La vía a la prosperidad
“Tenemos que
tolerar la desigualdad como vía para alcanzar una mayor prosperidad y
oportunidad para todos”. Según la agencia Bloomberg, esta frase fue pronunciada el martes
en la Catedral de San Paul de Londres por Bill Griffith, asesor internacional de
Goldman Sachs y en su día también de Margaret Thatcher.
Griffith dijo esto en un debate sobre "el lugar de la moralidad en el mercado". Si se tomara por cierto el razonamiento de este hombre, que presta sus servicios a una firma que en lo que va de año ha provisionado 16.700 millones de dólares para bonus (una cifra casi récord), y acto seguido se miraran algunas de las estadísticas del departamento de Trabajo de EE UU -- por ejemplo esta sobre evolución de salarios que aquí les dejo--, no habría más que motivos por el optimismo. La prosperidad, está asegurada y a la vuelta de la esquina.
(CPI-W: índice de precios al consumo para los asalariados en zonas urbanas)
Estoy a unos 5.600 kilómetros de Londres. Solo tengo el teletipo de una
agencia de reconocida credibilidad para leer las declaraciones de Griffith. Al
no estar allí no se qué con que aplomo hizo esta reflexión ni se nada de su
lenguaje corporal o el completo contexto en el que se hizo, pero la disposición
del sujeto, verbos, complementos directos y circunstanciales de su declaración
no ofrecen mucho lugar a la duda o el matiz.
Le agradezco la
franqueza a Griffith pero
sus declaraciones resultan, además de muy discutibles, ofensivas. Lo son en cualquier momento pero aún más
ahora que los bancos como para el que trabaja van a conceder bonus como si no
hubiera pasado nada. Ahora hay que recordar lo que dijo Larry Summers, asesor de Barack Obama, el
pasado viernes en unas conferencias en Nueva York: “No hay ninguna institución
financiera que exista hoy que no sea beneficiaria directa o indirecta de
billones de dólares aportados por los contribuyentes para apoyar el sistema
financiero”.
En particular,
algunos bancos han sido más beneficiados que otros porque operan con menos
competencia y son tan grandes o más que antes de la crisis por lo que tienen la
seguridad de que el Gobierno no va a permitir que se hundan, creen con su caída riesgos sistémicos y vuelvan a poner al sistema financiero al borde del abismo.
Los beneficios
de los bancos en los que se basan los salarios y bonus que la gran banca va a
pagar, a contracorriente de la situación económica, son el resultado del apoyo de
los contribuyentes y de futuras
generaciones que tendrán a sus espaldas una gran carga de deuda. Por eso, en un
diario conservador como The Wall Street Journal se ha llegado a lanzar la idea de lo oportuno que sería
un impuesto sobre los bonus.
Es una idea interensate. Primero disminuiría la fuerte desigualdad que se genera entre Wall Street y Main Street en términos
salariales y, segundo, daría un respiro a los contribuyentes y a las arcas del
Estado de Nueva York, que según su Gobernador no va a poder pagar todas sus
facturas a partir de diciembre.
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