No hay ni una
estadística que no diga que los precios de la vivienda están a la baja en EE
UU. Pero luego está Manhattan, una isla
donde, de vez en cuando, se encuentran movimientos a contracorriente, incluso en
el vecindario que hasta hace poco se consideraba el menos glamouroso de la
ciudad.
Quienes hace más de 10 años pensaron en
Harlem como “la siguiente gran historia” en el tablero de Monopoly en el que se
ha convertido Nueva York, acertaron. Hace apenas unas semanas, y según contaba el sábado The New York Times, se cerró
la venta de un piso situado en la frontera sur de esta zona por ocho millones
de dólares (unos cinco millones de euros). Un récord para este barrio en el que
dominan las minorías de clase social humilde.
Es cierto que, en general,
los precios parten de cifras muy bajas pero en la última década las viviendas
que más se han revalorizado son las de esta zona del norte de la isla y cada
vez más jóvenes profesionales se han ido mudado a este barrio gracias a una
serie de programas de rehabilitación de deuda de vecindarios que merece un blog
aparte (y que llegará).
El que es el piso más caro de
Harlem no tiene, precisamente, el estilo del barrio. Se trata del último
apartamento (penthouse) de un más que sofisticado edificio nuevo en la esquina
norte del Parque Central. La propiedad tiene unos 370 metros cuadrados y las
vistas a la calle y el parque son totales a través de su fachada acristalada.
Este tipo de edificio, más propio del Midtown, es el que empezó el lamentado
proceso de aburguesamiento (gentrification) de la que era una de las zonas más
bohemias de la ciudad, el Lower East Side.
La venta muestra hasta dónde se ha
revalorizado Harlem y cómo está un mercado que se resiste con uñas y dientes a
ceder ante la caída de los precios. Pero la historia del contrato muestra
como la crisis tuvo un relevante papel en el desenlace final porque la compraventa
se hizo dos veces, según narra el Times.
La primera fue en otoño.
La inmobiliaria lo vendió a
una pareja, por 8.5 millones, que lo volvió a poner inmediatamente en el
mercado. Su objetivo era revenderlo por 12 millones. La misma inmobiliaria que
intermedió en el acuerdo se hizo cargo de la reventa.
Pero sin suerte, y al cabo de los meses contactó
con quienes habían mostrado interés pero poco entusiasmo por el precio. Se
aplicó una rebaja y se vendió por los ocho millones. Los que más perdieron
fueron los primeros compradores, que tuvieron que ceder el 10% de lo que
pagaron en otoño.
Moraleja, no está la cosa
como para ir jugando al Monopoly y esperar ganar la partida en la siguiente
ronda de dados. Ni siquiera en el prometedor Harlem. (Por ahora)
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