Sobre el autor

Sébastien (@sebchartier) Emprendedor y experto en corporate finance. Ha trabajado en varias Start-Ups, firmas de capital riesgo y consultoras (IPEN, BusinessAngels.com, Campbell Lutyens, Minerva Capital…). En los últimos 10 años, ha fundado media-docena de compañías, entre ellas CreaCapital, Capital & Corporate, Creaventure, y lanzado varios eventos como CapCorp o Salón MiEmpresa (www.salonmiempresa.com)

Sobre el autor

Candice (@candicelaporte) Especialista en comunicación, marketing & eventos. Ha desarrollado su trayectoria profesional en compañías como EuroRSCG y Publicis y su faceta de emprendedora en firmas como Capital & Corporate y Creaventure. Ha participado en el lanzamiento de numerosos eventos y conferencias en los últimos años (CapCorp, Salón Miempresa, FortyUnder40, Venta Privada sector Lujo…).

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« octubre 2012 | Inicio | diciembre 2012 »

El papel de la tecnología, la innovación y la digitalización irrumpen cada día más en todos los ámbitos de nuestras vidas.

La investigación ha demostrado que los emprendedores y las empresas tecnológicas o start-ups, que son un conjunto importante de ellas, son una fuente importante de empleo, de crecimiento de la productividad y de la innovación. Este crecimiento, no afecta sólo a desarrolladores y empresas tecnológicas muy técnicas, sino que se extiende a todos los sectores, ámbitos de la economía y regiones del país. De aquí nace, en parte, la importancia de seguir apoyando a las start-ups. 

En este sentido, podemos seguir siendo meros espectadores de las medidas que propone el gobierno (realmente, ¿nos vale la “Ley de Emprendedores”?), o tomar la iniciativa y seguir el ejemplo de países vecinos como Reino Unido, siendo partícipes en la proposición de mejoras para el futuro de nuestra economía.

 

Manifiesto de las Start-ups

 

Hace poco más de un mes, más de 200 líderes de start-ups e inversores de Reino Unido unían sus ganas de avanzar en pro de la innovación y del avance del ecosistema empresarial en su país.

De esta forma, nace el Manifiesto de las Start-ups, elaborado por Coadec, fruto de una necesidad que se ha plasmado en el papel y en el mundo digital y que transmite directamente a su gobierno, una serie de medidas consensuadas para ayudar a quienes ocupen el gobierno al término de las elecciones que tendrán lugar en menos de 8 meses.

Antes de pensar en lo que debería cambiar, dicen desde este manifiesto, hay que resaltar que Reino Unido tiene un gran potencial de start-ups, pero pese a esto, a los múltiples avances tecnológicos y la considerable reducción del coste de lanzamiento de un producto digital, existen muchas medidas políticas en las que avanzar y que el gobierno no debería pasar por alto para el buen funcionamiento de la floreciente economía digital que alberga el país y que ha dado lugar al desplome de la barrera de acceso, creándose una oleada de microempresas. 

En España, si bien escuchamos múltiples discursos a favor de los emprendedores, llevados a la práctica nos encontramos con que, en general, las start-ups tienen muy pocos incentivos. Veo iniciativas como ésta de países vecinos y me pregunto si sería conveniente seguir su ejemplo, ayudar desde dentro al gobierno, centrar conocimiento y llevarlo hasta ellos para que las medidas que se estudien llevar a cabo sean realmente necesarias y válidas desde el punto de vista práctico. Puede parecer irónico o utopista, pero muchos fuimos consultados a la hora de definir la Ley de Emprendedores, y la verdad es que el resultado quedó muy lejos de lo que aspirábamos. A lo mejor es hora de tomar la iniciativa…

 

Medidas de mejora para las start-ups

 

Son 24 las medidas que las start-ups participantes han contemplado en el manifiesto de nuestro vecino británico. Englobadas en 5 grandes bloques podemos encontrar: 

- Mejorar el acceso a la financiación:

Los empresarios necesitan financiación con el fin de fundar y hacer crecer nuevas empresas. Mientras los costes de lanzamiento de una start-up han caído significativamente, el acceso a la financiación sigue siendo un problema importante para los arranques. Los fundadores encuestados por Coadec lo clasificaron como uno de los mayores problemas que enfrentan.

- Mejorar el acceso al talento:

Desde 2010 el número de estudiantes no comunitarios que entran en Universidades del Reino Unido para estudiar estudios de computación ha caído en un 38%. Por ello piden medidas de apoyo tanto para la atracción de talento extranjero al Reino Unido, como para incentivar a las nuevas empresas digitales a capacitar a alumnos y profesorado, así como otros incentivos que animen al talento a permanecer en el Reino Unido (el famoso Visa para Emprendedor).

