Sobre el autor

Jaime Castelló es profesor del Departamento de Dirección de Marketing de ESADE Business School y Director Asociado del Executive MBA de ESADE en Madrid.

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18 agosto, 2010 | 07:18

Y no, no es que se haya muerto de verdad (aunque algunas ideas del debate sobre la net-neutrality dan bastante miedo) si no que así lo ha declarado Chris Anderson en su último artículo en Wired (aparecerá en Septiembre, pero lo podéis leer ya aquí) que abandera todo un número sobre la "muerte de Internet". El concepto es muy interesante, y en la web de Wired podéis encontrar también un estupendo debate entre el antes citado Anderson y otro de mis "gurus" favoritos, Tim O'Reilly (el de las Web 2.0 conferences) al respecto.

Pero ¿es de la muerte de Internet de lo que realmente están hablando? Después de leer los artículos, me parece que no es para tanto, que no es tanto una muerte como un cambio de modelo. Este cambio se observa en el gráfico que abre el artículo de Anderson, y que muestra como el tráfico en la red ya no está dominado por los buscadores (lo que ellos llaman "la Web") si no que se están imponiendo los sitios y las aplicaciones "cerrados" (lo que ellos llaman "Internet").

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Las claves de este nuevo modelo serían:

- Sencillez y facilidad de uso: como dice Anderson "el mercado ha hablado" y poco a poco (o por lo menos tan despacio como pueden ir las cosas en Internet) nos hemos dejado querer por soluciones más elaboradas y con una mejor experiencia para los usuarios. En vez de tener que ir a buscar en una página en blanco (modelo Google) nos metemos directamente en un entorno cerrado (modelo de las "Apps" de Apple o de Facebook) más fácil de usar y con todas las opciones programadas. Una comparativa de estos dos modelos la podéis encontrar aquí.

- Efecto de Red: Anderson cita la ley de Metcalfe, en el sentido que cuantos más usuarios tienen las apps o los entornos "cerrados" (otra vez Facebook) más valor aportan, y más nos "encerramos en ellos". ¿Por qué buscar en Google cuando puedes hacerlo en Twitter o con tus amigos en Facebook? ¿Por qué liarse con búsquedas cuando podemos tener recomendaciones?.

- Modelo Freemium: la Web era "gratis total" (modelo Google), y por el modelo Internet se paga... poco o nada al principio, pero más a medida que se quieren disfrutar de más servicios, o que estos son más personalizados (esto es cierto en el mundo de las Apps, y está por ver todavía en Facebook, Twitter y demás "entornos cerrados").

El punto dramático en este debate lo ponen Anderson (y Michael Wolff, un nuevo fichaje en Wired) cuando se asustan ante el poder que están consiguiendo los dominadores de este nuevo modelo de "entornos cerrados" ("un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas") y vaticinan en fin de una Web (el modelo anterior) libre y accesible a todos (Jobs = Sauron). Y el punto de cordura lo pone O'Reilly cuando dice que lo importante no es que Internet sea completamente libre y no haya ningún entorno cerrado (una utopía a lo Richard Stallman), si no que sigan habiendo espacios de libertad en lo que puedan generarse innovaciones que den pie a futuros cambios de modelo.

A mi el debate me parece muy interesante, porque por un lado "certifica" (como solo Wired lo puede hacer) el final de un modelo basado en PC + Navegador de Internet, y la emergencia (y dominio) de otro modelo basado en Dispositivos Móviles + Aplicaciones. Hoy en día ya no basta con tener una página web, una empresa que quiera aprovechar todas las posibilidades de conexión con sus clientes / proveedores / trabajadores ... tiene que estar en los "entornos cerrados" con más poetencia de red (los Twitter, Facebook, LinkedIn) e incluso generar el suyo propio (su "app"). Y también porque, como dice Anderson, es la "mayoría de edad" de Internet como negocio. Haciendo un símil con la industria del automóvil, el modelo Google + PC era algo así como el Ford T, el mismo para todos, accesible, sí, pero que sólo hacía lo básico. El nuevo modelo es como el nacimiento de nuevas marcas y nuevos modelos que satisfacen necesidades distintas y más sofisticadas, de una mejor manera que el modelo básico. La gran cuestión es si este desarrollo acabará como el del automóvil, con grandes conglomerados industriales incapaces de innovar y que al final acaban viviendo de subsidios, o si, esta vez, seremos capaces de evitarlo.

Nada como un buen debate para salir de la pereza de las vacaciones.

21 junio, 2010 | 13:07

Hace seis meses y unos días que a los haitianos se les paró el reloj... definitivamente. Aquella catástrofe, sucedida el 12 de Enero pasado, pocos minutos antes de las cinco de la tarde (hora local) ocupó las portadas de los periódicos y otros medios durante muchos días, y luego, poco a poco, fue moviéndose hacia el interior de los diarios y hacia el final de los programas, hasta desaparecer finalmente de los medios... y de nuestras conciencias. Tengo que reconocer que yo también me había olvidado, hasta que escuché el genial podcast de "This American Life" titulado "Island Time", con tres estupendas historias sobre Haití, ahora, más de seis meses después del desastre. Las historias, como siempre en TAL son emotivas sin ser dramáticas y gratuitas, y siempre, siempre me hacen pensar. Y aquí están mis reflexiones:

- Un cálculo estremecedor... uno de los entrevistados en una de las historias, un oftalmólogo de Port-Au-Prince, un genio, según su amigo americano, que es quien cuenta la historia, hace el siguiente cálculo: Dios (esas son sus palabras) da 205 años a quien sea que la gobierne para hacer algo con Haiti, y cuando fracasa, se la quita y se la da a otros. Los españoles la tuvieron 205 años, luego los franceses, y luego los haitianos (1804 - 2009)... y se pregunta ¿quién viene ahora? Tal vez los americanos, tal vez las ONGs, que convertirían a la isla en su particular "campo de entrenamiento".

