Cuestión de estilos
Un atasco a la entrada de la ciudad en la tarde de domingo es el momento perfecto para oír los podcast que se acumulan por falta de tiempo durante la semana. Ayer me puse al día con This American Life, el programa del imprescindible Ira Glass (Radio Pública de Chicago), maestro de reporteros. En un capítulo titulado “This party sucks” (que se podría traducir como que “este partido es una mierda”), se examina cómo tanto desde la derecha de los republicanos como desde la izquierda de los demócratas, no se puede estar más frustrado con los partidos políticos que dominan la escena estadounidense.
El Tea Party es la expresión organizada de ese descontento en el lado conservador. En el partido demócrata las cosas son más complicadas porque es una organización mucho más compleja…Es decir, más llena de complejos. Ya lo decía el actor y comediante de los años veinte, Will Rogers con sarcasmo: “yo no soy miembro de un partido político organizado, yo soy un demócrata”.
En el programa de Glass, Jack Hitt (que ha escrito para varias revistas en EE UU), trata de desentrañar la razón por la que los miembros de este partido han tratado de huir de las cuestiones que deben caracterizar su política como la reforma de la sanidad, los recortes fiscales a las rentas medias pero no las altas. Hitt se muestra incapaz de entender la falta de mensaje de los demócratas y el estilo suave con el que se enfrentan a la oposición.
Resuelto el atasco, ya en casa, en la televisión el programa 60 Minutes entrevistaba a Obama tras “la paliza” electoral. Y yo no podía dejar de pensar en Hitt.
Preguntado por las negociaciones sobre la ampliación de los recortes fiscales de George Bush que expiran a finales de año, Obama dijo:
“Entiendo que los republicanos tengan un punto de vista diferente y vamos a tener que negociarlo. Estoy abierto, ¿sabe?, a encontrar una manera en la que, ¿sabe usted?, ellos puedan cumplir con sus principios y yo con los míos. Pero para hacer esto tenemos que responder a la pregunta de cómo vamos a pagar por ello. Si de hecho ampliamos esos recortes fiscales tenemos que considerar qué pasará con nuestra deuda y déficit, porque es imposible obviar que va a costar 700.000 millones ampliar esos [recortes a las rentas altas]…” en 10 años.
Aunque los conservadores no tienen una estrategia cerrada sobre este punto, el próximo líder republicano de la Cámara Baja, John Boehner, ha dicho ya que su propuesta es que se extiendan temporalmente los recortes a las rentas altas durante dos años, algo que puede ser un arma de doble filo según se transmita el mensaje. En dos años los republicanos pueden hacer campaña presidencial para mantenerlos aduciendo que benefician a los pequeños empresarios, o pueden ser objeto de la crítica porque tendrán que defender solamente recortes fiscales para los más ricos, algo que puede rechinar en esta atmósfera de crisis.
Ante esto, Obama respondió en 60 Minutes que cuando hay propuestas específicas, “hay bases para una conversación”. Es decir, que no se sabe si se cerrará el acuerdo en los términos propuestos por los conservadores o los que él quiere ya que abrió de par en par la puerta a la negociación. Obama dio una vez más la imagen de suavidad que ha dejado a muchos de sus partidarios alejados de las estaciones de voto en las últimas elecciones.
La entrevista parece sentar el estilo en el que va a gobernar Obama durante los dos años que quedan de legislatura con un Congreso dominado por la oposición. Aunque el presidente defendió con convicción su agenda en la rueda de prensa posterior a las elecciones, todo parece indicar que podría seguir los pasos de uno de sus predecesores, Bill Clinton que en 1996 y tras ver la victoria republicana en el Congreso tendió su mano y dijo que quería, “forjar un asociación que pudiera dar resultados a los ciudadanos americanos”. Clinton salió reelegido.
Pero uno de sus colaboradores, el responsable del departamento de Trabajo, Robert Reich, ha afirmado en todos los medios en los que ha tenido cobertura que la clave del éxito de Clinton no fue pactar con los republicanos (que entonces estaban menos escorados a la derecha que ahora), sino que la economía empezó a repuntar, algo con lo que no puede contar Obama. Reich, que ahora es profesor de Berkely, cree que el presidente tiene que optar por una imagen mucho más combativa y más cercana a sus principios además de volver a dominar la guerra del mensaje político. El ejemplo es Franklin D. Roosevelt, un presidente que no tuvo empacho en sacar adelante con sus propuestas y pelear por ellas en los términos más duros a pesar de que incluso el Tribunal Supremo le canceló muchas de ellas. Roosevelt nunca perdió unas elecciones a la presidencia una vez que fue elegido… y se presentó a cuatro.
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