No sé cuándo fue la primera vez que escuche el termino emprendedor, pero sí recuerdo cuando llegó a mis oídos la palabra empresario, venía de la boca de mi padre y debía de estar aún en mi añorada y tierna infancia. Después, muchos años después, empecé a oír el término emprendedor, un concepto muy “in” para la época en la que vivimos y que parece querer desbancar con fuerza, al honorable trabajo de ser empresario.
No debemos dejarnos engañar por las modas, ni todos somos emprendedores ni todos somos empresarios, somos aquello que nos incita cada día a levantarnos y en ese valor es donde se esconde nuestra respuesta.
Según la Real Academia Española, el emprendedor -ra, es aquel que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas, mientras que el empresario –a, es la persona que por concesión o por contrata ejecuta una obra o explota un servicio público, que abre al público y explota un espectáculo o diversión, o que simplemente es propietario o directivo de una industria, negocio o empresa.
Parece que la Real Academia Española lo tiene más claro que muchos de nosotros, el emprendedor tiene por delante acciones complicadas que resolver y el empresario, ha de tener un perfil de gestión a largo plazo.
Cada uno de nosotros tiene que ver de qué madera está fabricado, si el talento corre por sus venas para lanzar constantemente nuevas ideas y gestionar a equipos, para que luego un gerente le lleve el día a día, o bien, la incertidumbre de los primeros momentos nos puede, y necesitamos la seguridad de un proyecto estable y probado, que nos permita alcanzar todos los meses nuestro nivel de confort económico.
En ambos casos, cada uno debemos de ver cómo nos sentimos, entender las dificultades que conlleva cada decisión y fijarnos una meta. El éxito en todos los aspectos, no es más que una cadena de errores superada, donde en un proyecto incipiente puede provocar un cambio de inercia, y en una empresa, en la medida de su magnitud, puede ser asumido, pero en ambos casos, de estos errores se debe aprender y mejorar personal y profesionalmente para seguir avanzando.
A lo largo de mi experiencia personal y profesional, he conocido a infinidad de personas que no sabían muy bien si eran emprendedores o empresarios, y que realmente tampoco se habían detenido a pensar en una posible diferencia al margen de las modas, y tras un rato de meditación, la mayoría de ellos reconocían que había un nexo de unión, que un empresario no debe dejar de ser emprendedor y un emprendedor debe pensar en convertirse en empresario.
En el mundo aeronáutico este problema siempre se ha resuelto fácilmente, los pilotos de avión nunca montan en helicópteros y los pilotos de helicópteros siempre piensan que los aviones tienen tendencia a caer al suelo con una rapidez imprevisible. Es por eso que siempre he creído que un verdadero emprendedor nunca llegará a ser un empresario, y un empresario huira como de la peste de un fanático emprendedor.
Cada uno debemos de pensar donde creemos que debemos de estar, aunque nos equivoquemos, pero esa decisión la debemos de tomar nosotros. Yo por mi parte, sigo volando en avión y dejo los helicópteros para otros.
Últimos comentarios