Sobre el autor

Sébastien (@sebchartier) Emprendedor y experto en corporate finance. Ha trabajado en varias Start-Ups, firmas de capital riesgo y consultoras (IPEN, BusinessAngels.com, Campbell Lutyens, Minerva Capital…). En los últimos 10 años, ha fundado media-docena de compañías, entre ellas CreaCapital, Capital & Corporate, Creaventure, y lanzado varios eventos como CapCorp o Salón MiEmpresa (www.salonmiempresa.com)

Sobre el autor

Candice (@candicelaporte) Especialista en comunicación, marketing & eventos. Ha desarrollado su trayectoria profesional en compañías como EuroRSCG y Publicis y su faceta de emprendedora en firmas como Capital & Corporate y Creaventure. Ha participado en el lanzamiento de numerosos eventos y conferencias en los últimos años (CapCorp, Salón Miempresa, FortyUnder40, Venta Privada sector Lujo…).

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« octubre 2012 | Inicio | diciembre 2012 »

“Eres más valiente de lo que crees, más fuerte de lo que pareces y más inteligente de lo que piensas”. Qué mejor forma para arrancar el año que darte cuenta de esto y aplicártelo como filosofía de vida; para que las buenas resoluciones que solemos tomar al inicio de un año nuevo no se queden en meras buenas voluntades y se conviertan en realidad, más aún en el ámbito profesional.

Este pensamiento resume perfectamente la esencia de la VII edición del Salón MiEmpresa, el mayor evento dirigido a emprendedores y pymes, patrocinado por Bankia, que se celebrará los días 16 y 17 de febrero en el Barclaycard Center y que arranca con un nuevo claim: ¡Supérate!

Si los organizadores de esta Salón, donde más de 300 expertos compartirán su know-how en 10 salas de conferencias en paralelo, han elegido justamente esta palabra para esta nueva convocatoria, es porque creen que ya es hora de dejar de pensar en pequeño; de sentirnos acomplejados por nuestros homónimos extranjeros y comenzar a valorar la riqueza de nuestro país y el talento de muchos de sus empresarios, a los que solo les falta, de vez en cuando, un empujón moral para darse cuenta de que tienen que aspirar a más, y que cualquier desafío, meta u objetivo que se plantean puede convertirse en una realidad.

En efecto, tras tantos años siendo un observador privilegiado del ecosistema empresarial español, nos hemos fijado en que seguimos teniendo esta falta de ambición, nos complace ponernos frenos a la hora de pensar a lo grande y atrevernos a soñar y crear líderes capaces de competir con cualquier compañía a nivel mundial y buscamos excusas pensando que no tenemos el ecosistema ni las capacidades adecuadas: que España seguirá siendo un país de autoempleo y microempresas, que aquí no tenemos financiación ni somos Silicon Valley, que  nuestros políticos son unos ineptos que nunca han pasado por una compañía privada y no nos apoyan (aquí no soy yo quien diría lo contrario y no vamos a volver a comentar la famosa “alfombra roja” que nos prometieron hace años y la ineficiencia de la gran mayoría de las medidas adoptadas, pero esto no es un freno real que nos pueda impedir crear empresas sólidas y sobre todo, multinacionales) o que durante mucho tiempo hemos sido considerados el patito feo de la Unión Europea por nuestro nivel de paro o nuestra economía sumergida, etc.

Ya es hora de dejar atrás estas justificaciones baratas. Nos sobran ejemplos que demuestren lo contrario y cuando nos ponemos a la tarea, somos capaces de superar cualquiera de estas barreras, de competir a nivel internacional y ser punteros en muchas tecnologías y de alcanzar todas las metas que nos fijamos. Gozamos de algunas de las mejores universidades y de talento, tenemos la suerte de tener uno de los idiomas más hablados del mundo, nos sobran ejemplos de grandes empresarios e incluso tenemos a un “Amancio Ortega” que llegó a ser el hombre más rico del mundo partiendo de la nada, en menos de 40 años y sin financiación ajena, a base de esfuerzos y estrategia ejemplar.

Entonces, ¿por qué poner frenos a nuestras ambiciones? El 2015 fue testigo de un cambio en el mundo de las “start-ups” españolas: récord de inversión, numerosos casos de éxito de ventas significativas de compañías creadas en la última década y, sobre todo, punto de mira de muchos inversores extranjeros, que por fin se han fijado en nuestro país como uno de los destinos con más potencial para invertir. Detalles que nos llevan a preguntarnos por qué seguimos sin darnos cuenta de que España va a ser capaz dentro de nada de contar también con algunos de estos famosos unicornios (start-ups valoradas en más de 1.000 millones de euros) y de que tú puedes ser el próximo en montarla (¡o cualquier otra gran compañía en el sector tradicional!).  

