31 diciembre, 2010 | 10:47
Darwin y las empresas
Como breve descanso de los "papers" académicos para mi doctorado, estos días he estado leyendo (y ademas, en formato físico, o "de arboles muertos", como le llama un amigo) el estupendo libro de Ben Heinrich "Why We Run: A Natural History". En el, Ben, que une en su persona a un destacado biólogo y a un exitoso corredor de ultramaratones (distancias por encima de los 50 km.) reflexiona sobre las razones por las cuales los seres humanos estamos predispuestos, física y mentalmente, para correr. La conclusión a la que llega es que correr, y en particular correr durante largas distancias a un ritmo sostenido, es lo que permitió a los homínidos encontrar un nicho en el feroz ecosistema de las sabanas africanas de hace dos millones de años. No somos tan rápidos como un antílope, un león o una hiena, pero podemos agotarlos a todos, especialmente a pleno sol y en grupo. Esta manera de cazar habría configurado nuestro cuerpo (bípedos, con visión delantera, pelo en la cabeza, aparatos digestivos pequeños) y habría desarrollado nuestra mente (paciencia, estrategia, trabajo en equipo) y con el tiempo nos convirtió en el depredador mas feroz del planeta. A lo largo de millones de año, y por un lento y doloroso proceso de selección natural, nuestra especie se fue convirtiendo en lo que somos ahora.
Este pequeño baño de darwinismo corredor me ha hecho pensar en que la evolución de las empresas se parece mucho a la evolución de las especies (no en vano los paradigmas del darvinismo y del mercado se desarrollan en la misma época y el mismo contexto, Darwin y Ricardo se podrían haber cruzado en las calles de Londres en la primera mitad del S. XIX). Las empresas nacen del impulso creador y de la pasión de una emprendedora, pero su éxito y su permanencia están condicionados a el saber adaptarse al entorno, a saber encontrar su hueco dentro del ecosistema del mercado, al igual que nuestros antepasados homínidos se forjaron el suyo hace millones de años. Los tiempos sin embargo son distintos, en el sentido de que la evolución de las especies es un proceso de miles de años, mutación a mutación, que hace que los rasgos que mejor permiten competir se afiancen en el genoma de la especie, y en cambio las empresas deben y pueden adaptarse a los cambios mucho mas rápidos de los mercados. Lo que si se mantiene es que es en el entorno donde residen las pistas sobre como deben evolucionar empresas y especies para ser mas competitivas: los rasgos que permiten a la especie ser mas fuerte en su ecosistema permanecen, así como las estrategias que hacen a la empresa mas competitiva en su mercado.
La clave entonces para el éxito de las empresas estaría en "dejarse evolucionar", no solo abriendo al mercado (sometiendo a la dureza del ecosistema), si no ademas experimentando nuevas estrategias (algo así como provocar mutaciones) para ver cual es mas eficiente en determinadas circunstancias. Las empresas no tenemos (siempre) el acicate del hambre para evolucionar, y a veces cuando este llega, es demasiado tarde. Tal vez si pensáramos en las empresas como organismos abiertos al entorno, crearíamos organizaciones a la vez mas ágiles y mas resistentes a los cambios.
Si en la San Silvestre de hoy os encontráis con un individuo en taparrabos de piel y con una lanza... ya sabéis que libro ha leído.
Feliz año a tod@s.
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