- Construir una infraestructura digital de acceso universal e incrementar la oferta de espacios asequibles para oficinas:

Corresponde al gobierno asegurar que la infraestructura nacional se mantenga al día con la demanda. Para ello, se solicita la inclusión de unas normas reguladoras, que aseguren suficiente competencia, y el uso de fondos públicos para ofrecer infraestructura donde el mercado no lo haga.

- Actualización de las leyes y regulaciones al Siglo XXI:

El gobierno debe adecuar las leyes de apoyo a la innovación disruptiva, dejando claro que el papel del Estado es fomentar la innovación y la competencia, con la mínima burocracia necesaria. 

- Uso de un gobierno digital para desbloquear la innovación:

Solicitan al próximo gobierno que siga persiguiendo la digitalización de transacciones gubernamentales. Esto creará muchas nuevas oportunidades para innovación mediante nuevas empresas tecnológicas.

 

Resumen de medidas que, aunque no son nada especialmente innovadoras, de la misma manera podrían solicitarse en España. Un país con gran potencial de emprendedores y un ecosistema de start-ups tecnológicas que no tienen un fácil acceso a la financiación, donde encontramos grandes talentos que se nos escapan por la dificultad de sacar adelante un proyecto sin medidas políticas que les beneficien y donde la innovación se queda, como está demostrado, en un segundo plano.

 

¿Ha llegado la hora de quejarse menos…y tomar la iniciativa?

19 noviembre, 2012 | 11:09

Llegado a un cierto tamaño, una empresa tiene varias opciones para mantener su crecimiento: desarrollarse internacionalmente mediante la apertura de nuevos mercados, diversificar con nuevos productos, comprar competidores para ganar cuota de mercado, etc.

Siguiendo este razonamiento obvio, varias optan también para crear joint-venture con el fin de lanzar nuevos productos, creando nuevas sinergias de negocios, y desde hace unas décadas numerosas grandes compañías han desarrollado una actividad llamada CVC “Corporate Venture Capital” (ojo, es distinto del Corporate Venturing, que consiste en crear nuevos negocios dentro de una corporación establecida, en general que surgen de un departamento de I+D+i). El CVC se materializa generalmente lanzando un fondo (o destinando un % de sus beneficios anuales) que invertirá en start-ups externas a la matriz, que le puede ayudar a obtener nuevos ventajas competitivas. Existen muchas variantes en cuanto a la estrategia de inversión: algunos grupos lo hacen puramente con una estrategia financiera para rentabilizar al máximo sus excedentes de cash, otros por diversificación, para buscar sinergias obvias, para posicionarse en nuevos nichos de mercados, etc.

Los sectores más habituales donde han surgido la gran mayoría de los CVC son la salud y biotecnología (Air Liquide, Biogen Iden, GlaxoSmithKline, Roche, Siemens…), compañías de software e informática (Dell, Google, IBM, Microsoft…), telecomunicaciones (Deutsche Telekom, Korea Telecom, Orante, y más recientemente Telefónica), media (Bertelsmann, IDG, Naspers…), energía (General Electric, Saint Gobain, y en España Repsol por ejemplo), y algunos en el sector de transporte y logística, o en el mundo de la consultoría (Bain, Everis...). Dejo de lado el sector financiero, dado que la implicación de los bancos, aseguradoras, fondos de pensiones, etc. son la esencia misma de la creación del mundo de capital riesgo.

En los últimos meses, han aparecido algunas operaciones que pueden haber sorprendido al público general, pero que analizándolas tienen todo el sentido del mundo en cuanto a sinergias, como pueden ser la apuesta de Starbucks por el pago por móvil (inversión de $25M en la plataforma Square, que permitirá, entre otras cosas, a la start-up que su sistema de pago sea utilizada en más de 7.000 establecimientos de la cadena en EE.UU.), o la entrada de Coca-Cola con unos $10M en Spotify (todos conocemos su vinculación al mundo de la música).

François Derbaix, emprendedor (Toprural, Rentalia) y conocido business angel, quien se encontró recientemente con algunas start-ups que por culpa de tener un socio industrial en su accionariado probablemente no consiguen financiación adicional, publicó un tweet que decía: “No dejes que una empresa de tu sector (o de un sector afín) invierta en tu start-up: estarás casado y hará de espanta-compradores”. Cierto es que los pocos caracteres de twitter no te permiten profundizar en el razonamiento, y empezamos a debatir entre nosotros sobre el tema. De allí surgió la idea de prolongar el debate con 2 posts para reflejar ambos puntos de  vistas, aquí tienes el suyo: ¿Por qué no dejar entrar un socio del sector en tu capital?

