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07 marzo , 2008 | 20 : 18

Renegociar la hipoteca

Hace unos días, más de una docena de periodistas españoles nos sentamos alrededor de la mesa de reuniones que el famoso promotor inmobiliario Donald Trump tiene en su oficina de la Quinta Avenida de Nueva York. Trump sabe de crisis inmobiliarias, de tener el agua al cuello y de salir de esas situaciones, por eso le pregunté qué consejo daría a las familias que ahora están agobiadas con los pagos de la hipoteca.

 

Trump, no es un hombre al que le guste estar a la defensiva y su respuesta fue contundente. “Creo que deberían ir al banco y negociar. Mucha gente va a recibir una notificación que le avise de su morosidad y del embargo… y la gente se va a ir sin más cuando ese papelito ha salido de un ordenador. En vez de irse, deben quedarse en sus casas,  volver al banco, renegociar con gente de carne y hueso y cerrar mejores tratos. Pero la gente no escucha. Ven una carta en su buzón diciendo que se tienen que ir, y se van, cuando los bancos no quieren las casas”.

Ese mismo día, el presidente de la Fed sugirió desde Florida una solución bastante más audaz que la de Trump. Según Ben Bernanke la banca tendría que ayudar agresivamente. ¿Como? Reduciendo el principal de las hipotecas que hayan entrado en mora para ajustarlas al nuevo valor de la vivienda tras la caída del precio.

Bernanke es un hombre que está resultando ser muy controvertido a los ojos de Wall Street pero esta propuesta dejó muchos ojos abiertos más allá de la calle de la inversión.

La propuesta de Bernanke plantea el mismo dilema moral que muchas de las más radicales ayudas que se ponen en marcha en momentos desesperados. ¿Hasta donde tiene que llegar la ayuda a compradores que nunca calcularon si podían o no permitirse una casa y a los muchos especuladores? ¿Qué pasa con los que han hecho bien sus deberes y se compraron una casa más pequeña porque sabían que la más grande les mandaría directamente al embargo, la mora o la suspensión de pagos? ¿Es la ayuda un mal menor ante la posibilidad de que la economía siga buscando su suelo por efecto de un sector que no se endereza?. Es un dilema tan antiguo como difícil de resolver.

Las cifras que el jueves dieron a conocer la Asociación de Banca Hipotecaria y la Fed complican el dilema. En el último trimestre de 2007, el 2.04% de todas las propiedades hipotecadas estaban en proceso de embargo. Nunca, en los casi 40 años que se lleva elaborando este informe, el ritmo de embargos había sido tan elevado. La CNN citaba cálculos que ponían esta cifra en 900.000 viviendas. La morosidad está en los niveles más altos desde 1985 y según la Fed el valor patrimonial de los hogares cayó 533.000 millones de dólares en el último trimestre del año pasado por la rebaja del precio de las viviendas y el aumento relativo de la deuda.

¿Es momento de hacer sacrificios, comerse los principios y optar por el mal menor?

Independientemente de la respuesta que cada uno quiera dar a esta pregunta, mi propuesta va dirigida a tratar de acabar con la raíz del problema. Una de las formas, además de que la supervisión institucional funcione de verdad, es incluir en los colegios una asignatura que se llame Finanzas Personales, porque  parece que siempre es muy fácil encontrar a quien llenar la cabeza de mariposas y venderle el puente de Brooklyn (o una casa que tenga un precio que no tenga nada que ver con su valor). Trump está muy curtido pero no todo el mundo sabrá ir al banco, como él sugiere, y salir de él con la solución a sus problemas.

Comentarios

En las situaciones críticas nos encontramos siempre a los doctrinarios, que pretenden generar una suerte de enseñanza moral a los que se encuentran en una situación desfavorecida. El negar ayuda a las familias es como castigarles por haber sido imprevisores. Justicia divina.
¿Es esto justo? Creo que eso no es importante ahora. La situación básicamente es muy crítica y entrar con moralinas no la resolverá, por tanto comparto el punto de vista de que se debe ayudar a las familias, pero no por filantropía, sino por puro interés.
Cuando la economía iba como un cohete y la concesión de hipotecas se realizaba sólo con ver que el peticionario tenía cara de "buena persona", los bancos se frotaban las manos y además se hacían la guerra unos a otros. Sólo importaba la cifra de negocio en un escenario de finanzas saneadas. No existía ningún control. Ahora, deben pagar por su imprevisión, porque los generadores de la situación han sido ello con su publicidad agresiva y sus cantos de sirena, dentro del "sueño americano" o "europeo", que tanto da uno que otro.
Por tanto, centrémonos en resolver lo que hay, y para educar a la gente la formación no será la clave, porque no es incompatible ser licenciado y descerebrado.
La situación económica actual tiene unos protagonista principales que son los bancos y las entidades de supervisión; si hubieran hecho bien su trabajo en el pasado no estáríamos ahora en este agujero. Hay que ayudar a las familias y exigir responsabilidad a quien tiene la sarten por el mango.
Recuerdo hace muchos años cuando los departamentos de riesgo de los bancos tenían un perfil conservador. Después pasaron a la caza del comprador de inmuebles, sin pensar en la morosidad en una situación como la actual, que todos sabíamos que llegaría.
Pero voy más allá; a otra escala, las tarjeta de crédito son una muestra de lo que cuento.La gente se embarcan, los bancos consienten, y las personas se hunden con unas deudas disparatadas. ¿Podemos pedir responsabilidad a quien no tiene cabeza para darse cuenta de esto? ¿o sería mejor limitar a cada cual su capacidad de endeudamiento real para que no se generen situaciones imposibles?
En definitiva, sé que se terminará hablando de la libertad individual dentro de un libre mercado, pero en estos momentos es cuando se evidencia que la libertad debe regularse por el bien de todos. Lamentablemente, los seres humanos no somos tan inteligentes, pero las entidades financieras sí lo son, y de sobra sabían que llegaríamos a esto.
Canis canem edit.

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