- La cultura de la ayuda. El reportaje más estremecedor de los tres, al menos para un economista, es el que intenta averiguar cómo, después de años y años de ayuda, con más de 10.000 ONGs en su territorio, Haití era, hasta el día del terremoto, uno de los países más pobre del mundo. Lo que se acaba sacando en claro de este reportaje es que estas ONGs, poniéndose por delante de los haitianos para solucionarles los aspectos más básicos de sus vidas, acabaron por instaurar una "cultura de la ayuda" que terminó de desmontar la poca vida económica que quedaba en la isla. Es angustioso escuchar a uno de los responsables de las ONGs decir que, como estuvieron años y luego meses, repartiendo agua y comida gratis, los agricultores perdieron el incentivo para plantar sus cosechas, y traerlas al mercado, y ellos entraron también en el ciclo de la ayuda. O como el 70% del reparto de agua en Port-Au-Prince lo hacía una pequeña flota de camiones cisterna, que operaban como pequeños negocios, recorriendo las calles vendiendo agua potable... y que ahora se han quedado sin tabajo, y sin sustento, con la llegada de las ONGs, que reparten el agua gratuitamente. Años y años de estas prácticas han dejado al país completamente dependiente, y ahora las ONGs no se pueden ir, sin que su marche provoque otra catástrofe, esta vez social y económica... o sin haber puesto solución a los problemas de la isla.

- ¿Qué solución tiene Haití? Es difícil decirlo, pero escuchando las historias atentamente, parece que hay dos áreas que podrían cambiar radicalmente el tenebroso futuro de Haití. La primera son infraestructuras. Uno de los reportajes cuenta la historia de una pequeña agricultora de las afueras de Port-Au-Prince para quien la diferencia entre la miseria (el S XVII, en el que ahora vive) y la subsistencia (pasar al S XX) reside en la construcción de un pequeño canal para regar sus árboles... algo imposible por la falta alguien que se ocupe de ello. Y no sólo me refiero a infraestructuras "físicas" (caminos, canales y puentes) si no también a estructuras económicas básicas, como canales de comercialización (mercados, mayoristas y minoristas). Haití vive en la edad media, y cada vez se va hundiendo más en ella, sin incentivo ninguno para salir adelante. Porque lo segundo sería esto, incentivos, ánimos para construirse su propio futuro. Uno de los entrevistados apunta que las ONGs se han comportado como los antiguos capataces de las plantaciones, dirigiendo y gobernando las vidas de los haitianos, sin preguntarles lo que les hacía falta, solo que con un cambio de intenciones... unos mandaban para lucrarse con el sufrimiento de los haitianos y los otros para ayudarles. El resultado, sin embargo, y siempre según el entrevistado, ha sido mantener a los haitianos en un estado pasivo, incapaces de pensar en lo que ellos podrían hacer para salir de donde están.

Después de escuchar el podcast, he acabado con la impresión de que Haití es un tremendo ejemplo de lo que hemos conseguido los países occidentales (o simplemente ricos) con la manera en el que hemos estado ayudando a los países del tercer mundo en los últimos 20 años. Casos, menos dramáticos que el de Haití, pero parecidos, se pueden encontrar en Africa, en Latinoamérica, e incluso dentro de nuestras barrios y pueblos más pobres (el a veces olvidado "cuarto mundo"). La pregunta entonces, y que tiene difícil respuesta es ¿Qué hacemos ahora? Una opción (la neoliberal a ultranza) sería irse y dejar que los haitianos se ocupen ellos solos de su isla, y que aprendan, de la manera más dura, a apañárselas solitos (el famoso "swim or sink") sin importar el coste en sufrimiento y en dolor que esto pueda ocasionar. Y la otra sería re-dirigir la ayuda humanitaria a las infraestructuras, a la promoción del "entrepreneurship" local, y en general a que los haitianos aprendan a pescar, más que regalarles los peces.

No nos olvidemos de Haití... y de lo que de verdad podemos hacer por ellos.

10 mayo, 2010 | 07:52

Desde luego, vivimos tiempos interesantes. Para empezar, estoy acabando de dar los últimos toques a este post desde un hotel en Londres. Anoche no puede volar a España, de regreso de mis clases de doctorado, por culpa de un inoportuno volcán en Islandia. Son las 5:59 (hora local) y no sé dónde estaré dentro de otras cinco horas (y espero que sea rumbo a Madrid, en un avión de Iberia).

Y esta es una de las razones por las que quería hablar del acrónimo VUCA, que quiere decir Volatility, Uncertainty, Complexity, Ambiguity (algo así como Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad, en español sería VICA). Y no es un tema que se me haya ocurrido por lo del volcán, si no que es algo que parece explicar el mundo en el que vivimos últimamente... y aquí van varios ejemplos:

- Cuando salí de Madrid, el Viernes, estuve charlando un rato con mi colega, el profesor Emilio Navarro, que empezaba la asignatura de Gestión de Riesgos en el EMBA de ESADE en Madrid (que tengo el placer de dirigir). Como suele ocurrir, nuestra conversación derivó hacia las perspectivas de la economía española, y lo que nos depararía el futuro. Emilio, como experto que es en estos temas, me explicaba escenarios distintos ("si el PIB crece, si el Euro aguanta, si la UE toma medidas") y, haciendo algo de "scenario planning" las posibilidades eran infinitas, en la combinación de eventos posibles (si pasa una cosa, y la otra, y la otra...) y en las probabilidades de que ocurrieran... para volverse locos. Al final de todo nos preguntábamos si realmente valía la pena hacer este ejercicio de scenario planning o era mejor simplemente estar preparado para lo que pudiera venir.

- Cuando llegué a Londres, me encontré un país "paralizado" por el evento de tener un "hung parliament", un parlamento en el que ningún partido tenía mayoría suficiente y en el que los tres grandes partidos (o dos de ellos) tendrán que ponerse de acuerdo de alguna manera para gobernar. Algo que en España es relativamente normal, tenía a los británicos bloqueados, no sólo por falta de costumbre, si no también por la incertidumbre de no saber qué políticas se aplicarían en el país en el futuro, ya que, al tener que pactar, ningún partido acabaría aplicando su anunciado programa de gobierno al 100%... y esto les llenaba de de preocupación, porque temían que un excesivo periodo de dudas pudiera afectar a la frágil libra esterlina, en el contexto de unos mercados internacionales muy sensibles.

- Y volviendo sobre los mercados, la semana pasada la bolsa de Nueva York sufrió una jornada de bajadas "record" por el tonto error de un broker, al teclear una cifra en su ordenador... algo de lo que reírse, si no pusiera en riesgo millones de dólares.