Si te falta ambición o autoestima, me permitiría aconsejarte leer estos 2 libros que a mí personalmente me han marcado estos últimos años: uno es el “¡Sí, puedes!”, de Alejandro Suárez, y el otro es “Los 88 peldaños del éxito”, de Anxo Pérez que te demostrarán que el mundo de la empresa necesita personas con ímpetu y con ganas de comerse el mundo y que, si sabes aprovechar el potencial que llevas dentro, podrás conseguir tus retos, así que lo mejor será plantearlos ¡a lo grande!

Los sectores están transformándose de manera muy rápida, los modelos de negocios evolucionan, la forma de trabajar está cambiando, los mercados financieros se enfrentan a nuevos retos y la pyme vuelve a tener a su disposición cada vez más formas de financiar sus planes de crecimiento… Así que, ¿a qué esperas para aprovechar todas las oportunidades que tienes hoy para crear las futuras empresas líderes del mañana?

Si todavía tienes dudas, acércate este año al Salón MiEmpresa, donde a base de ejemplos, casos prácticos, conferencias, debates… esperamos que encuentres el empujón para lograr convencerte de que puedes, e incluso debes, soñar y ser cada vez más ambicioso a la hora de definir tu estrategia empresarial. Además de resolver como siempre tus dudas empresariales, inspirarte y desvelarte nuevas tendencias, te demostrarán que muchos lo están consiguiendo y que hay que seguir contagiando el emprendimiento; que con esfuerzo, ingenuo y talento uno puede lograr cualquiera de los propósitos que se fije. Así que no pongas frenos a tus expectativas empresariales en el 2016. Muchos de los ejemplos que verás allí no serán elegidos al azar; encontrarás empresas del sector tradicional, start-ups tecnológicas con un crecimiento vertiginoso, emprendedores que se han atrevido a implantarse fuera desde sus inicios para realizar sus sueños, etc. Todos ellos, ejemplos que tienen el propósito de convencerte de que se puede triunfar sin importar la idea, el sector, el ecosistema en el que te encuentres, ni el dinero con el que cuentes al principio para crear tu compañía.

Te invitamos a superarte en el VII Salón MiEmpresa, donde conocerás todos los contenidos que te inspirarán para crecer de la mano de tu empresa.

¡Te deseamos un feliz año lleno de éxito! 

19 noviembre, 2012 | 11:09

Llegado a un cierto tamaño, una empresa tiene varias opciones para mantener su crecimiento: desarrollarse internacionalmente mediante la apertura de nuevos mercados, diversificar con nuevos productos, comprar competidores para ganar cuota de mercado, etc.

Siguiendo este razonamiento obvio, varias optan también para crear joint-venture con el fin de lanzar nuevos productos, creando nuevas sinergias de negocios, y desde hace unas décadas numerosas grandes compañías han desarrollado una actividad llamada CVC “Corporate Venture Capital” (ojo, es distinto del Corporate Venturing, que consiste en crear nuevos negocios dentro de una corporación establecida, en general que surgen de un departamento de I+D+i). El CVC se materializa generalmente lanzando un fondo (o destinando un % de sus beneficios anuales) que invertirá en start-ups externas a la matriz, que le puede ayudar a obtener nuevos ventajas competitivas. Existen muchas variantes en cuanto a la estrategia de inversión: algunos grupos lo hacen puramente con una estrategia financiera para rentabilizar al máximo sus excedentes de cash, otros por diversificación, para buscar sinergias obvias, para posicionarse en nuevos nichos de mercados, etc.

Los sectores más habituales donde han surgido la gran mayoría de los CVC son la salud y biotecnología (Air Liquide, Biogen Iden, GlaxoSmithKline, Roche, Siemens…), compañías de software e informática (Dell, Google, IBM, Microsoft…), telecomunicaciones (Deutsche Telekom, Korea Telecom, Orante, y más recientemente Telefónica), media (Bertelsmann, IDG, Naspers…), energía (General Electric, Saint Gobain, y en España Repsol por ejemplo), y algunos en el sector de transporte y logística, o en el mundo de la consultoría (Bain, Everis...). Dejo de lado el sector financiero, dado que la implicación de los bancos, aseguradoras, fondos de pensiones, etc. son la esencia misma de la creación del mundo de capital riesgo.

En los últimos meses, han aparecido algunas operaciones que pueden haber sorprendido al público general, pero que analizándolas tienen todo el sentido del mundo en cuanto a sinergias, como pueden ser la apuesta de Starbucks por el pago por móvil (inversión de $25M en la plataforma Square, que permitirá, entre otras cosas, a la start-up que su sistema de pago sea utilizada en más de 7.000 establecimientos de la cadena en EE.UU.), o la entrada de Coca-Cola con unos $10M en Spotify (todos conocemos su vinculación al mundo de la música).

