La palabra “fracaso”, a pesar de
haberse puesto de moda desde hace algunos años -hasta tal punto que algunos
gurus casi recomiendan a los emprendedores fracasar dado que para ello es el
único camino hacia el éxito -será probablemente verdad, es una fase por la cual
muchos pasamos, pero de allí a glorificar el fracaso, hay una frontera! ;-))-
sigue siendo una de las etapas más duras para cualquiera.
En efecto, renunciar a su meta, a
sus pretensiones, a lo que nos motiva para levantarnos cada día, a un sueño que
aspirábamos a cumplir, etc., es de lo más difícil. Es más, creo que
probablemente sea la decisión más crítica que tiene que tomar un emprendedor.
Personalmente, yo la tuve que
tomar hacer algunos años respecto a un negocio de restauración que había
montado, y os puedo asegurar que al final, saber cómo y cuándo reconocer que tu
proyecto empresarial no ha tenido el éxito esperado, y por lo tanto asumir tus
errores y cerrar el grifo (asumiendo enormes pérdidas financieras, desgastes de
tiempo, desilusión, etc.) antes de que sea demasiado tarde a nivel personal, es
muy difícil. Y si lo es, es porque existen una serie de riesgos más allá que el
simple cierre de la empresa. Obviamente, a nivel financiero, te arriesga a
arruinarte personalmente (e incluso a acciones de responsabilidad si no lo
haces cuando te marca la ley y sigues endeudándote hasta las máximas). Pero en
el plan personal, te puedes arriesgar a una situación dramática poniendo en riesgo
tu propia familia (desahucio, divorcio, depresión, y un largo etc.). Y creo
poder afirmar que ningún negocio merece arriesgarse tanto (hay que encontrar el
famoso equilibrio entre el trabajo y la familia/amigos que tanto nos cuesta a
los emprendedores).
No me gusta mucho dar consejos,
pero creo que algunas recomendaciones que he visto con amigos que tuvieron que
liquidar su compañía o sacado de mi experiencia siempre pueden ser útiles a la
hora de lanzarte y crecer (asumiendo siempre que podrás algún día tener que
cerrar, dado que no hay que olvidar que el 75% de los negocios mueren antes de
cumplir 3 años de vida):
-
Endéudate lo menos posible, y si tienes que
poner avales, hazlo únicamente con cosas que estás dispuesto a perder (un coche
o algunos muebles, pero no tu vivienda personal)
-
No juegues con la administración (retrasarte un
trimestre en el pago de la SS.SS. o en el IRPF por un tema de liquidez es
aceptable de vez en cuando, pero acostumbrarte a esto y pensar que puedes
acumular las deudas es un grave error que tendrás que pagar al final)
-
Contrata a los mejores asesores (fiscales,
contables, abogados) para asegurarte de tener todo siempre en orden
-
Ponte objetivos cifrados, intenta cumplirlos, y
analiza las desviaciones para poder reaccionar a tiempo
-
Ten siempre claro cuál es tu coste de
liquidación e intenta guardar siempre un colchón para indemnizaciones de
personal (es mejor reducir a tiempo e intentar darle un giro a la compañía que
aguantar con todos hasta el final y llevarte unos cuantos juicios de recuerdo!)
y renegociación (es más fácil obtener una quita de una deuda de un proveedor si
tienes algo cash que pagarle)
-
No te engañes a ti mismo: aspira a tener una
situación real en tu compañía (o sea, que si tu no estuvieras al frente, cuánto
costaría meter a otro profesional para sustituirte, ten oficinas (no trabajes
desde casa), no pagues de tu bolsillo gastos de la compañía, etc. y así verás
realmente si el negocio que construyes es rentable o no).
-
No te enamores emocionalmente de tu compañía (ya
sé que es difícil de explicar, dado que también soy el primero en contar que el
emprendedor tiene que transmitir sus emociones y vender como un dios, pero en
este caso es muy importante pensar que una empresa es solo una herramienta de
trabajo, y que si no funciona se puede cerrar y pasar a otra cosa).
-
En estos momentos complicados, sobrevivir es una
lucha diaria, y aunque por supuesto tienes que intentar llevar las batallas
hasta el final, es de sabios reconocer cuando el enemigo te supera y por lo
tanto es mejor reconocer una derrota a tiempo, aceptar las condiciones de la
amnistía, que morir por un ideal inútil (esto seguro que algo similar a esta
frase habré leído en el Arte de la Guerra de Sun Tzu).
Por otra parte, antes de cerrar
por todo la empresa, asegúrate que no hayas explorado todas las alternativas
posibles:
-
El turnaround (o cómo podríamos decir en
español, el arte de darle la vuelta a la tortilla). Antes de quedarte sin $,
intenta buscar expertos externos en este tipo de situación que podrían ayudarte
a estudiar si no existe una vía para re-lanzarte
-
La refinanciación: ¿Estás seguro de haber
explorado con tu banco todas las vías posibles de refinanciar tu empresa? ¿E
incluso con tus proveedores? Muchas veces es mejor para ellos quitarte parte de
la deuda que perderlo todo en una quiebra… Te sorprendería de saber cómo los
profesionales de capital riesgo negocian de vez en cuando quitas de hasta el
50-60% de la deuda bancaria solo por el hecho de no quebrar la compañía (claro, tiene que haber un plan de viabilidad detrás!!)
-
Una alianza (o joint-venture): muchos están en
tu caso, pasándolo mal también y de vez en cuando una alianza puede ser la
solución a vuestros problemas (recorte de gastos, sinergias, etc.).
-
La venta: Por mucho que tu empresa este en mal
estado, es muy probable que para alguien tenga interés e incluso valor (por
recuperar tu cartera de clientes, por la marca que habías creado, por el equipo
que tenías, o incluso por tu crédito fiscal!).
Para ello, déjate tiempo, no
esperes el último minuto para empezar negociaciones que durarán en la mayoría
de los casos meses (tu tendrás prisa, pero la otra contrapartida no tiene por
qué tenerla, y el tiempo correrá en su favor).
Y si no queda más remedio, plantéate
echar el cierre de manera organizada antes de que sea demasiado tarde. No pasa
nada por “fracasar”, siempre y cuando lo hagas bien. No te lleves decenas de
deudas contigo, decenas de empleados, proveedores y clientes insatisfechos por
no haber cumplido tu palabra, etc. El mundo es muy pequeño, y es probable que
te los vuelvas a encontrar. Nadie te guardará rencor por no haber podido sacar
adelante tu empresa, pero si por haberles defraudado.
Tristemente, he visto decenas de amigos perder sus compañías
en los últimos 2-3 años, y nos puede pasar a cualquiera en el futuro, pero
también he notado la gran diferencia entre los que lo hicieron a tiempo y que
han tardado poco en recuperarse y relanzarse (con otro proyecto, o trabajando
por cuenta ajena), y los que casi se han arruinado del todo, y todavía sufren
del desgaste de la operación, y estarán afectados tanto emocional como
financieramente durante mucho tiempo.
Y recuerda, Angry Birds tuvo casi 50 fracasos antes de lanzar su mejor aplicación, piénsalo y no te
desanimes nunca, el éxito puede ser el siguiente proyecto, o el siguiente...
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