My name is Patxi
No tendría más de 20 años.
“¿Cómo te llamas?”, pregunté (en inglés). “Patxi”, me dijo (en inglés). “¿Es
ese el nombre de tu partida de nacimiento?”, insistí algo extrañada. “No, mi nombre es Ryan,
pero nadie me conoce por Ryan y se me hace raro que me llamen así. Todo el
mundo me llama Patxi”.
Patxi es nativo de Idaho y unos minutos antes había bailado un aurresku en la isla de Ellis, el lugar de paso obligado de todos los emigrantes que llegaron a EE UU entre 1890 hasta 1954, entre ellos sus bisabuelos que desembarcaron en Nueva York y siguieron camino al oeste.
Muchos vascos tomaron la misma ruta y acabaron haciendo, entre otras cosas, labores de pastoreo en Idaho, Nevada, Wyoming o trabajando en el ferrocarril. Antes, sin pasar por Ellis, llegaron otros que se apuntaron a la fiebre del oro del oeste americano.
Algunos se quedaron en la costa este y muchos de ellos se alojaron en el hotel de Valentín Aguirre de Greenwich Village en Nueva York. Aguirre fue uno de los pioneros de la emigración vasca y su hotel era una suerte de centro cultural, agencia de viajes, hostal… El sábado, muchos de los descendientes de estos emigrantes, con su txapela en la cabeza para protegerse del frío y de la nieve, volvieron a la isla en la que empezaron una nueva vida sus mayores.
Lo hacían para participar en los actos de inauguración de una exposición documental sobre la inmigración vasca a EE UU. La muestra, Hidden in Plain Sight: The Basques, está organizada por el Gobierno vasco y el Basque Museum de Boise, Idaho. Para la inuaguración vinieron desde Idaho hasta Nueva York el coro Biotzetik y el grupo de dantzaris Oinkari, del cual Patxi es miembro.
El coro cantó en euskera y en inglés y una de sus miembros no pudo ocultar la lagrimita cuando vio el aurresku y acompañó a la solista Amaya Arberas en una de sus canciones. Sus abuelos eran vascos. “Do you speak euskera?", le pregunté. “Bai”, me respondió para seguir en este idioma. Cuando me disculpé diciendo que la que no lo hablaba era yo, me dijo que hablaba un poco de euskera y un poco de castellano.
Los descendientes de vascos forman parte de una de las comunidades más importantes de Idaho, un estado en el que hay una Ikastola, la única fuera del país vasco. Desde el año 1987 celebran un Jaialdi y el Gobernador del estado quiso que este acto se repitiera. Ahora se celebra cada cinco años y este verano lo harán por todo lo alto.
Patxi me explicaba que las primeras generaciones de descendientes de vascos querían ser americanos y echar raíces, las siguientes, los nietos y bisnietos como él, no obstante no tienen el reto de asimilarse en una nueva tierra sino que, muy al contrario, tienen un fuerte interés por conectar con las raíces que tienen al otro lado del Atlántico. En la escuela donde él aprendió a bailar, hay varios cientos de niños. En el coro, hay 50 personas y algunas no son descendientes de vascos sino americanos que quieren participar.
foto: los dantzaris Oinkari en una de las salas del museo de la emigración de la isla de Ellis (A.B. N, febrero 2010)
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