Nuevas vías de crédito
Hace 10 años, Luis era uno de tantos sin techo (homeless) de Nueva York. Un panadero le dio una oportunidad al ofrecerle un trabajo como repartidor. Fueron buenos tiempos para Luis que se quebraron el 11S. El día en el que el terrorismo llegó a EE UU su furgoneta quedó sepultada bajo los escombros del World Trade Center y los locales a los que daba servicio en la zona cerraron.
Luis ha rehecho su negocio poco a poco y hoy sigue repartiendo con una nueva furgoneta a la que va a añadir refrigeración. Ningún banco le dio el dinero para hacer esta inversión. Si Luis tiene hoy financiación es porque en EE UU se empieza a popularizar una herramienta que hasta ahora se ha utilizado, sobre todo, para financiar a economías en desarrollo: el microcrédito.
Este hombre es uno de los primeros estadounidenses que se ha beneficiado de la reciente iniciativa de Kiva.org de ampliar su perímetro de actuación a EE UU.
Kiva.org es una ONG que desde hace cuatro años está canalizando pequeñas donaciones individuales de ciudadanos, como usted y como yo, para financiar proyectos de pequeños empresarios en países emergentes y pobres. La mayoría de sus prestamistas (que no donantes) residen en EE UU y desde el día 10 de este mes, algunos de sus acreedores también.
Para pequeños empresarios que sueñan con crecer este puede ser el camino a seguir cuando la banca, que ya era poco receptiva para casos como los suyos, lo es ahora aún más con esta crisis. El presidente de esta organización, Premal Shah, admitía recientemente en un comunicado que el modelo de micropréstamo “es extremadamente relevante para los pequeños empresarios de bajos o moderados ingresos en EE UU, especialmente en estos momentos en los que tener acceso al crédito es un problema real”. Shah asegura que en su organización están muy “felices de poder expandir la plataforma del microcrédito a EE UU en un momento en el que la necesidad de capital es tan grande”.
Al principio, en Kiva tenían dudas de que los prestamistas quisieran dar dinero a estadounidenses y que las demandas de capital de Ghana, Perú o Laos, oscurecieran las necesidades en un país en el que las microempresas crean 900.000 nuevos empleos al año, según la organización.
No ha lugar al temor. El dinero sigue fluyendo para todos los lados, y los ciudadanos de la primera potencia económica están también prestando a sus compatriotas.
La petición de fondos de Luis se colgó de la red el día 10 de junio, fue uno de los primeros empresarios americanos en hacerlo. Necesitaba 5.625 dólares para poder instalar la refrigeración de su furgoneta. En apenas 24 horas ya tenía esa cantidad que se ha comprometido a devolver en 31 meses. La mayoría de sus prestamistas son estadounidenses salvo algunos canadienses, una persona de Noruega, otra de Portugal, una de Bélgica y una empresa madrileña de servicios de alta tecnología.
Esta crisis está desvelando lo que el escritor Douglas Rushkoff ya anticipó en un provocador artículo titulado Futurenomics publicado en la revista de KLM (la aerolínea que me trajo a Nueva York desde España estas Navidades) en enero. “El dinero y los bancos que nos hemos acostumbrado a utilizar no son la única manera de generar capital….”. (Les pongo un link al artículo, que recomiendo, pero no es directo… página 36 del número de enero)
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