- Para terminar con una nota personal, hoy se puede ya reservar el iPad de Apple en Europa. Cuando he entrado en la página web para ver los precios y las condiciones, listo para encargar el mío, he acabado no haciendolo (todavía). Y es que los niveles de complejidad y de incertidumbre en la decisión son considerables. No sólo tienes que decidir si 3G o WiFi, además tienes que decidir la cantidad de memoria, y si te animas por el 3G el operador (o no) y el plan de datos... todo ello para un "cacharro" que no sabes muy bien cómo vas a usar... y que puede que en Junio se quede obsoleto.

Todo esto son ejemplos de que hoy en día parece que la realidad es cada vez más compleja, volátil, incierta y ambigua... y la que las herramientas tradicionales de análisis y planificación parecen no estar preparadas para responder a los retos que nos plantea. ¿Cómo podemos entonces reaccionar las empresas y los individuos en este entorno?

El acrónimo VUCA da una primera pista, diciéndonos lo que tenemos que esperar. Para los militares americanos que lo acuñaron, la clave para trabajar en un entorno VUCA es "Awareness & Readiness" (Consciencia y Preparación). Estar preparado para cualquier cosa, ser consciente de nuestras limitaciones y fortalezas, y estar conectados con el entorno, es lo que nos permitirá tomar la mejor decisión en cada momento. Estos mismos militares hablan de "Prepared & Resolved", algo así como estar preparados y con las ideas claras. Porque al final, la clave para sobrevivir en un entorno VUCA es:

1.- Estar preparado para lo que pueda pasar (que puede ser cualquier cosa)

2.- Tener claro cuál es el fin último que uno desea conseguir (ya sea como persona o como organización)

3.- Y no dejarse atrapar por planificaciones que pueden quedar obsoletas en cualquier momento, lo que implica mantener un importante grado de flexibilidad en la organización y en la toma de decisiones.

Yo, por si las moscas / VUCA, siempre meto en la maleta un juego extra de ropa interior.

28 marzo, 2010 | 10:50

El pasado 25 de Marzo, el World Economic Forum (sí, los de Davos) e INSEAD (una de las mejores escuelas de negocios europeas y del mundo) publicaron su noveno "Global Information Technology Report". En esta novena edición (2009-2010) este informe repasa la capacidad de las naciones de aprovechar las TIC (tecnologías de la información y el conocimiento) como motor de crecimiento y desarrollo. Esta potencialidad la resume en el "Networked Readiness Index", que clasifica a los 133 países estudiados, y los resultados para España (esta España mía, estas españas nuestras... aunque no sé si se escriben con mayúscula) son un tanto preocupantes.

Para empezar, estamos en el puesto 34... casualmente, igual que nuestro prefijo internacional. Y no hemos mejorado apenas: éramos 34 el año pasado, pero 31 hace un par de años, y somos el 33 de nuestro grupo (High Income), lo que quiere decir que sólo nos sobrepasa un país de "ingresos medios", Malasia (en el puesto 27). Como consuelo, Italia está en el 48, Grecia en el 65... pero Portugal en el 33. El número 1 lo ocupa Suecia, que reemplaza a Dinamarca en lo más alto del podio, en el le acompañan Singapur (2º) y la antes citada Dinamarca. El "top 10" lo ocupan los "sospechosos habituales", es decir, los países nórdicos (Finlandia, Noruega), los EE.UU. (quintos), Suiza, Canada, Hong-Kong y Holanda. Me imagino que un buen investigador trazaría una relación directa, entre la media de precipitaciones en forma de nieve de los países y su capacidad tecnológica, y descartaría a los orientales como un error estadístico (disculpad la broma, es una pequeña rebelión ante la disciplina de mis estudios de doctorado. Gracias).

Al final del estudio, se puede acceder a la tabla que compila la clasificación de cada país en cada uno de los 68 indicadores, clasificados en 9 apartados, y ahí es donde se pueden ver observar aspectos interesantes... y preocupantes.

- Siendo los número 34, estamos los 81 en "Individual Readiness", que recopila los factores relacionados con la capacidad de los ciudadanos de impulsar la innovación. Y lo que nos hunde en este apartado es un 99 en "Quality of Math and Science education" (peor aún que el que el 78 en "Quality of Education System"), un 112 en "Residential telephone subscription" (lo que nos cobra, mayoritariamente Telefónica, por nuestras líneas) y un 104 en "Mobile cellular tariffs" (lo mismo de antes, para los móviles). Curiosamente, y a pesar de nuestras quejas, en "Fixed Broadband Tariffs" sólo estamos en un dignísimo 23.

- Y siguiendo con el aspecto de la "Readiness", mientras los negocios están en un correcto 29, el gobierno y las instituciones gubernamentales caen hasta un triste 72. Albania, Tanzania, Panamá, Armenia, Sudáfrica, Malawi y Georgia puntúan mejor que nosotros en la prioridad de las TIC en la políticas gubernamentales. Da que pensar.

- Los aspectos más interesantes aparecen en la parte de "Environment component". La puntuación global es un correcto 34 (en la media de nuestra puntuación) pero algunos índices vuelven a dar que pensar (y ya casi duele la cabeza). En primer lugar, en "Burden of Government Regulation", o lo que pesan los procedimientos y las normativas gubernamentales, estamos en el puesto 105 (por delante de Vietnam y después de Burundi). En "Time Required to Start a Business" estamos en el puesto 112 (acompañando a Bangladesh y Bolivia), con 47 días, y en "Number of Procedures required to start a Business", en el 93, con 10 procedimientos (los mismos que Pakistan o Timor). Y siguiendo con las instituciones, el sistema legal español se lleva un severo varapalo, ya que en "Efficiency of Legal Framework in settling disputes" aparecemos en el puesto 66, y lo que es peor, en "Number of Procedures to enforce a contract", en el 80 (eso son 39 procedimientos). Parece mentira, pero el WEF confirma la vieja maldición española de "Pleitos tengas, y que los ganes".

- El último sector que sale tocado del estudio, es el educativo. En gasto en educación, estamos en el puesto 72, con un 3,92% del GNI (algo parecido al PIB), lo que debe influir en la "Quality of Scientific research institutions", en la que caemos 10 puestos respecto de nuestra media, hasta un 44º puesto.

