La pareja de Obama
La cuenta atrás para la convención demócrata ya perfila todas las aristas del paisaje político. El gran evento-espectáculo comienza el lunes 25 y lo previsible es que todo se mueva al ritmo que marquen los acontecimientos que tendrán lugar en el Pepsi Center de Denver, Colorado. Allí, los demócratas oficializarán la candidatura de un Barack Obama que ahora deshoja una margarita electoralmente importante pero, normalmente, algo más irrelevante desde el punto de vista del día a día de la política de la Casa Blanca, el nombre de su vicepresidente.
Dick Cheney es una figura política atípica. El actual vicepresidente ha tenido más influencia y poder que muchos en su puesto a lo largo de la historia reciente. De hecho, y a todos los efectos, el jefe de gabinete del presidente suele mover muchos más hilos que el vicepresidente. En el pasado no era el candidato a la presidencia quien elegía con quien se presentaba a las elecciones sino el propio partido, razón por la cual, a veces, las relaciones no han sido del todo fluidas.
Pese a ello, en época electoral, el vicepresidente importa y mucho porque normalmente es la persona que se presenta como el complemento del candidato y quien, teóricamente, suple sus carencias. En suma, es quien redondea electoralmente la opción de cada partido y suma votos. Por ello y por que realmente es una de las primeras decisiones de quien se espera que sea presidente, la elección de este nombre es uno de los acontecimientos que más expectación despierta en la precampaña.
A las puertas de la convención demócrata, Obama está a punto de dar a conocer la persona que ha elegido para que sea su pareja electoral y en la Casa Blanca. Los rumores son constantes y la lista de posibles candidatos crece y se reduce a golpe de rumor o elucubraciones de analistas sobre los comentarios del candidato o sus cercanos. Según The New York Times, el candidato demócrata puede dar a conocer el nombre de su candidato este mismo miércoles aunque todo apuntaba a que lo haría a finales de la semana para ir calentando motores.
Y ¿quien podrá ser? Parece que la opción de Hillary Clinton está muy difícil y todo el mundo admite que es muy complicado compaginar el discurso de dos prima donnas. Ante tal tesitura, se comenta que nombrar a una mujer que no fuera Clinton sería insultante para la senadora, por lo que la gobernadora de Kansas, Kathleen Sebelius, una de los nombres que han figurado en las quinielas tendría pocas opciones.
Más firmes candidatos son el senador Evan Bayh de Indiana, el controvertido gobernador de Virginia Tim Kaine (que como la mayoría de democratas sureños son muy conservadores y este, en particular, es contrario al aborto) y el senador Joseph Biden, especialista en cuestiones internacionales aunque no se opuso a la guerra en Irak desde el principio. Todos estos nombres podrían ayudarle a conseguir el voto blanco de la clase media que le pudiera permitir despegar en las encuestas, algo que el candidato negro aún no ha conseguido.
Otros nombres que han sonado son los del ex candidato a la presidencia John Kerry, el ex vicepresidente Al Gore y el senador Jack Reed. Más posibilidades que estos, sin embargo, tendrían el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson (todo un aliado para hacerse con el difícil voto latino) o el ex senador Sam Nunn.
Nunn es relativamente nuevo en la quiniela pero aportaría cosas que pueden gustar a los votantes. La primera es experiencia: tiene 69 años, la segunda es conexión con uno de los mensajes de Obama ya que fue de los pocos que se opuso, como el candidato, a la Guerra de Irak. La tercera puede ser la reconciliación racial que tanto necesitan los demócratas.
Por supuesto, la lista está abierta a sorpresas.
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