Sin movimiento
Es muy complicado seguir el paso político de EE UU sin conocer a sus 100
senadores. Sus nombres, sus afinidades políticas dentro de su propio partido,
sus posibilidades de ser reelegidos este año o dentro de dos….El motivo es que es en la Cámara
Alta donde se está estrellando toda proposición o proyecto legislativo que hay
en el país y donde Barack Obama está viendo como su presidencia pierde agilidad.
La polarización y los grupos de presión, ayudados por un sistema en el que las
minorías pueden llegar a ser muy fuertes, están haciendo pensar si el país es
ingobernable a más de un analista político.
El lunes, un día festivo, el senador demócrata por Indiana, Evan Bayh anunció que no se presentará a la reelección. Bayh dijo que toda la polarización de Washington le tenía frustrado porque no se podía hacer nada. “Desde hace tiempo me he ido convenciendo de que el Congreso no está operando como debería”, dijo para explicar su sorprendente retirada. “Hay mucha polarización y no hay suficiente progreso. Demasiada ideologia y estrechez de miras y poca efectividad a la hora de resolver problemas”.
¿Resolverá la marcha de Bayh el problema?
Si es caso, dejará más fácil la victoria republicana en las elecciones de noviembre, fecha en la que se renovará un tercio del Senado. Hay quien cree que tras estos comicios habrá una especie de catarsis. En el Congreso, ya con una mayoría republicana, se empezarán a mover
las cosas porque no habrá más remedio. En definitiva, que quienes ahora dicen
que no a todo (los republicanos) tendrán la obligación de
empezar a mostrar resultados positivos y no solo negativos (evitar que haya
avances legislativos).
Además de Bayh, hay otros demócratas de peso que se despiden del Senado y ponen más fácil aún el camino a los conservadores. No deja de ser irónico que
sean los congresistas de la mayoría los que estén tirando la toalla.
Quienes apoyan esta tesis afirman que en el pasado otros presidentes han
tenido mejor suerte lidiando con un Congreso del color contrario al suyo y que
normalmente el presidente pierde la mayoría en el legislativo a los dos años de
ganar sus elecciones. Puede que la historia se repita.
Christopher Dodd,
otro senador demócrata que no repetirá, está intentando sacar adelante la
reforma de la regulación financiera. Fue en 2007 cuando el sistema empezó a ver
sus límites. En 2008 se comprobó que tras estos límites había un precipicio que se
cobró algunas víctimas. No fueron más gracias a una intervención sancionada
por el Congreso, casi milagrosamente, que ahora sería casi imposible de
repetir. Pese a todo, la reforma no llega.
La aseguradora --cuya matriz, WellPoint ganó 2.700 millones de dólares en el
cuarto trimestre-- argumenta que los incrementos están justificados por que los
costes médicos son más altos y porque debido a la recesión la gente joven, a
priori más sana, está eliminando el coste que supone la poliza y renunciando a los seguros. Como resultado, sus clientes son personas mayores, los que más riesgo tienen y los que están enfermos, es decir los más caros. Al desaparecer los clientes sanos que ayudan a financiar los costes, los que quedan, han de pagar más.
Está por ver que la reforma sanitaria pueda evitar que en plena crisis
alguien tenga que pagar un 25% o un 30% más para poderse permitir estar enfermo
y no caer automáticamente en la bancarrota mientras las aseguradoras siguen
aumentando sus beneficios pero desde luego, hoy por hoy, la cuestión sigue siendo
objeto de debate bizantino y no de acción.
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