Sobre el autor

Sébastien (@sebchartier) Emprendedor y experto en corporate finance. Ha trabajado en varias Start-Ups, firmas de capital riesgo y consultoras (IPEN, BusinessAngels.com, Campbell Lutyens, Minerva Capital…). En los últimos 10 años, ha fundado media-docena de compañías, entre ellas CreaCapital, Capital & Corporate, Creaventure, y lanzado varios eventos como CapCorp o Salón MiEmpresa (www.salonmiempresa.com)

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Candice (@candicelaporte) Especialista en comunicación, marketing & eventos. Ha desarrollado su trayectoria profesional en compañías como EuroRSCG y Publicis y su faceta de emprendedora en firmas como Capital & Corporate y Creaventure. Ha participado en el lanzamiento de numerosos eventos y conferencias en los últimos años (CapCorp, Salón Miempresa, FortyUnder40, Venta Privada sector Lujo…).

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« junio 2011 | Inicio | agosto 2011 »

El cortoplacismo del inversor queda opuesto al espíritu soñador del emprendedor. Esto último lo pudimos comprobar la semana pasada, en un desayuno organizado por Creaventure y MasterCard España, donde se pudo realizar un following de los proyectos presentados en la pasada edición del concurso Elevator Pitch del Salón MiEmpresa.

Finalizado este encuentro, surgen conclusiones que ayudan a entender por qué es complicado que emprendedores e inversores completen el puzle perfectamente. Por un lado, encontramos una mentalidad soñadora, con ilusión de sacar adelante su proyecto y, por otro,  unas ganas inmensas, no sólo de invertir sino de encontrar proyectos que realmente merezcan la pena. Ambos grupos pusieron en común los errores que, bajo su punto de vista, cometen los otros a la hora de cerrar un acuerdo entre inversores y emprendedores.

Errores del emprendedor desde el punto de vista inversor

Desde el punto de vista del inversor, al emprendedor le falta atar demasiados cabos sueltos en sus proyectos, antes de que pueda levantar su interés para invertir en el proyecto. Los inversores buscan, sobretodo, un proyecto validado, y quién mejor que el mercado para hacerlo. Alcanzar un número de usuarios y ventas, el concepto de monetización del proyecto desde un primer momento y un análisis en profundidad de su capacidad de escalabilidad, son algunos de los pasos que el inversor recomienda al emprendedor antes de iniciar las diferentes rondas de inversión.

El valor de una idea no es tan alto como creen los emprendedores, para un inversor el valor más buscado es la capacidad de ejecución y el talento global del equipo. Aquí reside una de las necesidades que los inversores echan en falta, que todos los integrantes compartan un modo de trabajar, una implicación total y una diversificación que permitan crear un buen equipo.

Los inversores presentes destacaban la existencia de un  gran número de emprendedores más preocupados por su marca personal, que en el fomento de una visión puramente empresarial, que les permita conocer realmente si su proyecto tendrá recorrido y su empresa será realmente rentable.

Errores del inversor desde el punto de vista emprendedor

Por su parte, los emprendedores no dejaron atrás la oportunidad de expresar sus necesidades ante los inversores a la hora de presentarles un proyecto.

Entre las conclusiones expresadas por emprendedores españoles, encontramos una visión cortoplacista sobre los inversores, dado que según expresan buscan una rentabilidad casi inmediata o incluso un exit del proyecto, sin proponerse mantener una financiación a la vez que las compañías crecen en volumen.

Asimismo, echan en falta una generación de “inversores emprendedores” que rescaten su antigua esencia y apuesten por la creación de créditos flexibles y financiación de proyectos, donde prime el crecimiento global frente al beneficio inmediato que comentábamos anteriormente. No menos importante consideran la falta de rondas de inversión más “valientes”, que permitan lanzar sus compañías de forma segura, sin tener que seguir buscando permanentemente financiación.

Los emprendedores destacan como negativo la posición defensiva de algunos inversores frente al camino elegido por los fundadores y en base al contrato firmado tras su aporte de capital, puesto que legalmente puede desvirtuar el proyecto o incluso adueñarse de él.  De la misma forma, expresaron que algunos inversores se preocupan más por disolver la unión con el proyecto para recuperar su inversión que por la aportación de valor a la compañía cuando ésta atraviesa momentos difíciles.

De los errores se aprende

Esta puesta en conocimiento de los fallos de ambos bandos, pretende fomentar la creación de empresas más viables, con capacidad de supervivencia y crecimiento, que permita a su vez generar beneficios a los inversores que un día pusieron su granito de arena para levantar los proyectos.

Como hemos comentado muchas otras veces, de los errores se aprende y esperamos que éstos puedan hacer que algún día congenie la relación entre inversores que aporten algo más que dinero a proyectos emprendedores con visión empresarial y ventas probadas.

