Sobre el autor

Ana B. Nieto es corresponsal de ‘Cinco Días’ en EE UU. Madrileña y licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado antes para distintas publicaciones en Valencia, Madrid, y durante un año en el sur de Asia (Indonesia y Tailandia). Aficionada a los viajes y a lectura, especialmente de libros de historia, su asignatura pendiente es aprender árabe.

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    03 febrero , 2010 | 14 : 19

    Primero legalizar, luego fiscalizar

    James Benedetto lo recuerda con nitidez. Noviembre de 1989. Ese fue el mes y el año en el que se hizo cargo de un negocio que claramente adora. Se trata de Scotto’s Wine Cellar en Carroll Gardens, uno de los barrios más pintorescos de Brooklyn. Scotto's es una de las 2.700 tiendas de vinos que hay en el estado de Nueva York, los únicos lugares que tienen licencia para comprar vinos y licores. Por ahora.

    La crisis fiscal del Estado ha hecho que el Gobernador, David Paterson, considere ampliar las licencias de alcohol a supermercados, y en general tiendas de comida que ya puedan vender cerveza. ¿La razón?, Intentar aumentar los ingresos para hacer frente al déficit presupuestario. Forma parte de una vía fiscal imaginativa que tiene dos pasos:

    1. Legalizar o dar más licencias de servicios a negocios
    2. Cobrar los impuestos o las tasas que se deriven de la actividad recientemente bendecida.

     Ni Benedetto ni el resto de los vendedores de vino se están cruzando de brazos ante esta iniciativa.

    Benedetto


    Scotto's no es una tienda de vinos cualquiera. Es una de las más antiguas del estado. La familia Scotto la abrió antes de la prohibición y fue de las primeras que una vez abolida, con la Enmienda XXI de la Constitución (en diciembre de1933), volvió al negocio. En un inicio, en el local regentado por Leo Scotto, se vendía el vino en jarras de barro. 

    El hombre, se retiró hace 21 años y le pasó el testigo Benedetto quien desde la sección de “vinos españoles” de su coqueta tienda comentaba lo preocupado que está con esta iniciativa de Paterson.

    Benedetto entiende la posición del Gobernador. Sabe que la situación es difícil y que el Estado necesita cuadrar las cuentas pero duda que lo consiga de esa manera y cree que además se ponen en peligro las suyas y las de empresarios como él.

    Déjenme, por favor, que de varios pasos atrás para contar mejor la situación de partida.

    Tras la prohibición fueron los estados los que recibieron las competencias para regular los negocios del alcohol. Por eso, en Florida, California y Texas se puede comprar vino y vodka en un supermercado como ocurre en España. En Pensilvania, curiosamente es el Estado a través de una agencia el que tiene el derecho en monopolio de la distribución de los vinos y licores. Esta agencia es la que controla las tiendas lo que convierte a este estado, en la práctica, en el primer comprador de vinos del país y uno de los primeros del mundo. En Nueva York, se crearon licencias para tiendas especializadas como la de Scotto, primero en vino, y con los años en el resto de licores.

    Ahora Paterson quiere emular a Florida y California y vender licencias a quienes ya pueden vender cervezas, los supermercados y “las tiendas de la esquina”. Serían 19.000 establecimientos los que podrían vender vino y ginebra, lo que según Benedetto diluirá el mercado y forzará a muchas tiendas como la suya a afrontar el cierre pues no podrán hacer frente a una caída de los beneficios del 32% como esperan que ocurra en su sector. Los datos que maneja son los de un estudio hecho por la Universidad de Cornell. Se espera que se pierdan unos 4.500 empleos.

    Y ¿para qué? Según Benedetto para poco. Lo dueños de las tiendas de vinos saben de vinos y saben aconsejar a sus clientes. En el supermercado formaría parte de un artículo más a llevar a casa y aunque su precio fuera menor, eso no significa que más gente vaya a comprar mucho más vino por que en este sentido la demanda no tiene mucho crecimiento. “Uno puede comprar dos botellas de vino si es más barato que en otro sitio, pero ¿Se va a beber las dos y mañana va a comprar otras dos?”, explica. “El consumo quizá subiría algo pero mientras tanto se habrán perdido impuestos y salarios por otro lado, en nuestras tiendas, con lo que no se habría avanzado mucho para salir de la crisis”.

