sentirnos apoyados realmente en nuestro viaje empresarial.

-          “El abre-puertas”: un business angel o fondo de capital riesgo, por muy “smart” que esté, nunca podrá ayudarte tanto como un socio industrial (pocos por ejemplo te podrán facilitar información de un mercado en la otra punta del mundo, no tienen redes de proveedores/clientes que te puedan servir, les será más complicado conseguirte una reunión con tal director de una multinacional en el extranjero, etc.)

-          Las sinergias: el socio industrial puede estar interesado en tu tecnología, producto o servicio, y ser uno de los early-adopter, lo que te permitirá gozar de una buena referencia como cliente, y así ayudarte a conseguir otros. Tiene acuerdos comerciales, redes de distribución, condiciones negociadas con proveedores, y un largo etc. que te podrán ser muy útiles a la hora de lanzarte.

A nivel anecdótico, os contaré que cuando lanzamos nuestra compañía Creaventure hace algunos años, con el fin de montar el Salón MiEmpresa, decidimos hacer una pequeña ronda de financiación (muy modesta dado que el proyecto no necesitaba mucho cash, y más bien con el fin de sentirnos respaldados por profesionales del sector), y a la hora de optar a proponerlo a business angels “financieros” o a un perfil de inversor privado más ligado al de “socios industriales” (dado el tamaño, no tenía ningún sentido ir a un fondo de capital riesgo), optamos para ir a algunos dueños de compañías que conocíamos, que nos iban a aportar además de las pocas decenas de miles de euros que queríamos, lo que más nos faltaba (entradas en grandes cuentas -dando entrada por ejemplo al fundador de una de las grandes agencias de publicidad de este país-, know-how en logística, tecnología y montaje de grandes eventos -el dueño de una de las mayores empresas de material audiovisual y decorados de este país, que se convirtió como era lógico de esperar, en proveedor de muchos productos necesarios para el Salón, y además con condiciones de pago muy preferentes, cosa indispensable a la hora de lanzar un proyecto, y algunos otros socios estratégicos-).

En resumen, aunque si pueden existir inconvenientes a la hora de ceder un % de su start-up a un socio industrial (pérdida de “independencia”, dificultad para la salida… pero que como todo en la vida, se pueden solucionar negociando con el mayor rigor posible desde su entrada las reglas del juego), existen unas cuantas ventajas por lo que te puede aportar (conocimientos, negocio -comercialización, subcontratación, red de distribución-, infraestructuras, apoyo internacional…).

¿Y tú, qué opinas? ¿Te plantarías dar entrada a un socio industrial? ¿Lo ves como una alternativa positiva y distinta a las más clásicas (business angel, fondo) a la hora de levantar tu ronda de inversión?

 

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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