En resumen, nuestra posición sería un 29 si nos referimos al uso que hacemos los ciudadanos, las empresas y el gobierno de las TIC, y caería hasta un 54 si analizamos lo preparados que están estos mismos agentes para aprovechar el impulso de las mismas. Todo ello se consolida en un 34 cuando estudiamos en entorno, y dentro de este, a nivel infraestructuras estaríamos en un 29, pero la capacidad del mercado y el entorno político y legal nos hacen bajar hasta la clasificación que ocupamos.

Mi impresión general coincide con lo que he observado de este país y de sus ciudadanos, cuando nos hemos podido comparar con los de fuera. En el plano individual (como personas o como empresas) somos "geniales", ni muy formados ni muy rigurosos, pero con capacidades para competir con el que haga falta, y salir dignamente de ello. Y lo que nos falla son las instituciones: educación, administración y justicia. Y estas son el caldo de cultivo, la tierra fértil en la que deben crecer nuestras empresas y nuestras iniciativas. Si sigue siendo un desierto pedregoso (¡47 días para abrir un negocio!) seguiremos siendo un país poco competitivo y cada vez más pobre.

Y la responsabilidad de cambiarlo es nuestra. Afortunadamente vivimos en un país en el que, ahora, los ciudadanos podemos hacer valer nuestra voz, para que la educación sea una prioridad de los gobiernos, para que las multinacionales españolas no nos asfixien con tarifas exorbitantes, para que la justicia sea por fin un derecho para todos los españoles y para que las distintas administraciones sirvan a los ciudadanos y las empresas, en vez de ponerles palos en las ruedas.

A ver si el año que viene ya no puedo decir que tenemos la misma clasificación que nuestro prefijo de país, y hemos subido al menos al nivel de Bélgica (32) o incluso al de Holanda (31).

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06 febrero, 2010 | 08:16

Para alguien que como yo se gana la vida enseñando Marketing, juntar más de dos letras p en una frase es peligroso.. y aun así, estas tres palabras contienen en mi opinión la esencia del debate de estas últimas semanas sobre el futuro de las pensiones en España.

Tengo que empezar confesando que yo nunca me he creído esto de un trabajo para toda la vida, y le echo la culpa a tres momentos:

1.- La crisis... de los noventa. Cuando acabé la carrera, el desempleo rozaba el 20% en España, y a los jóvenes se nos impulsaba a hacer una carrera "que tuviera salida" y a aceptar luego trabajos por menos de 100.000 pesetas al mes (eso son 600€) a pesar de que tuviéramos un título superior bajo el brazo.

2.- La lectura del libro "The End of Work" de Jeremy Rifkin... publicado en 1995, y que empezaba a hablar de una nueva organización del trabajo y de como los empleados deberíamos analizar cuál es nuestro papel en este nuevo paradigma... vaya, ya lo he dicho.

3.- Y por último, el artículo de Daniel Pink en Fast Company de Diciembre de 1997 "Free Agent Nation", en el que por primera vez oí hablar de un nuevo modelo de trabajo, basado en el auto-empleo (self employement) y en perseguir lo que a uno de verdad le gusta hacer, manteniendo un equilibrio envidiable entre el trabajo y la familia... algo con lo que soñar cuando uno trabajaba sesenta y setenta horas semanales en algo para lo que estaba, como decía el anuncio de aquellos tiempos, "sobradamente preparado".

Hecha esta confesión, entenderéis que mi comentario al debate sobre las pensiones de la última semana sea que las pensiones no importan... lo que importa de verdad, y el debate en el que deberíamos poner nuestras energías ahora es ¿Qué trabajos habrá en el futuro?. Porque los trabajos de hace dos años no van a volver.

Recuerdo una clase del profesor Jeff Rosensweig en Emory (Atlanta, EEUU) en el mes de Mayo pasado, en la que nos enseñaba a un grupo de españoles la pérdida de empleo industrial en los EEUU durante las últimas décadas, y como esos empleos se habían convertido en empleos en el sector de servicios, y como el país se había convertido en una "service economy". No he visto un gráfico similar para la economía española (aunque seguro que mi colega Xavier Mena tiene uno entre sus estupendas presentaciones) y me da la impresión de que el los 90 liquidamos en España gran parte de los empleos industriales que teníamos, que convertimos en empleo en ladrillo en los 00s, y que ahora convertiremos en...

Y la verdad es que no lo sé. Tengo la (otra vez) la impresión de que la riqueza que se generó en los años de bonanza pasados, en vez de invertirse en productividad (la tercera P, ya han salido todas) en las empresas (mejoras de equipos, de procesos, en formación) se gastó en consumo, en vivir, como he oído decir estos días "por encima de nuestras posibilidades" (y aquí probablemente Xavier Mena me podría ayudar con algunos gráficos de evolución del consumo en España, y de nuestra balanza de pagos).

Creo que con lo que nos encontraremos en el futuro es con un nuevo paradigma. La organización empresarial y los trabajos "tradicionales" de la segunda mitad del SXX y de estos primeros años del XXI, darán paso a una nueva manera de organizarse y de estar empleados, basada en una asociación más libre entre empleados y empleadores. Este fenómeno, visto desde los dos lados de la mesa de negociación laboral, se define como "flexibilidad" (por los empresarios) o "precariedad" (por los empleados) y va a ser muy duro para muchas personas. En vez de tener la tranquilidad que nos proporcionaba un entorno estable y protegido por las leyes laborales, vamos a tener que aprender a vivir con la incertidumbre de que el trabajo se puede acabar mañana... y que pasado mañana no sabremos lo que vamos a tener. Y esto no sólo estará provocado por un cambio en la organización de las empresas, si no también por el tipo de trabajos que habrán, ya no en fábricas, ni con altos requerimientos técnicos, si no en servicios, con requerimientos muy distintos. A mí esto me da escalofríos... estos días estoy devorando (de avión en avión, y en las esperas en los aeropuertos) el estupendo libro de Dennis Lehane "The Given Day" ("Cualquier otro día" en castellano), en el que se narran las condiciones de trabajo en los años posteriores a la gripe española en los EEUU (1918) y no sé si podríamos vivir de esa manera... y nos acercamos peligrosamente, un siglo después.

