Se fueron juntos
J. D Salinger, el autor de El Guardián entre el Centeno, agitador a través de una obra que cuenta una historia diferente si se lee a distintas edades, se fue la semana pasada a los 91 años de edad. The New York Times le ha llamado “el Garbo de las letras” debido a su obsesión con huir de su fama y la reclusión en la que vivió durante más de 50 años.
Salinger se ha ido la misma semana que un hombre menos conocido en España pero también grande. Howard Zinn. Otro agitador. Desde su punto de vista y el de muchos un activista social. Para sus lectores y alumnos un hombre imprescindible para entender la historia de EE UU desde el punto de vista más humano, es decir, con todas sus miserias y sin toda su gloria. Zinn falleció a los 87 años.
Zinn publicó en los ochenta su obra más influyente, A people’s history of the United States. Su primera tirada fue de 4.000 ejemplares y no se ha dejado de reeditar hasta casi superar los dos millones de copias. La novedad de este libro es que presentaba la historia de EE UU no desde el punto de vista de sus líderes sino del pueblo, desde donde a su juicio surgen los cambios. Es algo que hasta entonces nadie había hecho.
El historiador tenía un inmenso respeto por los movimientos populares. “Piensa qué habría sido de este país si la gente de la calle no hubiese querido luchar por lo que creían”. Son palabras que recordaba Bob Herbert, el columnista del Times el sábado.
El libro arranca con el descubrimiento de América desde la perspectiva de los indios Arawaks y Fray Bartolomé de las Casas es un referente. La Constitución de EE UU se narra desde el punto de vista de los esclavos.
David Barsamian fundador y director de un programa de radio llamado Alternative Radio publicó hace unos años un libro sobre las conversaciones que ha mantenido con Zinn. El libro empieza con una entrevista hecha en agosto de 2002 en la que Barsamian le cita un pasaje de El Gran Gastby (F. Scott Fitzgerald). Zinn trazó paralelismos que hoy parecen proféticos: “los años veinte tienen mucho en común con lo que estamos viendo hoy. Había gobiernos que insistían en que la distribución de la riqueza de un país fuera hecha de tal manera que hiciera a los ricos más ricos y a los pobres cada vez más pobres. La especulación salvaje reinó, se amasaron grandes fortunas mientras la gente en áreas pobres de las ciudades tenían problemas para pagar los alquileres y tener comida. Curiosamente, el Papa Juan Pablo II en una entrevista con un periódico italiano ha hablado de un capitalismo salvaje y desenfrenado. Esto es lo que había en los años veinte (preludio de la Gran Depresión) y esto es lo que vemos hoy (agosto de 2002)”. Zinn tenía muchos problemas con un sistema “en el que el beneficio era lo que decidía qué se hacía en la sociedad”.
Zinn nació en Nueva York, trabajó en los astilleros primero y participó en la II Guerra Mundial como piloto. Ver las bombas caer le dejó una huella tan profunda que cuando llegó a EE UU metió las medallas en un sobre en el que escribió. “Nunca más”. Desde entonces, y tras su paso por la Universidad donde estudió historia y terminó dando clases, no ha dejado de abogar por la paz y no creía en la “guerra justa” defendida por Barack Obama al recibir el premio Nobel. Su último artículo repasando el primer año del presidente era muy crítico.
Zinn y Salinger se han ido juntos. No se si se han ido de la mano, creo que no. Lo que es indudable es que los que nos quedamos hemos perdido dos referentes intelectuales a los que hay que dar las gracias cada vez que terminamos la lectura de alguno de sus libros.
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