El símbolo y el juez de paz
El día que el Nobel fue concedido a Barack Obama, mi primer pensamiento al conocer la noticia (6.15 AM de la mañana y con el café por tomar) es que Noruega había premiado un símbolo. Creo que debía tener en mente la columna de Thomas Friedman en la que celebró la elección del primer presidente negro como el capítulo final de un conflicto abierto con la Guerra Civil. Si, en un país profundamente diverso, un presidente negro cerraba una herida que ha tardado muchos años en cicatrizar.
Hoy me sigue pareciendo que habría sido un buen argumento, la verdad, porque de
vez en cuando, las cicatrices se abren por algún lado.
Rosa Parks desafió al sistema sentándose en un autobús donde no tenía permitido ocupar un asiento por que era negra en 1955. La ley de Derechos Civiles eliminó la segregación racial en 1964 y tres años mas tarde el Tribunal Supremo permitía a nivel nacional que hubiera matrimonios interraciales. De todo esto no hace tanto, no hace falta remontarse tanto tiempo en la historia, y hay quien aún lo disputa.
El que aún no tiene claro que los tiempos han cambiado se llama Keith Bardwell y es un juez de paz de Louisina, el sur de EE UU. Bardwell ha saltado a la fama por un hecho infame: negarse a casar a una pareja en la que la novia es blanca y el novio negro. Octubre de 2009.
El hombre afirma que no es
racista, “pero no creo en la unión de las razas de esta forma”. Y puntualiza:
“tengo montones de amigos negros, vienen a mi casa, les caso, usan mi baño, les
trato como al resto” pero no cree
en los matrimonios mixtos. Cree que duran poco y que los hijos nacidos de esas
uniones tienen problemas para ser aceptados por las comunidades blancas y
negras.
Por lo visto, no es la primera vez que Bardwell niega el derecho a casarse a una pareja mixta.
El gobernador republicano de Louisiana, Bobby Jindal, dice que habrá que abrir un expediente a este juez de paz y retirarle del cargo si procede. El resto de los políticos se han expresado en términos muy similares.
Afortunadamente, esta es una situación que en periodismo se describe como una noticia de titular equiparable a “un hombre muerde a un perro”, es decir, una rareza. Pero es una rareza que pone a todo el mundo en guardia porque aún hay un sentimiento de agravio entre la población negra.
La historia no desaparece, se puede olvidar (lamentablemente se olvida) pero está ahí y aún se pueden ver las huellas que ha dejado. Por ejemplo en el billete de tren de la foto en el que se fijó mi compañero Sandro Pozzi, y en el que se recuerda que el portador del mismo se puede sentar independientemente de su raza, religión o color de piel.
Es el legado de Rosa Parks en los tiempos de Obama, desde luego, todo un símbolo de reconciliación por mucho que algunas personas aún no se enteren. Si eso tuviera premio, bienvenido sería.
Foto: billete de tren de cercanías NJTransit(octubre de 2009. S.P.)
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