 

26 julio, 2011 | 11:17

Hace unos días, Rafael Garrido (@rafaelgarrido), uno de los 2 fundadores de Vitamina K, una sociedad de capital riesgo especializada en invertir en empresas de base tecnológica, puso un par de tweets:

En el primero preguntaba por qué algunos emprendedores que están a punto de cerrar un proyecto por falta de cash no piden un crédito al banco avalando con su casa.

En el segundo, comentaba lo último que acababa de escuchar de un emprendedor: “Tengo una start-up, donde he puesto 50k y la valoro en €1M” donde él le contestaba “y el colega y la idea valen 950k?” pidiendo un poco de seriedad… (¡La empresa tenía pocos meses de vida!).

Estos 2 comentarios son muy habituales en el sector: los inversores se suelen quejar por una parte de que los emprendedores no apuestan por sus propios proyectos y que las valoraciones que piden suelen estar muy alejadas de la realidad de sus empresas.

Por el hecho de haber estado en todos los lados de la negociación en los últimos 15 años (varias veces emprendedor, asesor de varias start-ups en su búsqueda de capital, e inversor, tanto privado como gestionando fondos de capital riesgo), no puedo estar más de acuerdo con los comentarios de Rafael.

En España, a pesar de lo que se creen muchos emprendedores, sobra el capital disponible (desde business angels, incubadoras, fondos de capital riesgo, bancos, etc.). Desgraciadamente lo que menos hay, son proyectos ambiciosos susceptibles de ser respaldados financieramente.

Muchos confunden auto-empleo con empresa, o sueldo “garantizado” con emprendimiento.

Añadiendo mi grano de sal a estos comentarios en internet, básicamente diciendo que los emprendedores no apostaban lo suficiente por sus proyectos, produje una avalancha de comentarios.

Algunos intentaron explicarme que ellos aportan su tiempo, la idea, su dedicación y pasión, y que otros tendrían que aportar el dinero. Siento mucho comunicarles que estas características, por muy honestas que sean, se asemejan más bien a cualquier trabajo asalariado, pero no al de por cuenta propia. En efecto, si yo decidiera trabajar para una gran empresa, esta última esperaría que por el sueldo que me paga, le dedique efectivamente mi tiempo y entusiasmo en intentar hacer lo mejor posible el trabajo para el que me pagan… pero por muy bien que lo haga, esto no me daría derecho a tener un % de su capital.

Desgraciadamente, emprender es algo más que esto. Si quieres lanzarte por tu cuenta, es que has decidido tomar las riendas de tu vida, para lo bueno y lo malo que esto representa, y por lo tanto ¡vas a tener que asumir riesgos! Y esto significa inevitablemente, aportar recursos económicos para poder lanzarte. No puedes esperar a que otros financien tu idea (o si no, por lo menos ¡no aspires a quedarte con la mayoría del capital de la compañía que lanzas!). Es frecuente oír “no tengo dinero pero trabajaré 15 horas diarias”. Si estás en esta situación, es probable que lo que intentes es auto-emplearte. Cuidado, no quiero para nada dar la impresión de menospreciar la multitud de profesionales que se lanzan por su cuenta (muchos se deciden a emprender más por necesidad que por vocación, pero no por esto les tenemos que menospreciar), pero no puedes aspirar a que otros te financien tu empresa, si tú mismo no apuestas en ella. En lugar de buscar inversores, deberías dedicar tu tiempo en buscar clientes. El capital riesgo es muy selecto (sólo invierte en un 2-3% de los proyectos que analiza), y no todos necesitamos su respaldo para emprender. No hay idea ni empresa pequeña, lo único es que tendrá s que ingeniártelas para sobrevivir de manera “low-cost” hasta que tu negocio te permita crecer.

Volviendo al tema de cuánto debería invertir cada uno en su empresa, sólo diría que cualquier emprendedor tiene que mojarse. Todos tenemos algo de dinero: ahorros, una indemnización que acabamos de recibir de nuestro último trabajo, la posibilidad de capitalizar el paro, algo con lo que avalar (bienes si los tienes), familiares que te pueden prestar algo, etc. Y si realmente no tienes nada, tienes que reducirte drásticamente el sueldo hasta que seas capaz de generar valor para la compañía, demostrando al inversor que si él no gana, ¡tú tampoco! En fin, hay que alinearse con el inversor.

Y como último consejo, para los que piensan que no pueden lanzarse sin apoyo de un inversor financiero, no seas demasiado “greedy” en la valoración de tu start-up. Hasta que no seas capaz de vender y obtener beneficios, tu empresa no vale mucho… por mucho que la idea te parezca genial. Ideas hay muchas, pero la ejecución es lo importante… y si al final necesitas captar financiación para poder desarrollarla, esto tiene que ser lo más importante para ti, con lo cual olvídate al arrancar del famoso “mi start-up que he lanzado con mi amigo hace 3 semanas ¡vale un millón de euros!”. Pon hitos de valoración ligados a facturación, beneficios, etc., y si los cumples, el inversor estará encantado de rebajar su participación, cediéndote parte del capital que adquirió al principio por un euro simbólico.

