Sobre el "efecto de la palanca", o como deshumanizar la empresa. Un post moral.
La primera es la siguiente. Estas en puente sobre un cruce de vías, en una de ellas hay cinco personas trabajando, reparando los raíles, y en la otra sólo hay uno. A tus espaldas oyes que se acerca un tren a toda velocidad, y que se dirige hacia la vía donde están trabajando los cinco operarios, que no tienen ninguna posibilidad de darse cuenta de que el tren se aproxima. Tú tampoco puedes hacer nada por detener el tren o avisar a los operarios, con lo que en breve el tren llegará hasta donde están y los atropellará, matándolos a todos. La única opción que tienes es activar una palanca que hay en el puente, y que desviará el tren a la otra vía, en la que solo hay una persona, que tampoco puede darse cuenta de que se acerca, y a la que tampoco puedes avisar, con lo que el tren, si va por esa vía, acabará matando al operario. La decisión que tienes que tomar es ¿Activarías la palanca, y matarías a una persona, para salvar a cinco?. Cuando se plantea esta cuestión, en todos los experimentos que se han hecho, nueve de cada diez personas contestan que sí, independientemente de la procedencia social, el sexo o la edad.
La cosa se pone más interesante en la segunda situación. Estás en el mismo puente, con las mismas cinco personas trabajando en la vía (ahora ya no hay dos vías, solo una) y el mismo tren que se acerca furiosa e inexorablemente. En el puente ya no hay una palanca, si no que a tu lado, contemplando la escena contigo hay otra persona, de un tamaño considerable. Tan grande es esta persona, que si la empujas por encima de la barandilla del puente y cae en la vía, al chocar el tren con su cuerpo éste detendría su avance y salvarías a las otras cinco personas que están trabajando en la vía. La aritmética es la misma, la muerte de cinco personas contra la muerte de una sola. Y al preguntar si empujarían a este individuo para salvar a los otros cinco, nueve de cada diez personas dicen que no, que no lo harían, y esta respuesta también es consistente en todos los grupos a los que se ha planteado el experimento (e incluso por internet).
Lo que es más curioso todavía es que, cuando se les pregunta a las personas que han dicho que sí en la primera situación y que no en la segunda, éstas no saben explicar cuál es la diferencia ... simplemente les parece que está "mal". Parece que nuestro sentido moral depende de una palanca.
Siguiendo con esta conversación, mi amigo que está estudiando filosofía me explicaba que parece ser que cada vez hay más consenso en la comunidad científica (neurólogos, sociólogos, psicólogos y antropólogos) sobre el hecho de que algo de nuestro sentido moral está inscrito en nuestro código como especie, y que es algo que compartimos con los primates más "avanzados" (chimpancés y gorilas sobre todo). Y que la clave de esta moralidad "primate" ("no hacer daño gratuitamente a los demás", "no matar al prójimo") está relacionada con nuestra común capacidad de sentir empatía.
La conversación con mi amigo siguió sobre como este descubrimiento puede explicar el que personas "normales" olviden su moralidad "instintiva" mediante dos simples manipulaciones: en primer lugar una aritmética de la urgencia ("o ellos o nosotros", "el bien superior"), a lo que se le suma una "palanca", algo que les permita separarse de la empatía, que les permita no enfrentarse directamente a la persona (un ordenador en el que apretar un botón, un procedimiento, un "enmascaramiento" del proceso de decisión). Estuvimos hablando de la Alemania nazi, de los verdugos en los EEUU, de otros experimentos ...
Y cuando corría esta mañana, me puse a pensar ¿Qué tipo de "palancas" ponemos en la empresa? Y se me ocurrió que a muchos departamentos de RRHH se les ha hecho jugar este papel, y también a procesos administrativos ... que nos permiten convertir a la empresa en un lugar menos humano. Porque lo que la palanca hace es eliminar la culpa, el malestar de haber obrado en contra de nuestra "humanidad", y que es en definitiva lo que nos hace humanos.
Es duro tener que tomar decisiones que nos duelen (despedir a alguien, no aceptar una propuesta, dejar de trabajar con un proveedor) y lo fáciles escondernos y alejarnos con una "palanca" que tengamos construida en nuestra organización. Y las personas, los humanos, lo somos cuando somos capaces de no huir del dolor que viene de le empatía, de asumirlo y de aprender de ello. Si no hay sufrimiento, si no cuesta, no aprenderemos nunca el precio que tenemos que pagar por tomar determinadas decisiones, lo que nos hará tomarlas a la ligera y equivocarnos haciéndolo.
A mi esta cuestión me ha dado mucho que pensar, y espero que también os lleve a reflexionar a vosotr@s.
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