Las primarias y las presidenciales que se
preparan son las elecciones más atípicas de la historia. No ya porque por
primera vez un hombre negro y una mujer blanca se estén disputen la
nominación del partido favorito para la victoria en noviembre, sino también por
los movimientos en las bambalinas. En esto hay situaciones un poco raras.
El ciclo electoral está dando lugar a extrañas lealtades. Empiezo desde el caso
menos raro al que más lo es.
Joe Lieberman. ¿Se acuerdan? Su nombre
aparecía en los posters de las elecciones en 2000 junto al de Al Gore. Era el
candidato a la vicepresidencia. Como pasó lo que pasó, Lieberman volvió a su
escaño por Connecticut en el Senado y desde este ha hecho un vertiginoso viaje
hacia la derecha. Cuando le tocó renovar su puesto los demócratas apoyaron a
otro candidato por ese estado ante lo cual el desairado Lieberman cambió las
siglas de su adscripción y se hizo independiente una vez que se aseguró la
reelección. Ha votado en muchas ocasiones con los demócratas pero ahora es una
presencia tan habitual en el entourage de John McCain como la ex
consejera delegada de HP Carly Fiorina. Lieberman es quien susurra en el oído
al candidato republicano cuando este se equivoca (como ocurre en ocasiones)
al hablar de Irak. Y es también quien lanza los dardos contra Barack Obama cuando hay que
atacar al demócrata por su programa de política internacional.
Chuck Hagel. Puede que este nombre les suene
menos por más que sea una interesante figura política. Hagel es senador
republicano por Nebraska. Un hombre de probada independencia que ha
revolucionado a más de uno en su partido sobre todo cuando este nadaba en las
aguas del neoconservadurismo. En 2000 apoyó a su buen amigo McCain en las
primarias que este perdió contra George Bush.
Pero el martes, en un acto público en el que
compartía cena con el actor Michael Douglas, arremetió contra él. El motivo es,
de nuevo, la política exterior. Obama ha dicho en repetidas ocasiones que se
reunirá con las autoridades de países antagonistas sin precondiciones. George
Bush le criticó, desde Israel, rechazando esa apuesta por la diplomacia a la
que calificó como “política de contemporización” y vino a decir que no se podía
legitimar a terroristas sentándose con ellos. McCain tardó apenas fracciones de
segundo en sumarse a esa crítica y por ello, Hagel le ha tirado de las orejas.
El senador Hagel defiende hablar directamente con Iran, como Obama, y se ha
sentido defraudado por su colega de partido. “Estoy muy enfadado con algunas de
las cosas que John está diciendo. Él es más inteligente que algunas de las
cosas que dice”. Para rematar, Hagel, pidió que la gente se fijara en el
discurso de Obama y no en el de su pastor o si llevaba un pin con la bandera en la solapa o no (como
ocurre). Hagel se ha metido en la quiniela para la vicepresidencia si el
demócrata gana. (Pura especulación preelectoral).
Mark McKinnon. Confieso que no conocí a este
hombre hasta que el martes salió su nombre en la prensa. Según The New York
Times, McKinnon es “una anomalía en la política republicana” y hasta el martes
era el jefe de la estrategia publicitaria de la campaña de McCain. El consultor
dejó el puesto una vez que se ha solidificado la nominación de Obama porque
aunque considera que McCain será el mejor presidente, él no quiere trabajar
contra Obama. Según citaba el diario McKinnon ha dicho que el demócrata tiene
un “carácter profundo y buen juicio. Considero que se equivoca en algunas cosas
fundamentales pero creo que es honesto e independiente”. Según dijo en el
pasado, la presidencia de Obama, “mandaría un buen mensaje al país y al mundo”.
Y así están algunas de las cosas en esta
prometedora carrera electoral, a veces raras y siempre interesantes.
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