    Por otro lado, argumenta este empresario, la mayor parte de las grandes cadenas comerciales “que ni siquiera todas tienen su sede en Nueva York, compran en sus centrales y utilizan transportistas no sindicalizados (es decir, con menos salarios). “Es algo que pasará de nuevo la factura al Estado porque parte del negocio se hará fuera y yo mientras tanto, es posible, que me vea obligado a despedir a gente con la que llevo años trabajando”.

    Además, Benedetto explica que en los estados donde la venta es en supermercados los jóvenes, que no tienen 21 años (o la edad legal que sean en su estado), para beber se apuran muchas más botellas que sus colegas de Nueva York porque en las tiendas como las suyas se vigila mucho más la venta. Ciertamente hay pocas evidencias de botellón.

    Para compensar, Paterson permitirá a las tiendas de vino vender panchitos y patatas y vender su licencia y otra más  si quiere, lo que no tiene mucha valía en un mercado a la baja para este negocio.  

    El gobernador tiene una oposición dura en esta cuestión y de hecho su propio comité de estudios le ha dicho que no se precipite. Paterson tiene otras ideas para llenar la caja de los ingresos como abrir más tiempo las terminales de lotería y legalizar el mix martial arts o peleas extremas, un tipo de lucha brutal y con mucha sangre que se prohibió en 1997 pero es legal en 42 estados. Si se aprueba, a los tickets se les cobrará la consiguiente tasa y se promocionará el turismo local para ver estos espectáculos. Esa es la idea.

    Otros estados están abriendo la mano con el juego en los casinos y fiscalizando a los operadores de estos recintos. Kansas, de hecho, ha ido más lejos. Como la constitución del Estado prohíbe que compañías privadas tengan loterías o actividades de juego y cambiar esta ley magna llevaría mucho tiempo, el mismo Estado se ha convertido en operador de un casino.

    Pero volviendo a Nueva York. Benedetto afirma que  ya le molestó mucho que hace unos años se les permitiera (y por tanto obligara) abrir los domingos para que aumentaran las ventas y con ello los impuestos. Dice que le gustaría saber si se ha conseguido más recaudación. Lo que él ha experimentado es que vende menos ahora los sábados y lunes y el negocio el domingo es flojo pero aún así tiene que hacerse cargo de los costes de tener abierta la tienda tres días de bajo volumen.

    El dueño de Scotto's no quiere vender patas enlatadas ni cree que le vayan a sacar del apuro. A él le gustan sus vinos y muestra orgulloso su cuidada oferta. “¿En qué supermercado de Nueva York cree usted que va a encontrar siete Albariños diferentes?

    Foto: James Benedetto en su tienda de vinos y licores, Scotto's Wine Cellar. (A.B.N. Febrero 2010)

    Comentarios

    Josean_21

    Esto es como la ropa de cama cuando es pequeña. Si te tapas la cabeza quedan los pies al aire y viceversa. A mi personalmente no creo que fiscalizando la venta de vinos y dando nuevas licencias cuadre unas cuentas como las de un estado. Si las cuadra será a costa de alhcolizar a toda la población. Lo de la venta de vinos especializada es un argumento cogido con pinzas, porque hoy en día muchos de lo que van a comprar algo ya saben lo que quieren, por suerte todos tenemos más cultura que hace 20 años. Los establecimientos gurmet están muy bien pero tampoco son tan imprescindibles. Salu2.

    Ana

    Josean
    Perdón perdón por no haber sido quizá demasiado clara. El Gobernador quiere incrementar los ingresos pero no se trata de hacerlo solo a base de incremetar las ventas de Riojas, Merlot o Sauvignon Blanc... Esta es una de las cosas que ha propuesto pero la idea es ir sumando ingresos aquí y allá. Esta es solo una de las opciones, legalizar las peleas es otra y hay más. Desde luego, la aportación del alcohol, se tase como se tase, se amplien las licencias como se amplíen, no saca del aprieto al Estado de Nueva York.
    Por otro lado, he de confesar que aunque al principio tenía una opinión similar a la tuya en cuanto a la venta especializada, la verdad es que en cuestiones de vinos, la oferta es tan grande que un buen vendedor sabe abrir los ojos a nuevos mundos... y merece la pena abrirlos.
    Por lo demás, muchas gracias por pasarte por el blog y tus comentarios.
    Ana

    Josean_21

    Jajaja. Evidentemente me imagino que no intentará hacerlo solo a base vino, quizás el que me exprese mal fui yo. Por lo demás es siempre un placer darme un vuelta por el blog. Salu2.

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