Pero el objetivo de este post no era asustar a nadie... eso ya lo hacen otros. Era plantear un nuevo debate, con dos "Ps" distintas:

- Productividad: Creo que este es el gran desafío para las sociedades de nuestro siglo. ¿Cómo vamos a ser más productivas? En España hemos perdido un tiempo precioso y ahora nos encontramos en el vagón de cola en cuanto a productividad. Y aun así creo que, con los medios necesarios, los españoles somos personas tremendamente ingeniosas y productivas, lo he visto una y otra vez en Universidades... en el extranjero. Si damos el salto hoy, salvaremos a nuestra sociedad para el futuro, con mejores trabajos y mejor pagados. Si no... 1920. Y la manera de hacerlo: invirtamos el dinero que ganamos en los último años en equipamiento y en formación... así de sencillo.

- Paradigma: Y aun así, tendremos que acostumbrarnos a trabajar de manera distinta, a que no sea el estado (las Pensiones) o una empresa la que defina nuestro futuro, si no que lo hagamos nosotros mismos, como agentes económicos "completos" y no simples asalariados (y esto va especialmente a los lectores de este blog, por el perfil que os supongo por el hecho de leerlo, en un ordenador y en las páginas de un periódico económico). Empresas y "trabajadores" tendremos que aprender a vivir nuestras relaciones en términos de igualdad (el trabajador como "micro-empresa") y de cambio (asociaciones temporales para proyectos concretos). Esto tendrá sus ventajas y sus inconvenientes, y ambas partes (y a las empresas "tradicionales" les va a costar también mucho adaptarse) les requerirá esfuerzos. Sobre este tema os recomiendo el estupendo post de Tammy Erickson en la Harvard Business Review "Five Changes in the Way we Work".

El futuro está aquí, y nos va a cambiar... mejor será que estemos preparados para ello.

20 enero, 2010 | 16:04

En una conversación reciente con un amigo, que está estudiando filosofía, este me comentó un experimento sobre decisiones morales. Este experimento consiste en preguntar a una persona lo que haría en dos situaciones hipotéticas (no, no se reproducen las situaciones para darles más realismo, podéis estar tranquilos).

La primera es la siguiente. Estas en puente sobre un cruce de vías, en una de ellas hay cinco personas trabajando, reparando los raíles, y en la otra sólo hay uno. A tus espaldas oyes que se acerca un tren a toda velocidad, y que se dirige hacia la vía donde están trabajando los cinco operarios, que no tienen ninguna posibilidad de darse cuenta de que el tren se aproxima. Tú tampoco puedes hacer nada por detener el tren o avisar a los operarios, con lo que en breve el tren llegará hasta donde están y los atropellará, matándolos a todos. La única opción que tienes es activar una palanca que hay en el puente, y que desviará el tren a la otra vía, en la que solo hay una persona, que tampoco puede darse cuenta de que se acerca, y a la que tampoco puedes avisar, con lo que el tren, si va por esa vía, acabará matando al operario. La decisión que tienes que tomar es ¿Activarías la palanca, y matarías a una persona, para salvar a cinco?. Cuando se plantea esta cuestión, en todos los experimentos que se han hecho, nueve de cada diez personas contestan que sí, independientemente de la procedencia social, el sexo o la edad.

La cosa se pone más interesante en la segunda situación. Estás en el mismo puente, con las mismas cinco personas trabajando en la vía (ahora ya no hay dos vías, solo una) y el mismo tren que se acerca furiosa e inexorablemente. En el puente ya no hay una palanca, si no que a tu lado, contemplando la escena contigo hay otra persona, de un tamaño considerable. Tan grande es esta persona, que si la empujas por encima de la barandilla del puente y cae en la vía, al chocar el tren con su cuerpo éste detendría su avance y salvarías a las otras cinco personas que están trabajando en la vía. La aritmética es la misma, la muerte de cinco personas contra la muerte de una sola. Y al preguntar si empujarían a este individuo para salvar a los otros cinco, nueve de cada diez personas dicen que no, que no lo harían, y esta respuesta también es consistente en todos los grupos a los que se ha planteado el experimento (e incluso por internet).

Lo que es más curioso todavía es que, cuando se les pregunta a las personas que han dicho que sí en la primera situación y que no en la segunda, éstas no saben explicar cuál es la diferencia ... simplemente les parece que está "mal". Parece que nuestro sentido moral depende de una palanca.

Siguiendo con esta conversación, mi amigo que está estudiando filosofía me explicaba que parece ser que cada vez hay más consenso en la comunidad científica (neurólogos, sociólogos, psicólogos y antropólogos) sobre el hecho de que algo de nuestro sentido moral está inscrito en nuestro código como especie, y que es algo que compartimos con los primates más "avanzados" (chimpancés y gorilas sobre todo). Y que la clave de esta moralidad "primate" ("no hacer daño gratuitamente a los demás", "no matar al prójimo") está relacionada con nuestra común capacidad de sentir empatía.

La conversación con mi amigo siguió sobre como este descubrimiento puede explicar el que personas "normales" olviden su moralidad "instintiva" mediante dos simples manipulaciones: en primer lugar una aritmética de la urgencia ("o ellos o nosotros", "el bien superior"), a lo que se le suma una "palanca", algo que les permita separarse de la empatía, que les permita no enfrentarse directamente a la persona (un ordenador en el que apretar un botón, un procedimiento, un "enmascaramiento" del proceso de decisión). Estuvimos hablando de la Alemania nazi, de los verdugos en los EEUU, de otros experimentos ...

Y cuando corría esta mañana, me puse a pensar ¿Qué tipo de "palancas" ponemos en la empresa? Y se me ocurrió que a muchos departamentos de RRHH se les ha hecho jugar este papel, y también a procesos administrativos ... que nos permiten convertir a la empresa en un lugar menos humano. Porque lo que la palanca hace es eliminar la culpa, el malestar de haber obrado en contra de nuestra "humanidad", y que es en definitiva lo que nos hace humanos.