François Derbaix, emprendedor (Toprural, Rentalia) y conocido business angel, quien se encontró recientemente con algunas start-ups que por culpa de tener un socio industrial en su accionariado probablemente no consiguen financiación adicional, publicó un tweet que decía: “No dejes que una empresa de tu sector (o de un sector afín) invierta en tu start-up: estarás casado y hará de espanta-compradores”. Cierto es que los pocos caracteres de twitter no te permiten profundizar en el razonamiento, y empezamos a debatir entre nosotros sobre el tema. De allí surgió la idea de prolongar el debate con 2 posts para reflejar ambos puntos de  vistas, aquí tienes el suyo: ¿Por qué no dejar entrar un socio del sector en tu capital?

Si bien comparto y entiendo sus preocupaciones, que giran en torno a la independencia del emprendedor, a poder desarrollar tu propia estrategia, y sobre todo a la generación de valor desde un punto de vista financiero del proyecto (que en la mayoría de los casos se traduce por la venta de la compañía), creo que existen unos cuantos matices que hacen que la entrada a un socio industrial en muchos casos puede ser una de las mejores opciones para una start-up, y aquí expongo algunas:

-          Si estás buscando inversión, el sector de capital riesgo en España es algo escaso (suelo decir que sobran inversores y faltan buenos proyectos, pero en este caso vamos a imaginar que tu proyecto no encaja en sus estrategias de inversión por X razones), mientras que existen centenares de compañías industriales (posibles partners, clientes, proveedores…) que podrían estar interesadas.

-          El horizonte de inversión: si te casas con un fondo de capital riesgo, él querrá vender su participación en un plazo de 4-5 años, y dispone mediante el pacto de socios de condiciones (derecho de arrastre) para obligarte a ceder también tu participación… Hay muchos emprendedores que preferían seguir creciendo con su compañía, manteniendo su control, o simplemente porque su compañía necesita un plazo de madurez más largo para realmente alcanzar todo su potencial.

-          No todos los emprendedores somos “excelentes” en todos los campos o tenemos la madurez suficiente para hacer crecer de manera exponencial nuestra compañía, y lo más lógico en una start-up es que el equipo fundador tenga unas ciertas carencias (falta de experiencia previa en la internacionalización de un proyecto, no estar al día de las últimas tecnologías o potenciales competidores que se están cociendo en la otra punta del mundo, etc.). Gozar de la experiencia, del know-how y respaldo de un socio industrial nos puede ayudar a paliar muchas de estas deficiencias, y sentirnos apoyados realmente en nuestro viaje empresarial.

-          “El abre-puertas”: un business angel o fondo de capital riesgo, por muy “smart” que esté, nunca podrá ayudarte tanto como un socio industrial (pocos por ejemplo te podrán facilitar información de un mercado en la otra punta del mundo, no tienen redes de proveedores/clientes que te puedan servir, les será más complicado conseguirte una reunión con tal director de una multinacional en el extranjero, etc.)

-          Las sinergias: el socio industrial puede estar interesado en tu tecnología, producto o servicio, y ser uno de los early-adopter, lo que te permitirá gozar de una buena referencia como cliente, y así ayudarte a conseguir otros. Tiene acuerdos comerciales, redes de distribución, condiciones negociadas con proveedores, y un largo etc. que te podrán ser muy útiles a la hora de lanzarte.

A nivel anecdótico, os contaré que cuando lanzamos nuestra compañía Creaventure hace algunos años, con el fin de montar el Salón MiEmpresa, decidimos hacer una pequeña ronda de financiación (muy modesta dado que el proyecto no necesitaba mucho cash, y más bien con el fin de sentirnos respaldados por profesionales del sector), y a la hora de optar a proponerlo a business angels “financieros” o a un perfil de inversor privado más ligado al de “socios industriales” (dado el tamaño, no tenía ningún sentido ir a un fondo de capital riesgo), optamos para ir a algunos dueños de compañías que conocíamos, que nos iban a aportar además de las pocas decenas de miles de euros que queríamos, lo que más nos faltaba (entradas en grandes cuentas -dando entrada por ejemplo al fundador de una de las grandes agencias de publicidad de este país-, know-how en logística, tecnología y montaje de grandes eventos -el dueño de una de las mayores empresas de material audiovisual y decorados de este país, que se convirtió como era lógico de esperar, en proveedor de muchos productos necesarios para el Salón, y además con condiciones de pago muy preferentes, cosa indispensable a la hora de lanzar un proyecto, y algunos otros socios estratégicos-).

En resumen, aunque si pueden existir inconvenientes a la hora de ceder un % de su start-up a un socio industrial (pérdida de “independencia”, dificultad para la salida… pero que como todo en la vida, se pueden solucionar negociando con el mayor rigor posible desde su entrada las reglas del juego), existen unas cuantas ventajas por lo que te puede aportar (conocimientos, negocio -comercialización, subcontratación, red de distribución-, infraestructuras, apoyo internacional…).

¿Y tú, qué opinas? ¿Te plantarías dar entrada a un socio industrial? ¿Lo ves como una alternativa positiva y distinta a las más clásicas (business angel, fondo) a la hora de levantar tu ronda de inversión?

 

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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