Hace unos
días, más de una docena de periodistas españoles nos sentamos alrededor de la
mesa de reuniones que el famoso promotor inmobiliario Donald Trump tiene en su
oficina de la Quinta Avenida de Nueva York. Trump sabe de crisis inmobiliarias,
de tener el agua al cuello y de salir de esas situaciones, por eso le pregunté qué consejo daría a las familias que ahora están agobiadas con los
pagos de la hipoteca.
Trump,
no es un hombre al que le guste estar a la defensiva y su respuesta fue
contundente. “Creo que deberían ir al banco y negociar. Mucha gente va a
recibir una notificación que le avise de su morosidad y del embargo… y la gente
se va a ir sin más cuando ese papelito ha salido de un ordenador. En vez de irse, deben
quedarse en sus casas, volver al banco, renegociar con
gente de carne y hueso y cerrar mejores tratos. Pero la gente no escucha. Ven
una carta en su buzón diciendo que se tienen que ir, y se van, cuando los
bancos no quieren las casas”.
Ese
mismo día, el presidente de la Fed sugirió desde Florida una solución bastante
más audaz que la de Trump. Según Ben Bernanke la banca tendría que ayudar
agresivamente. ¿Como? Reduciendo el principal de las hipotecas que hayan entrado
en mora para ajustarlas al nuevo valor de la vivienda tras la caída del precio.
Bernanke
es un hombre que está resultando ser muy controvertido a los ojos de Wall
Street pero esta propuesta dejó muchos ojos abiertos más allá de la calle de la
inversión.
La
propuesta de Bernanke plantea el mismo dilema moral que muchas de las más
radicales ayudas que se ponen en marcha en momentos desesperados. ¿Hasta donde
tiene que llegar la ayuda a compradores que nunca calcularon si podían o no permitirse
una casa y a los muchos especuladores? ¿Qué pasa con los que han hecho bien sus
deberes y se compraron una casa más pequeña porque sabían que la más grande les
mandaría directamente al embargo, la mora o la suspensión de pagos? ¿Es la
ayuda un mal menor ante la posibilidad de que la economía siga buscando su
suelo por efecto de un sector que no se endereza?. Es un dilema tan antiguo como
difícil de resolver.
Las cifras
que el jueves dieron a conocer la Asociación de Banca Hipotecaria y la Fed complican el dilema. En el último trimestre de 2007, el 2.04% de todas
las propiedades hipotecadas estaban en proceso de embargo. Nunca, en los casi
40 años que se lleva elaborando este informe, el ritmo de embargos había sido
tan elevado. La CNN citaba cálculos que ponían esta cifra en 900.000 viviendas.
La morosidad está en los niveles más altos desde 1985 y según la Fed el valor
patrimonial de los hogares cayó 533.000 millones de dólares en el último trimestre del año
pasado por la rebaja del precio de las viviendas y el aumento relativo
de la deuda.
¿Es
momento de hacer sacrificios, comerse los principios y optar por el mal menor?
Independientemente
de la respuesta que cada uno quiera dar a esta pregunta, mi propuesta va dirigida a tratar
de acabar con la raíz del problema. Una de las formas, además de que la
supervisión institucional funcione de verdad, es incluir en los colegios una asignatura que se llame
Finanzas Personales, porque parece que siempre es muy fácil encontrar a quien llenar la cabeza de mariposas y venderle el puente de Brooklyn (o una casa que tenga un precio que no tenga nada que ver con su valor). Trump está muy curtido pero no todo el mundo sabrá ir al banco, como él sugiere, y salir de él con la solución a sus problemas.
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