Es duro tener que tomar decisiones que nos duelen (despedir a alguien, no aceptar una propuesta, dejar de trabajar con un proveedor) y lo fáciles escondernos y alejarnos con una "palanca" que tengamos construida en nuestra organización. Y las personas, los humanos, lo somos cuando somos capaces de no huir del dolor que viene de le empatía, de asumirlo y de aprender de ello. Si no hay sufrimiento, si no cuesta, no aprenderemos nunca el precio que tenemos que pagar por tomar determinadas decisiones, lo que nos hará tomarlas a la ligera y equivocarnos haciéndolo.

A mi esta cuestión me ha dado mucho que pensar, y espero que también os lleve a reflexionar a vosotr@s.

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14 enero, 2010 | 11:01

La imagen que acompaña a este post es el resumen de un estudio realizado por la Universidad de California en San Diego, sobre la evolución del consumo de información de los estadounidenses desde 1980 hasta ahora. Según este estudio, el consumo de bytes de un norteamericano medio se ha incrementado en un 6% anual en estos 28 años, llegando a principios del año pasado a los 34 Gigabites al día ... el equivalente a 50 CDs de información ... al día.

Este estudio no nos da una cifra precisa del ritmo de crecimiento del aluvión de datos con el que nos enfrentamos, y cabe esperar que este ritmo se haya incrementado en la última década, y se vaya a acelerar en la próxima. Y este estudio solo contempla los datos consumidos por los hogares, no tiene en cuenta la información consumida por las empresas, las organizaciones diversas y la intercambiada entre máquinas, sin ningún tipo de intervención humana (un pequeño escalofrío a lo "Terminator" al escribir esta última frase).

La década de los 10 va a ser sin duda la década de la información. Tenemos hoy en día una capacidad, mucho mayor que la que tuvimos en cualquier momento de nuestra historia como especie, de producir, recoger y analizar datos. El desafío es conseguir convertir esos datos en información, y esa información en conocimiento. Para ello el principal reto es la relevancia ¿Cómo decidir qué datos, qué información es la que me va a dar las claves para analizar los fenómenos que me preocupan en cada momento? Y esta pregunta es importante en todos los ámbitos de nuestra vida: desde la medición de la efectividad de una campaña de marketing (en lo que soy especialista) hasta en una discusión con tu pareja sobre quién se ha "currado" más los cambios de pañales del bebé (en esto seré especialista en breve ... y si no creéis que es posible, aquí tenéis un estupendo artículo al respecto). Y la relevancia no es un aspecto que nos van a solucionar las máquinas (están demasiado ocupadas preparando la rebelión contra la humanidad, ya sabéis, en el 2018), si no que es algo en lo que debemos ocuparnos, usando la lógica y nuestro conocimiento de los fenómenos que estudiamos. Es por ello que las habilidades propias de un investigador serán cada vez más valoradas por las empresas y las organizaciones, que necesitarán cada vez más personas que les ayuden a dar sentido y des-enmarañar la madeja de datos (y una de las precursoras en ello es ... Google ¿os suena?).

Además de la relevancia, otro de los aspectos clave a la hora de trabajar con los datos será el análisis y la interpretación de los mismos. ¿Cómo conseguimos información que sea "comunicable" y "entendible"? Si para el análisis de los datos, para asegurarnos de su relevancia y poder convertirlos en modelos aplicables a los fenómenos que estudiemos (eficiencia publicitaria o Diaper Dificulty Number) necesitaremos a investigadores y cientificos, que nos darán el "Making Sense" de los datos, para el "Making Meaning", es decir para entender y comunicar esa información, necesitaremos otro tipo de habilidades. Esas habilidades son las de los expertos en convertir conceptos en signos, que lleguen directamente a nuestros cerebros, tanto el emocional como el racional. Y a esa gente les hemos llamado tradicionalmente "artistas". Uno de los ejemplos más interesantes de este fenómeno está en la web vi.sualize.us, en su apartado de visualmaps, con gráficos que muestran como se pueden representar conceptos de información complejos (búsquedas en web, temas en twitter, ...) de manera gráfica y mucho más "entendible". Aunque mis favoritos son los "infographics" de FastCompany, estupendas visualizaciones sobre temas como el consumo de información por parte de los estadounidenses (que reproduzco aquí abajo) o el valor real de formarse en la universidad en los USA (da que pensar sobre nuestra España).

Con lo que la receta para digerir la avalancha de información de esta próxima década (y de las que vienen) sería algo así como echarle a la sopa de datos dos cucharadas de investigador, y un chorrito de artista, y remover hasta que quede con la consistencia deseada.

Que aproveche.

Nota: no os toméis en serio las referencias apocalípticas ... son solo travesuras de un fan de "Terminator" haciendo un pequeño homenaje a la serie, ahora que su creador, James Cameron se ha vuelto a poner de moda.

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08 enero, 2010 | 06:49

Antes de empezar la serie de desafíos del 2010, un pequeño post de "calentamiento", sobre el eterno debate de los estándares en tecnología.

Ahora que se está celebrando en Las Vegas el CES (Consumer Electronics Show), una sombra amenaza a los e-books y al cine en 3D, dos de las categorías más prometedoras de la electrónica y del consumo de cultura en la próxima década: los estándares.

Y es una sombra vieja y conocida ... ¿Quién no se acuerda de la batalla en los 80 entre VHS, Batamax y 2000? ¿Quién no ha sufrido en el pasado con un aparato de TV español en Francia, o Norteamericano en Europa? Y más recientemente, la guerra entre los formatos de vídeo en alta resolución, el HD-DVD (capitaneado por Toshiba y Microsoft) y el Blu-Ray (liderado por Sony, Philips y con aliados en productores de contendidos como la 20th Century Fox). Al final parece que la batalla la ha ganado el Blu-Ray, pero la guerra la han perdido todos. Desde su lanzamiento en el año 2006 y hasta el abandono del HD-DVD en el 2008, los consumidores han sido reticentes a aceptar los nuevos estándares. La duda sobre por qué formato apostar ha hecho que todos (fabricantes de Hardware y productores de contenidos) perdieran un tiempo precioso, en unos años de bonanza económica, y que cuando por fin un formato saliera vencedor (el HD-DVD se retiró de la batalla el 19/03/2008) la crisis hiciera que el ganador no pudiera cosechar los frutos de su victoria (las ventas de reproductores de Blu-Ray en los EEUU apenas crecieron un 2% en el mes de Marzo del 2008 respecto al mes de Febrero del mismo año). Una victoria pírrica.