El que no arriesga no gana… y este dicho se aplica tanto al inversor como al emprendedor.

12 julio, 2011 | 17:29

Hace poco terminaba de leer Código genético (ed. Plaza y Janés), una novela en la que se mezcla la rivalidad entre los becarios, por alcanzar un puesto de mayor estabilidad, la competitividad en todas sus variantes, por salvar un puesto de trabajo cada día más complicado y cómo influye en lo que realmente tenía importancia, la investigación genética enfocada en la creación de un fármaco contra el Alzheimer.

En España está situación se repite en muchas, demasiadas compañías, el becario, normalmente recién licenciado y con uno o dos máster en su mochila es quien lleva las de perder, poca estabilidad, bajos ingresos y unos conocimientos infravalorados.

Quienes optan por la investigación, en cualquiera de los sectores empresariales españoles, son sustituibles con cierta facilidad, realizan tareas repetitivas y buscan contentar a sus mentores para lograr colaborar en sus publicaciones, y de esa manera con tiempo y esfuerzo, poder cambiar de trabajo. Triste panorama para un elenco de investigadores que hoy deberían de estar creando riqueza en nuestro país y compartiendo los beneficios obtenidos.

No son ni uno ni dos, son muchos más los casos de jóvenes licenciados que veo como se van a buscar su futuro al extranjero, huyendo de salarios de 600 euros mensuales, jóvenes promesas con ideas frescas y son ellos los que yo quiero ver trabajar, pero trabajar en España, creando nuevas empresas, uniendo esfuerzos y sobre todo, avanzando con ilusión.

Muchos caerán, quizás la idea no estaba tan bien planteada, o en algún caso no era el curriculum tan bueno como pensaban el resto de socios, pero no les ira peor que ganando 600 euros por tener un día vacio de ilusiones.

Un claro ejemplo es Antonio Catalán, destacado emprendedor, fundador y presidente de AC Hoteles, no lo tuvo fácil ni al principio ni cada día que se levanta, pero lo cierto es que la cadena de hoteles AC cada día es un ejemplo para muchos nuevos emprendedores, un modo de vida que quiere compartir con los universitarios madrileños el jueves 14 de julio a las 19 horas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, en una charla magistral del Master MBE.

Es una charla abierta, de acceso libre y con aforo limitado, ojala que Antonio tenga que salir a los jardines de la facultad porque no haya plazas para todos los asistentes, y contar sus vivencias a cientos o miles de jóvenes ilusionados que no se quieren conformar con 600 euros al mes durante el resto de una triste vida.

05 julio, 2011 | 16:17

La semana pasada impartí un taller a emprendedores gallegos que iban a participar en un encuentro con inversores privados y fondos de capital riesgo.

Extraídas de mi charla, aprovecho la ocasión para compartir algunas reflexiones que les hice:

- ¿es imprescindible preparar un plan de negocio?

Muchos dirían que no a esta pregunta, dado que en la realidad… ¡Casi nunca se cumple! Sin embargo, creo que permite reflexionar sobre el propio negocio, analizar en profundidad los distintos factores de éxito, y sirve para guiar los primeros meses/años de vida en una nueva empresa. Asimismo, es una tarjeta de visita para acceder a la financiación (el propio banco te lo pide antes de darte una línea de crédito o un préstamo).

- ¿Cómo se hace?

No voy a entrar aquí en muchos detalles, ya que existen centenares de libros de management que explican de manera completa las distintas partes obvias que tienen que tener (equipo, producto, marketing, parte financiera, etc.).

Desde mi punto de vista, no existe un plan de negocio tipo. Sin embargo, es importante que sea algo breve (unas 25-30 páginas), sencillo, claro, y sobre todo realista (¡el Excel lo aguanta todo!).

A modo de ejemplo, recomendaría que permitiese pasar el siguiente examen, o sea demostrar que al leerlo, se contesta a esta “Prueba de los 7”:

  1. Existe una necesidad en el mercado que por alguna razón todavía no está cubierta
  2. Tenéis la solución (tecnología, posicionamiento, producto…)
  3. Estáis cualificados (equipo con experiencia en este campo)
  4. El mercado existe (a lo mejor, si nadie lo ha hecho antes, es porque no hay mercado) y con potencial de crecimiento (puede ser un nicho, pero es importante que sea lo suficientemente grande para montar una pequeña empresa)
  5. Vuestras ventajas competitivas (competencia siempre hay o habrá, así que demostrar factores de diferenciación y barreras de entrada)
  6. Correcta estrategia de desarrollo (pasos claros para crecer, internacionalización, etc.)
  7. Creación de valor para el accionista (por mucho de que hoy en día es “cool” ser emprendedor, no pretendes atraer inversores si no piensas devolverles un retorno importante) y estrategia de salida (venta, bolsa, re-compra…).

Aproveché la charla para enseñar rápidamente el “Business Model Canvas”, www.businessmodelgeneration.com que trataré probablemente en otro post y que os recomiendo de cara a presentar vuestro modelo de negocio.

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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