Llegado a un cierto tamaño, una
empresa tiene varias opciones para mantener su crecimiento: desarrollarse
internacionalmente mediante la apertura de nuevos mercados, diversificar con nuevos
productos, comprar competidores para ganar cuota de mercado, etc.
Siguiendo este razonamiento
obvio, varias optan también para crear joint-venture con el fin de lanzar
nuevos productos, creando nuevas sinergias de negocios, y desde hace unas décadas numerosas
grandes compañías han desarrollado una actividad llamada CVC “Corporate Venture Capital” (ojo, es
distinto del Corporate Venturing, que consiste en crear nuevos negocios dentro
de una corporación establecida, en general que surgen de un departamento de
I+D+i). El CVC se materializa
generalmente lanzando un fondo (o destinando un % de sus beneficios
anuales) que invertirá en start-ups
externas a la matriz, que le puede ayudar a obtener nuevos ventajas
competitivas. Existen muchas variantes en cuanto a la estrategia de
inversión: algunos grupos lo hacen puramente con una estrategia financiera para
rentabilizar al máximo sus excedentes de cash, otros por diversificación, para
buscar sinergias obvias, para posicionarse en nuevos nichos de mercados, etc.
Los sectores más habituales donde
han surgido la gran mayoría de los CVC son la salud y biotecnología (Air Liquide, Biogen Iden, GlaxoSmithKline,
Roche, Siemens…), compañías de software
e informática (Dell, Google, IBM, Microsoft…), telecomunicaciones (Deutsche Telekom, Korea Telecom, Orante, y más
recientemente Telefónica), media (Bertelsmann,
IDG, Naspers…), energía (General
Electric, Saint Gobain, y en España Repsol por ejemplo), y algunos en el sector
de transporte y logística, o en el
mundo de la consultoría (Bain,
Everis...). Dejo de lado el sector financiero, dado que la implicación de los
bancos, aseguradoras, fondos de pensiones, etc. son la esencia misma de la
creación del mundo de capital riesgo.
En los últimos meses, han
aparecido algunas operaciones que pueden haber sorprendido al público general,
pero que analizándolas tienen todo el sentido del mundo en cuanto a sinergias,
como pueden ser la apuesta de Starbucks
por el pago por móvil (inversión de $25M en la plataforma Square, que permitirá, entre otras
cosas, a la start-up que su sistema de pago sea utilizada en más de 7.000
establecimientos de la cadena en EE.UU.), o la entrada de Coca-Cola con unos $10M en Spotify (todos conocemos
su vinculación al mundo de la música).
François Derbaix, emprendedor (Toprural, Rentalia) y conocido
business angel, quien se encontró recientemente con algunas start-ups que por
culpa de tener un socio industrial en su accionariado probablemente no
consiguen financiación adicional, publicó un tweet que decía: “No dejes que una empresa de tu sector (o de
un sector afín) invierta en tu start-up: estarás casado y hará de
espanta-compradores”. Cierto es que los pocos caracteres de twitter no te
permiten profundizar en el razonamiento, y empezamos a debatir entre nosotros sobre
el tema. De allí surgió la idea de prolongar el debate con 2 posts para reflejar ambos puntos de vistas, aquí tienes el suyo: ¿Por qué no dejar entrar un socio del sector en tu capital?
Si bien comparto y entiendo sus
preocupaciones, que giran en torno a la independencia
del emprendedor, a poder desarrollar tu propia estrategia, y sobre todo a la generación
de valor desde un punto de vista financiero del proyecto (que en la mayoría
de los casos se traduce por la venta de la compañía), creo que existen unos
cuantos matices que hacen que la entrada a un socio industrial en muchos casos
puede ser una de las mejores opciones para una start-up, y aquí expongo
algunas:
-
Si estás buscando inversión, el sector de capital riesgo en España es
algo escaso (suelo decir que sobran inversores y faltan buenos proyectos,
pero en este caso vamos a imaginar que tu proyecto no encaja en sus estrategias
de inversión por X razones), mientras que existen centenares de compañías
industriales (posibles partners, clientes, proveedores…) que podrían estar
interesadas.