¿Y quién ha ganado la guerra entonces? Por un lado la piratería (los "carroñeros" de la industria) y por otro lado, el streaming de contenidos a través de Internet. En in momento de recesión, tenemos a consumidores despistados, desconfiados y cansados por un lado, y a fabricantes de hardware y productores de contenidos agotados financieramente y con escasa credibilidad para poder tirar de la industria, por el otro lado. El terreno está abonado para que llegue un tercero, y se lleve todo el pastel (¿Apple?¿Netflix?¿Amazon?). Y en todo esto, habremos perdido dos años preciosos ... como decía el NY Times en su artículo de Marzo del 2008 "The future has been delayed" (El futuro ha sido retrasado).

Y con esta misma situación parece que nos encontramos con los e-books y con el cine en 3D. En este caso, los distintos ejércitos están llegando al campo de batalla, y empiezan a plantearse las alianzas para la misma. Por un lado tenemos a Amazon, con su Kindle, enarbolando orgullosamente el haber vendido más e-books que libros "físicos" estas navidades. Del lado de los "retailers" tenemos también el Nook de Barnes & Noble, con inicios más modestos, y con la misma filosofía (hardware para que accedas a mi librería electrónica y que sólo puedas comprar mis e-books). En el otro lado están los fabricantes de hardware (los Sony, Papyre, etc.) con formatos más abiertos y sin la capacidad de ofrecer los libros "per-se", y por ello bastante nerviosos. Y contemplando la escena, los consumidores, dubitativos y cada vez más desconfiados.

En el cine en 3D, el gran salvador de la industria, frente a la piratería de DVDs y al "cine en casa" en general, parece que se está presentando una batalla similar. Cuatro estándares compiten por apoyar sus gafas en las narices de los espectadores de películas en 3D, XpanD (que cuestan hasta 50 US$), RealD (el líder del mercado, y cuyas gafas os habéis puesto para ver "Avatar"), MasterImage (similares a las de RealD, con un coste inferior a un dólar) y finalmente los laboratorios Dolby (sí, los del sonido envolvente, con un modelo que cuesta 28 US$). La clave en esta guerra es la "capacidad instalada", es decir, el número de salas que se equipen con un sistema u otro para proyectar y visionar películas en 3D, porque, sí, lo habéis adivinado, los cuatro sistemas son incompatibles, y ninguno de ellos, según Joe Miraglia, director de construcción y diseño de la cadena de salas de cine de lujo ArcLight en Holliwood, ofrece una calidad marcadamente superior respecto a los otros, en lo que el consumidor pueda apreciar.

La cuestión es ¿Perderemos otros dos o tres años en estas dos nuevas categorías? No lo sé, pero si sucede, será única y exclusivamente culpa de los actores en estas industrias. Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra ... y cuando ya vamos por la sexta o séptima vez, creo que deberíamos hacer honor a nuestra inteligencia, y aprender de nuestros errores. Los estándares cerrados, en cualquier tipo de industria son contraproducentes para el crecimiento de la misma ... volviendo a los dichos populares, son pan para hoy y hambre (incluso muerte por inanición) para mañana. La clave en estas guerras está en los productores de contenidos. Señores que "hacen" películas y libros, pónganse de acuerdo en un estándar en el que lanzar sus creaciones, y obliguen a los fabricantes de máquinas a trabajar con él, porque si dejamos que sean ellos los que decidan este asunto, podemos esperar sentados, y ver como algún tercero nos roba el pastel.

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05 diciembre, 2009 | 09:41

Esta semana se ha armado un enorme revuelo con el enfrentamiento entre el ministerio de cultura y un grupo de internautas, a raíz de un proyecto de ley que pretende acabar con la piratería de contenidos culturales en internet. Desde un punto de vista de management, lo que alimenta este conflicto es simplemente un cambio en los canales de distribución, o dicho de una manera más precisa, de estrategia de llegada al mercado (go-to-market strategy).

La explosión de las tecnologías de la información y el conocimiento en los últimos diez años, cuya fórmula sería algo así como: mayor y más veloz transmisión de datos (ancho de banda internet) + mayor y más veloz capacidad de tratamiento de datos (procesadores más baratos y más rápidos) + mayor capacidad de almacenamiento de la información (coste del GB de almacenamiento decreciente), ha revolucionado los sectores cuyo valor se podía reducir a información en unos y ceros, es decir en contenidos digitales (la música, y también las imágenes y pronto los libros, la educación ...).

En la música, por ejemplo, y para determinados segmentos de consumidores (especialmente los mas versados en tecnología), frente a la forma de llegada al mercado tradicional, que sería algo así como: músico, que graba en unos estudios, que cede derechos a una discográfica, que "fabrica" el medio físico de distribución (disco de vinilo, cinta de cassette, cd) y que pone a disposición de todos nosotros mediante una red de tiendas, las TIC han abierto una nueva alternativa. Empezando por la creación, existe la posibilidad de que los músicos graben ellos mismos su música, directamente en soportes digitales. El precio de los equipos necesarios para ello (básicamente capacidad de tratamiento de datos y de almacenamiento) ha bajado hasta convertirlos en "electrónica de consumo" (según la clasificación de los supermercados). Y una vez los contenidos están en soporte digital, internet (esencialmente mayor y más veloz transmisión de datos), y todos los servicios asociados a ella (páginas web que sirvan de "tienda virtual", medios de pago por internet) permiten que ciertos segmentos de consumidores tengan acceso a estos contenidos. Y una vez en manos de los consumidores, otra vez la "electrónica de consumo" (tratamiento de datos y capacidad de almacenamiento) les permite disfrutar de estos contenidos ... en cualquier lugar.

¿Qué hacer entonces cuando la manera de llegar al mercado cambia radicalmente? La clave es pensar en segmentos y en propuesta de valor. La pregunta que se deben hacer los miembros del canal es ¿Qué valor aporto yo, y todos los demás actores, a la solución final? y ¿Para qué segmentos de consumidores? Los músicos, las discográficas y las tiendas de discos deberían hacerse estas preguntas y re-configurar sus negocios para seguir siendo relevantes en el mercado.

