Sobre el autor

Jaime Castelló es profesor del Departamento de Dirección de Marketing de ESADE Business School y Director Asociado del Executive MBA de ESADE en Madrid.

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21 junio , 2010 | 13 : 07

Haiti, año 0

Hace seis meses y unos días que a los haitianos se les paró el reloj... definitivamente. Aquella catástrofe, sucedida el 12 de Enero pasado, pocos minutos antes de las cinco de la tarde (hora local) ocupó las portadas de los periódicos y otros medios durante muchos días, y luego, poco a poco, fue moviéndose hacia el interior de los diarios y hacia el final de los programas, hasta desaparecer finalmente de los medios... y de nuestras conciencias. Tengo que reconocer que yo también me había olvidado, hasta que escuché el genial podcast de "This American Life" titulado "Island Time", con tres estupendas historias sobre Haití, ahora, más de seis meses después del desastre. Las historias, como siempre en TAL son emotivas sin ser dramáticas y gratuitas, y siempre, siempre me hacen pensar. Y aquí están mis reflexiones:

- Un cálculo estremecedor... uno de los entrevistados en una de las historias, un oftalmólogo de Port-Au-Prince, un genio, según su amigo americano, que es quien cuenta la historia, hace el siguiente cálculo: Dios (esas son sus palabras) da 205 años a quien sea que la gobierne para hacer algo con Haiti, y cuando fracasa, se la quita y se la da a otros. Los españoles la tuvieron 205 años, luego los franceses, y luego los haitianos (1804 - 2009)... y se pregunta ¿quién viene ahora? Tal vez los americanos, tal vez las ONGs, que convertirían a la isla en su particular "campo de entrenamiento".

- La cultura de la ayuda. El reportaje más estremecedor de los tres, al menos para un economista, es el que intenta averiguar cómo, después de años y años de ayuda, con más de 10.000 ONGs en su territorio, Haití era, hasta el día del terremoto, uno de los países más pobre del mundo. Lo que se acaba sacando en claro de este reportaje es que estas ONGs, poniéndose por delante de los haitianos para solucionarles los aspectos más básicos de sus vidas, acabaron por instaurar una "cultura de la ayuda" que terminó de desmontar la poca vida económica que quedaba en la isla. Es angustioso escuchar a uno de los responsables de las ONGs decir que, como estuvieron años y luego meses, repartiendo agua y comida gratis, los agricultores perdieron el incentivo para plantar sus cosechas, y traerlas al mercado, y ellos entraron también en el ciclo de la ayuda. O como el 70% del reparto de agua en Port-Au-Prince lo hacía una pequeña flota de camiones cisterna, que operaban como pequeños negocios, recorriendo las calles vendiendo agua potable... y que ahora se han quedado sin tabajo, y sin sustento, con la llegada de las ONGs, que reparten el agua gratuitamente. Años y años de estas prácticas han dejado al país completamente dependiente, y ahora las ONGs no se pueden ir, sin que su marche provoque otra catástrofe, esta vez social y económica... o sin haber puesto solución a los problemas de la isla.

- ¿Qué solución tiene Haití? Es difícil decirlo, pero escuchando las historias atentamente, parece que hay dos áreas que podrían cambiar radicalmente el tenebroso futuro de Haití. La primera son infraestructuras. Uno de los reportajes cuenta la historia de una pequeña agricultora de las afueras de Port-Au-Prince para quien la diferencia entre la miseria (el S XVII, en el que ahora vive) y la subsistencia (pasar al S XX) reside en la construcción de un pequeño canal para regar sus árboles... algo imposible por la falta alguien que se ocupe de ello. Y no sólo me refiero a infraestructuras "físicas" (caminos, canales y puentes) si no también a estructuras económicas básicas, como canales de comercialización (mercados, mayoristas y minoristas). Haití vive en la edad media, y cada vez se va hundiendo más en ella, sin incentivo ninguno para salir adelante. Porque lo segundo sería esto, incentivos, ánimos para construirse su propio futuro. Uno de los entrevistados apunta que las ONGs se han comportado como los antiguos capataces de las plantaciones, dirigiendo y gobernando las vidas de los haitianos, sin preguntarles lo que les hacía falta, solo que con un cambio de intenciones... unos mandaban para lucrarse con el sufrimiento de los haitianos y los otros para ayudarles. El resultado, sin embargo, y siempre según el entrevistado, ha sido mantener a los haitianos en un estado pasivo, incapaces de pensar en lo que ellos podrían hacer para salir de donde están.

Después de escuchar el podcast, he acabado con la impresión de que Haití es un tremendo ejemplo de lo que hemos conseguido los países occidentales (o simplemente ricos) con la manera en el que hemos estado ayudando a los países del tercer mundo en los últimos 20 años. Casos, menos dramáticos que el de Haití, pero parecidos, se pueden encontrar en Africa, en Latinoamérica, e incluso dentro de nuestras barrios y pueblos más pobres (el a veces olvidado "cuarto mundo"). La pregunta entonces, y que tiene difícil respuesta es ¿Qué hacemos ahora? Una opción (la neoliberal a ultranza) sería irse y dejar que los haitianos se ocupen ellos solos de su isla, y que aprendan, de la manera más dura, a apañárselas solitos (el famoso "swim or sink") sin importar el coste en sufrimiento y en dolor que esto pueda ocasionar. Y la otra sería re-dirigir la ayuda humanitaria a las infraestructuras, a la promoción del "entrepreneurship" local, y en general a que los haitianos aprendan a pescar, más que regalarles los peces.

No nos olvidemos de Haití... y de lo que de verdad podemos hacer por ellos.

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