-
El horizonte
de inversión: si te casas con un fondo de capital riesgo, él querrá vender
su participación en un plazo de 4-5 años, y dispone mediante el pacto de socios de
condiciones (derecho de arrastre) para obligarte a ceder también tu
participación… Hay muchos emprendedores que preferían seguir creciendo con su compañía,
manteniendo su control, o simplemente porque su compañía necesita un plazo de
madurez más largo para realmente alcanzar todo su potencial.
-
No todos los emprendedores somos “excelentes” en
todos los campos o tenemos la madurez suficiente para hacer crecer de manera
exponencial nuestra compañía, y lo más lógico en una start-up es que el equipo fundador tenga unas ciertas
carencias (falta de experiencia previa en la internacionalización de un
proyecto, no estar al día de las últimas tecnologías o potenciales competidores
que se están cociendo en la otra punta del mundo, etc.). Gozar de la
experiencia, del know-how y respaldo de un socio industrial nos puede ayudar a
paliar muchas de estas deficiencias, y sentirnos apoyados realmente en nuestro
viaje empresarial.
-
“El
abre-puertas”: un business angel o fondo de capital riesgo, por muy “smart”
que esté, nunca podrá ayudarte tanto como un socio industrial (pocos por
ejemplo te podrán facilitar información de un mercado en la otra punta del
mundo, no tienen redes de proveedores/clientes que te puedan servir, les será
más complicado conseguirte una reunión con tal director de una multinacional en
el extranjero, etc.)
-
Las
sinergias: el socio industrial puede estar interesado en tu tecnología,
producto o servicio, y ser uno de los early-adopter, lo que te permitirá gozar
de una buena referencia como cliente, y así ayudarte a conseguir otros. Tiene
acuerdos comerciales, redes de distribución, condiciones negociadas con
proveedores, y un largo etc. que te podrán ser muy útiles a la hora de
lanzarte.
A nivel anecdótico, os contaré
que cuando lanzamos nuestra compañía Creaventure hace algunos años, con el fin
de montar el Salón MiEmpresa, decidimos hacer una pequeña ronda de financiación
(muy modesta dado que el proyecto no necesitaba mucho cash, y más bien con el
fin de sentirnos respaldados por profesionales del sector), y a la hora de
optar a proponerlo a business angels “financieros” o a un perfil de inversor
privado más ligado al de “socios industriales” (dado el tamaño, no tenía ningún
sentido ir a un fondo de capital riesgo), optamos para ir a algunos dueños de
compañías que conocíamos, que nos iban a aportar además de las pocas decenas de
miles de euros que queríamos, lo que más nos faltaba (entradas en grandes
cuentas -dando entrada por ejemplo al fundador de una de las grandes agencias
de publicidad de este país-, know-how en logística, tecnología y montaje de
grandes eventos -el dueño de una de las mayores empresas de material
audiovisual y decorados de este país, que se convirtió como era lógico de
esperar, en proveedor de muchos productos necesarios para el Salón, y además
con condiciones de pago muy preferentes, cosa indispensable a la hora de lanzar
un proyecto, y algunos otros socios estratégicos-).
En resumen, aunque si pueden existir inconvenientes a la hora de
ceder un % de su start-up a un socio industrial (pérdida de “independencia”,
dificultad para la salida… pero que como todo en la vida, se pueden solucionar
negociando con el mayor rigor posible desde su entrada las reglas del juego),
existen unas cuantas ventajas por lo que te puede aportar (conocimientos,
negocio -comercialización, subcontratación, red de distribución-,
infraestructuras, apoyo internacional…).
¿Y tú, qué opinas? ¿Te plantarías dar entrada a un socio industrial?
¿Lo ves como una alternativa positiva y distinta a las más clásicas (business
angel, fondo) a la hora de levantar tu ronda de inversión?
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