Kafka va al colegio
Barack Obama habló de la reforma educativa ayer. En esta misma semana, el magnífico Ira Glass programó en su (magnífica) hora de radio, This American Life, un reportaje sobre un asunto educativo que habría dejado perturbado al mismísimo autor de El proceso, Franz Kafka.
Obama dijo el martes que era hora de contemplar la retribución basada en méritos para los profesores. Incentivar a través de los salarios a los buenos maestros, algo que los sindicatos no tienen nada claro por aquello de que no siempre es fácil cuantificar un éxito y luego hay favoritismos.
Si el presidente quiere mejorar la eficiencia bueno sería que le echara un vistazo a una “institución” del sistema educativo de Nueva York, el mayor del país. Se trata de la conocida como la “rubber room”, un recinto que las autoridades prefieren denominar “centro de reasignación”.
El pasado fin de semana, Glass dedicó uno de los segmentos de su programa de radio a dar a conocer este centro al que van a parar profesores de Nueva York que presumiblemente han cometido delitos, faltas, ofensas o simplemente son incompetentes y son suspendidos. En algunos casos, sus comportamientos podrían dar lugar a un expediente pero en vez de ello acaban en estas habitaciones en las que hay sillas y a veces mesas (pero nada más) durante semanas, meses,… ¡años! Hasta que se soluciona su caso, sin hacer nada. Sentados en una silla, aburriéndose, alimentando su depresión y recibiendo su salario.
En el rubber room hay profesores que no son conscientes de haber cometido una falta tan grave como para ser apartados de sus clases y algunos hablan de represalias por cuestiones personales. En el programa de radio uno de ellos contaba que en una ocasión soltó un taco en una conversación con un colega mientras la puerta de una de las aulas estaba abierta. Lo siguiente que supo es que tenía que presentarse en el centro de reasignación.
Digo que “no son conscientes” de haber hecho algo porque una de las características del rubber room, y aquí entra el componente más kafkiano, es que no siempre se recibe una comunicación formal especificando el motivo por el que están en el dique seco esperando que se resuelva lo suyo.
Hay una película sobre esta historia extraña de la ciudad de los rascacielos y en 2007 un artículo de The New York Times se refirió a ello. Pero para quienes disfruten de la radio, recomiendo seguir esta historia en el podcast de las grandes narraciones de Glass.
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