Hasta ahora, John McCain no ha
impresionado mucho con sus propuestas económicas. Esta semana, este candidato republicano,
al que apoyan empresarias como la ex consejera delegada de HP, Caly Fiorina (a
la que se ve a su lado en muchos de sus actos) y la de eBay, Meg
Whitman, habló recientemente de impuestos en un tono en el que recordaba al
actual presidente George Bush y al ex candidato (también republicano) Bob Dole.
McCain ha tenido que ponerse al día con
el asunto más urgente del país. La crisis de la vivienda y la recesión.
No es su fuerte. Cuando todo el debate se
centraba en cómo ayudar a los hipotecados para evitar más y costosos embargos,
él dijo que no era labor del Gobierno ayudar a quienes habían actuado
irresponsablemente, grandes bancos o pequeños acreedores. La magnitud de
la crisis le ha obligado a ir matizando estas declaraciones.
Esta semana, en Pittsburg, puso sobre la
mesa su programa económico más comprensivo.El
candidato desgranó una serie de propuestas fiscales que pasan por reducir el
impuesto de sociedades (del 35% al 25%), eliminar el AMT (un impuesto muy
gravoso inicialmente pensado para clases altas pero que no se actualiza con la
inflación y ya engulle a las clases medias), una deducción a la compra de
nueva maquinaria y créditos fiscales para el I+D. Sorprendentemente ha dicho que
mantendrá los impuestos de George Bush, a los que él se opuso en su momento por
el descalabro que eso significaba para un presupuesto que ya no ha vuelto a ver
los números negros ni en la previsión a medio plazo.
La propuesta que, no obstante, está dando
más que hablar es la de declarar unas vacaciones fiscales sobre la gasolina y
el diesel este verano. Son 18,4 centavos por galón de gasolina y 24,4 centavos
en el de diesel.
EE UU consume gasolina bulímicamente.
Quienes conozcan Nueva York apenas tienen posibilidad de verlo porque esta es
una ciudad que sigue relativamente el modelo europeo y el transporte público
funciona bien. Quienes conozcan ciudades como Miami, Los Ángeles o Fénix, saben
que sin coche no se puede ir, casi, ni a comprar el pan. Fuera de las ciudades
la situación es peor porque las distancias son muy largas y para ir al centro
comercial no hay más opción que el coche. La gasolina ha sido barata hasta hace unos años y la presión por rebajar los consumos ha sido hasta hace poco, simplemente, inexistente.
Con el barril de crudo a más de 110
dólares, las refinerías a máxima capacidad (y ninguna nueva desde los años
setenta) y el aditivo etanol por las nubes, el precio de la gasolina se ha
disparado por encima de los 3,40 dólares. Eso no es bueno para los ciudadanos
de Fénix, la ciudad más importante de Arizona, el estado que representa McCain.
Estos centavos ayudarán a
ahorrar unos 25 dólares al mes a los ciudadanos. ¿Es suficiente? ¿Merece la pena?
Todos los economistas
dicen que lo que no se tiene que hacer es incentivar el consumo, sino al contrario. De hecho, hasta hace muy poco se hablaba de subir los impuestos para desincentivar el uso de coches sin consumo eficiente. Además, esta reducción, como sugirió Barack Obama es algo así como pan (poco
pan) para hoy y hambre para mañana porque a largo plazo y tal y como están las
cosas, lo suyo es que no se haya llegado a tocar el techo en las subidas de los
precios.
La vacación fiscal, que también propuso Bob Dole en 1996 (para luego
desestimarla), supondría que el fisco dejaría de ingresar unos 9.000 millones de
dólares (que por cierto se dedican al Fondo federal para autopistas, que se
encarga del mantenimiento y que ahora tiene un déficit de unos 3.500 millones
de dólares).
Me imagino que los ciudadanos de Arizona,
los de Florida, Los Ángeles y otras ciudades que más bien parecen una sucesión
de urbanizaciones durante kilómetros y kilómetros con insuficiente transporte público,
deben tener una vida muy difícil ahora que la gasolina les hace también
apretarse el cinturón. Ese crecimiento urbano se antoja ahora insostenible.
El déficit, que tanto ha preocupado a
McCain en el pasado también es insostenible. El candidato propuso todos estos
recortes sin hablar más que vagamente de anular gastos prescindibles y cerrar
agujeros en el código fiscal. Él mismo debe saber que es insuficiente porque
antes todos sus discursos incluían un compromiso de equilibrar el presupuesto
que esta semana no se volvió a oír.
Últimos comentarios