Desde el lado de los músicos, hay algunas experiencias que empiezan a marcar el camino:

- El grupo británico Radiohead lanzó su último trabajo, "In Rainbows" directamente en su página web, pidiendo a las personas que se lo descargaban que pagaran por él "lo que consideraran justo". Yo pagué siete euros, y parece ser (el grupo no ha revelado los datos de esta experiencia) que la media de los que se descargaron el disco estuvo en los cinco euros, y que el grupo ganó dinero con esta experiencia. El "disco" ha estado luego disponible en tiendas de "bits" (iTunes) y en soporte físico en tiendas "de ladrillos" (las de la calle).

- Otra experiencia interesante es la de Josh Freese y los "1.000 fans auténticos de Kevin Kelly". La propuesta de este artista es que su trabajo "I Don't think that's OK" era accesible gratis en su web, y que además de la simple música, había construido una escala de propuestas de valor crecientes. Empezaba por álbum + tres vídeos por siete US$, seguía por CD (físico) + una camiseta + una conversación telefónica con el artista por cincuenta dólares y acababa por el CD + un viaje a Tijuana con el artista por 75.000.

Yo personalmente me estoy planteando comprar el "box set" de los Pixies "Minotaur", que cuesta sobre los doscientos dólares ... y eso que ya tengo casi todas las "canciones" en formato digital ... porque lo que estoy comprando no son canciones, es un pedazo de mi adolescencia.

Y sobre la piratería, solamente comentar que un reciente estudio del Global Web Index (una colaboración entre el instituto de investigación de mercados Lightspeed Research y Trendstream) conluye que:

- Lo que mueve a muchos de los consumidores a "bajarse" contenidos ilegalmente, de redes P2P (Peer to Peer, o de usuario a usuario) no es tanto el no querer pagar, como el no tenerlo disponible inmediatamente en un lugar (una tienda) a la que puedan acceder ... una cuestión de canal.

- La aparición de servicios de "streaming" (música que puedes escuchar libremente, sin necesidad de descargarla) como Spotify, Pandora (o YouTube y Hulu en vídeo) ha contribuido a hacer disminuir los índices de piratería. Como dice Tom Smith, Managing Director de Trendstream "Why pirate when you can stream?".

No sé qué tipo de medidas o qué ley puede solucionar el conflicto. Lo que sí sé es que tal vez el reconocer que esto no es más que un cambio en el modelo de producción y de consumo de contenidos, ayude a quitar hierro al asunto, y que tal vez sea más productivo sentarnos a hablar de cómo cada uno de los actores del canal pueden aportar valor en el nuevo contexto tecnológico, en vez de defender con leyes un modelo en crisis.

24 noviembre, 2009 | 18:16

Estos últimos días se está hablando mucho de si crecemos o no (perdón, de si hemos dejado de decrecer o no) y de cuál tendría que ser el "modelo de crecimiento" de España, después de la recuperación ... todo muy complicado. Y como economista (aunque no ejerzo, soy Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, y lo mío siempre ha sido vocacional), me faltan algunas consideraciones en este debate:

La primera es ¿Qué es el crecimiento? Y aunque parezca que hay mucho consenso al respecto, creo que es interesante que echemos un vistazo a la cuestión, desde la perspectiva que propone Mike Mandel en las páginas de Business Week. En un estupendo artículo (de hecho una "cover story") del pasado 29/10 titulado "The GDP Mirage", Mike exponía lo siguiente: Aunque la alegría parezca haber vuelto a la economía americana en las últimas semanas, con tasas de crecimiento del PIB (el GDP del título) del tercer trimestre por encima del 3,5% ¿Tenemos motivos para estar contentos?¿Qué está midiendo el PIB? La respuesta de Mandel es que el PIB mide ventas de coches, compras de máquinas ... pero no mide las inversiones en I+D de las empresas. Por la manera en la que se calculan las estadísticas de las grandes cifras de producción y de consumo en los EEUU, en ellas no entran ni las inversiones en formación de empleados, en programas de Innovación o en desarrollo de nuevos productos. Toda esta generación de intangibles que sustentan la I+D se le escapan a la contabilidad nacional, y no se reflejan en el PIB (GDP en este caso).

Y cuando Mandel ha investigado se ha dado cuenta de lo primero que muchas empresas (en los EEUU) han hecho para volver a los "números negros (en oposición a rojos)" ha sido recortar precisamente esos gastos. Para dar algunos datos, el empleo de científicos e ingenieros en el último año, cayó un 6.3% en los EEUU, frente a un 4,1% del total de empleados. Y en los últimos tres trimestres, los gastos en I+D de compañías como Alcoa, Texas Instruments o Johnson & Johnson han caído entre un 13 y un 36%, y las inversiones de los "Venture Capitalists" (muchas de ellas orientadas a la financiación de start-ups y de empresas innovadoras) se han quedado en 12.000 millones de dólares ... frente a los 22.000 del 2008.

Ante estos datos contradictorios (PIBs / GDPs que parecen empezar a desperezarse, e inversiones en I+D que siguen cayendo), Mandel (y yo con él) se hace la siguiente pregunta ¿Hacia qué recuperación nos encaminamos?. Y me temo que la respuesta es que no lo sabemos ... respuesta de economistas. Y lo tremendo es que la contabilidad nacional no tiene estadísticas de inversión en I+D que se puedan seguir y analizar (en los EEUU estarán disponibles ... a partir del 2013). Y como decía Peter Drucker "Lo que no se mide, no se gestiona".

Nos hemos cansado de oír, en conferencias de "motivación" diversas, que el ideograma chino de crisis contenía la grafía de "oportunidad" dentro del mismo. Y como dice Clay Shirky en su "Here Comes Everybody" (ver mi post de hace unas semanas) "Cuando nos deshacemos de costes "viejos", el tiempo y el dinero que nos ahorramos puede ser invertido en cosas nuevas, cosas que eran impredecibles en el antiguo régimen". Una nueva economía está a nuestras puertas, basada en el conocimiento, y en una nueva manera de generarlo y de compartirlo ... y necesitamos las inversiones necesarias para hacerla realidad ... que ese dinero que se ha generado al deshacernos de "costes viejos" se invierta en I+D. Porque si no lo hacemos nosotros, lo harán otros.

¿Cómo se decía CV en Chino?

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