Nunca,
nunca, nunca hay que desestimar la posibilidad de que un Clinton se recupere
tras un revés. Hilllary Clinton lo ha hecho varias veces en esta campaña de
primarias. Dicho y sabido esto, tras la pobre victoria en Indiana (con el 50,9%
de los votos frente al 49,1% de Barack Obama) y sobre todo, su contundente
derrota en Carolina del Norte el martes, los más sesudos comentaristas del
lugar consideran que la carrera demócrata ya está ganada por Obama.
El
miércoles a eso de las 3.30 PM la campaña de Clinton mandó a todos los que
estamos registrados en su página web un correo que comenzaba diciendo:
"Hoy, estoy expresando, de todas las formas
posibles, mi determinación personal de seguir en esta campaña”.
Para
entonces los analistas políticos ya habían empezado a hablar de Obama como el
candidato. El indispensable sumario de medios, Drudge Report, colocaba bajo una
foto de Obama junto con su mujer el titular de “El nominado”. El link le
llevaba a las palabras que en la noche electoral pronunció el indispensable
periodista de la NBC, Tim Russert, asegurando que uno sabe cuando está "con respiración asistida" y que los Clinton tenían que tomar "una gran decisión en
la mañana".
El
hecho de que pocas horas después se confirmara que, en efecto, Clinton seguía
subsidiando su campaña con su propio dinero (otros seis millones de dólares más
el mes pasado) reforzaba el diagnóstico de Russert.
Las
palabras del director de Meet The Press, el programa dominical de más calado
político, no eran las únicas en este sentido. George Stephanopoulos, director
de campaña primero y de comunicación después de Bill Clinton, dijo en un
programa de la cadena para la que ahora trabaja, la ABC, que “la lucha por esta nominación se ha
acabado”. Otros nombres familiares para los televidentes y con distinto peso
sentenciaban en parecidos términos el que ya se perfila como el fin de las
primarias (a las que le quedan seis votaciones en otros tantos estados).
En el
campo Obama hay un contenido optimismo. La victoria en Carolina del Norte por
220.000 votos daba alas a un candidato que ha conseguido así convencer a quien
lo dude que es tan elegible como el resto y que la ferocidad con la que ha sido
atacado por su relación con el reverendo Jeremiah Wright, no ha sido suficiente
para tumbarle una vez que reenfocó su campaña en su mensaje de esperanza y dejó
de devolver los ataques a Clinton.
Clinton
se mantiene en la carrera también con la esperanza de que se rehabiliten a los
penalizados votantes de Michigan y Florida y con ello se reaviven sus
posibilidades. (Hay que recordar que ella ganó estos estados en los que no hubo
ni campaña ni el nombre de Obama en las papeletas)
Pase lo
que pase con estos dos estados, quedan solo seis primarias. El 3 de junio cierran
esta histórica contienda los demócratas de Montana y Dakota del Sur pero
Clinton lo tiene muy difícil ya.
Con su
campaña en números rojos y Obama sacándola ventaja casi continuamente le va a
costar mucho convencer a unos superdelegados que ya están más preocupados por
la imagen de unidad del partido que por otra cosa y quieren un desenlace. Un
destacado e histórico aliado de los Clinton, el senador, y en su día candidato, George McGovern, ha pedido a la candidata que abandone porque ya es
imposible matemáticamente ganar. McGovern, fue uno de los primeros en apoyar
efusivamente a Clinton cuando presentó su candidatura. Un revés más que ella
prefirió ignorar.
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