“Si es
domingo, esto es Meet the Press”. Con este arranque Tim Russert ha comenzado su programa de entrevistas y análisis político desde 1991. Su dirección ha hecho que Meet the Press se convierta en la inexcusable obligación del domingo para quien quiera estar informado y
conocer qué se mueve en Washington. Pero Russert ya no volverá a su silla de entrevistador. El viernes, mientras trabajaba, sufrió un
infarto. No fue posible hacer nada por él. En estado de
shock y, a veces con la voz quebrada, periodistas de todos los medios de
comunicación de EE UU presentaban sus respetos a uno
de los más, sino el más, influyente periodista del país.
Russert
tenía 58 años. Acababa de llegar de un viaje familiar de Italia y poco antes de
morir estaba grabando una promoción para su programa del domingo. Su repentina
muerte cambió la agenda de todos los medios de comunicación inmediatamente
después de que su compañero, Tom Brokaw, la diera a conocer a las 3.40 de la tarde del viernes.
No era
un periodista cualquiera. Russert era una figura paternal y dura a la vez. Se mostraba afable con sus entrevistados pero cuando más que análisis
iba persiguiendo noticias, les acorralaba y confrontaba con sus declaraciones del
pasado. La hipocresía y la incoherencia no pasaban inadvertidas para un Russert que siempre estaba tan o más preparado que su entrevistado. Pese a su dureza, nunca dejaba la sensación de que había sido injusto con nadie. Era parte de su estilo personal, una forma de hacer en la que además mostraba un meditado conocimiento de la
política y de los políticos, un terreno familiar para alguien que trabajó para el senador demócrata Daniel Patrick
Moynihan y el gobernador (también demócrata) de Nueva York Mario Cuomo. En 2000 avanzó qué estado sería el que diera la Casa Blanca a Al Gore o a George Bush (en la foto) y en 2004 previó que sería Ohio el que decidiría las elecciones.
Revivió Meet the Press, un programa de
televisión de media hora olvidado por la audiencia que el revitalizó cuando hace 17 años
cuando tomó sus riendas. Pasó a durar una hora y de él salieron noticias como la de que Barack Obama iba a presentarse
a las elecciones. En Washington pasar por Meet the Press, un programa que lleva 60 años en antena, significaba influencia
Pero este no era su único trabajo. Era el jefe
de la oficina de Washington de la NBC, tenía otro programa de entrevistas y
este año estaba trabajando sin descanso moderando debates, analizando y cubriendo
unas elecciones en las que estaba poniendo una inmensa pasión. Su criterio y olfato tenían
tanto peso que cuando antes de finalizar las primarias dijo que Obama ya había
ganado los medios de comunicación tomaron su análisis como una noticia en sí
misma.
Los mensajes de condolencia llegaron a la
familia y a la NBC desde todos los rincones del país. En EE UU se va a hacer muy raro seguir estas elecciones sin él. El periodismo ha perdido
demasiado pronto a una de sus figuras más importantes.
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