Si bien comparto y entiendo sus preocupaciones, que giran en torno a la independencia del emprendedor, a poder desarrollar tu propia estrategia, y sobre todo a la generación de valor desde un punto de vista financiero del proyecto (que en la mayoría de los casos se traduce por la venta de la compañía), creo que existen unos cuantos matices que hacen que la entrada a un socio industrial en muchos casos puede ser una de las mejores opciones para una start-up, y aquí expongo algunas:

-          Si estás buscando inversión, el sector de capital riesgo en España es algo escaso (suelo decir que sobran inversores y faltan buenos proyectos, pero en este caso vamos a imaginar que tu proyecto no encaja en sus estrategias de inversión por X razones), mientras que existen centenares de compañías industriales (posibles partners, clientes, proveedores…) que podrían estar interesadas.

-          El horizonte de inversión: si te casas con un fondo de capital riesgo, él querrá vender su participación en un plazo de 4-5 años, y dispone mediante el pacto de socios de condiciones (derecho de arrastre) para obligarte a ceder también tu participación… Hay muchos emprendedores que preferían seguir creciendo con su compañía, manteniendo su control, o simplemente porque su compañía necesita un plazo de madurez más largo para realmente alcanzar todo su potencial.

-          No todos los emprendedores somos “excelentes” en todos los campos o tenemos la madurez suficiente para hacer crecer de manera exponencial nuestra compañía, y lo más lógico en una start-up es que el equipo fundador tenga unas ciertas carencias (falta de experiencia previa en la internacionalización de un proyecto, no estar al día de las últimas tecnologías o potenciales competidores que se están cociendo en la otra punta del mundo, etc.). Gozar de la experiencia, del know-how y respaldo de un socio industrial nos puede ayudar a paliar muchas de estas deficiencias, y sentirnos apoyados realmente en nuestro viaje empresarial.

-          “El abre-puertas”: un business angel o fondo de capital riesgo, por muy “smart” que esté, nunca podrá ayudarte tanto como un socio industrial (pocos por ejemplo te podrán facilitar información de un mercado en la otra punta del mundo, no tienen redes de proveedores/clientes que te puedan servir, les será más complicado conseguirte una reunión con tal director de una multinacional en el extranjero, etc.)

-          Las sinergias: el socio industrial puede estar interesado en tu tecnología, producto o servicio, y ser uno de los early-adopter, lo que te permitirá gozar de una buena referencia como cliente, y así ayudarte a conseguir otros. Tiene acuerdos comerciales, redes de distribución, condiciones negociadas con proveedores, y un largo etc. que te podrán ser muy útiles a la hora de lanzarte.

A nivel anecdótico, os contaré que cuando lanzamos nuestra compañía Creaventure hace algunos años, con el fin de montar el Salón MiEmpresa, decidimos hacer una pequeña ronda de financiación (muy modesta dado que el proyecto no necesitaba mucho cash, y más bien con el fin de sentirnos respaldados por profesionales del sector), y a la hora de optar a proponerlo a business angels “financieros” o a un perfil de inversor privado más ligado al de “socios industriales” (dado el tamaño, no tenía ningún sentido ir a un fondo de capital riesgo), optamos para ir a algunos dueños de compañías que conocíamos, que nos iban a aportar además de las pocas decenas de miles de euros que queríamos, lo que más nos faltaba (entradas en grandes cuentas -dando entrada por ejemplo al fundador de una de las grandes agencias de publicidad de este país-, know-how en logística, tecnología y montaje de grandes eventos -el dueño de una de las mayores empresas de material audiovisual y decorados de este país, que se convirtió como era lógico de esperar, en proveedor de muchos productos necesarios para el Salón, y además con condiciones de pago muy preferentes, cosa indispensable a la hora de lanzar un proyecto, y algunos otros socios estratégicos-).

En resumen, aunque si pueden existir inconvenientes a la hora de ceder un % de su start-up a un socio industrial (pérdida de “independencia”, dificultad para la salida… pero que como todo en la vida, se pueden solucionar negociando con el mayor rigor posible desde su entrada las reglas del juego), existen unas cuantas ventajas por lo que te puede aportar (conocimientos, negocio -comercialización, subcontratación, red de distribución-, infraestructuras, apoyo internacional…).

¿Y tú, qué opinas? ¿Te plantarías dar entrada a un socio industrial? ¿Lo ves como una alternativa positiva y distinta a las más clásicas (business angel, fondo) a la hora de levantar tu ronda de inversión?

 

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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