Última llamada para el vuelo IB2012
Cada vez que voy al aeropuerto de Barajas tengo el mismo sentamiento de pena, ya no se escucha como antaño los mensajes de última llamada para cada uno de los vuelos que partían de la ya desfasada T2, ahora solo se escuchan en las proximidades de la puerta de embarque, pero lo que cada vez me he acostumbrado a ver más y más, es la imagen seria y dura del que lleva gravada en su cara, su última llamada.
Viajeros de compañías de bajo coste, acostumbrados a estar estos últimos años siempre mirando el bajo coste en cada uno de sus pasos, sin un futuro claro y que ahora en la T4 de cada ciudad española ven la salida al exterior como una última llamada al éxito, o al menos a un sueldo más o menos digno, por desgracia muy lejos de nuestro país, una última llamada acompañada de su portátil, su tableta, su Smartphone y una mochila llena de vacío.
Pasan por delante de mí con el folleto de su tercer master, esta vez ya en una universidad inglesa o americana, de gran reputación que terminará con consumir los últimos recursos de la cuenta bancaria familiar, pero que en pocos meses, nunca años, conseguirá recuperar y multiplicar por diez, olvidando todas las penurias pasadas.
Es la última llamada para su vuelo, un vuelo que les permitirá dominar un nuevo idioma, conocer quien quizá comparta el resto de su vida, aprender mil y una estrategias de un mundo sin fronteras. Un vuelo donde el único billete impreso es de ida, pero no hay retorno, un viaje al que le ha conducido una cadena invisible de acontecimientos.
En poco tiempo cambiamos de año, estaremos ya en el 2012, un excelente momento para cortar con este goteo incesante de talento, aún no formado, pero talento.
En los tiempos de crisis que vivimos, debemos de ser conscientes de cómo estamos exportando nuestro futuro, más allá de nuestras fronteras, años de inversión en educación para que ahora los rentabilicen empresas instaladas en el extranjero, con la única razón de una nómina pagada a final de mes.
Todos y cada uno de nosotros debemos pensar si estamos haciendo el esfuerzo necesario para detener esta sangría, acabar con un nuevo éxodo que dispersa a nuestros jóvenes por una gran parte del mundo, que nos priva de su conocimiento, de su futuro y de su presente. Una fuga de cerebros, de talento, de forma lenta pero imparable, una fuga que cada día se alimenta más y más con la llamada de su último vuelo.
Cada última llamada es un tremendo error, que ya estamos pagando muy caro.
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