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11 marzo , 2008 | 05 : 05

La trampita de Clinton

Por razones de poco peso que no vienen al caso, pasé buena parte de la tarde del lunes en la sala de espera de un hospital de Brooklyn. Nada importante. Las salas de espera son algo tediosas pero en la del Long Island Collage Hospital había una televisión. Llegó el momento de las noticias de las seis de la tarde. El casi imposible de creer escándalo de Eliot Spitzer, gobernador de Nueva York, ocupó gran parte de los informativos. En la sala, los pacientes y sus acompañantes, mayoritariamente negros, le prestaron una relativa atención. Pero luego llegó una historia de Barack Obama.Entonces bajó el ruido de la sala y aumentó la atención. Cuando acabó el reportaje oí a uno murmurando… “¡qué tramposa!”.

Se refería a Hillary Clinton. La senadora por Nueva York y su marido, Bill Clinton, han estado estos últimos días hablando del llamado dream team, es decir, una candidatura conjunta en la que Clinton y Obama fueran el equipo para disputar la Casa Blanca al partido republicano. Para los Clinton, la idea es buena siempre y cuando ella sea la presidenta. El ex presidente comentaba el sábado que a semejante ticket “no podría pararlo nadie”.

Y como el paciente del hospital interpretó, tras el reconocimiento está la trampa porque, en definitiva, los Clinton colocan a Obama como un segundo y minimizan la fuerza de su campaña. En realidad, muchos demócratas están de acuerdo con Bill Clinton, pero los partidarios de cada uno quieren a su favorito liderando el ticket. La insistencia de los Clinton es muestra de una confianza digna de gran jugador de poker.

Pero el argumento choca contra algunos de los mensajes de su propia campaña. Clintona lleva más de dos semanas cuestionando la experiencia y el nervio político de Obama. De hecho, la candidata ha llegado a decir que en materia de seguridad nacional tanto ella como el oponente republicano, John McCain, han probado su valía pero Obama, no. Ese comentario no ha gustado en el partido y ha puesto muy nerviosos a los demócratas no solo por el crédito que el republicano obtiene sino por la munición que le da a este en caso de que Obama gane las primarias.

El senador por Illinois aprovechó esta inconsistencia al dar la respuesta a la sugerencia de una supuesta oferta para la vicepresidencia. El lunes, en Misisipí, dijo con algo de enfado en un meeting que no entendía nada, "si no estoy preparado, ¿cómo es posible que pueda ser un buen vicepresidente?”. “No se puede decir que no voy a estar preparado desde el primer día salvo en el caso de que sea el vicepresidente”, razonaba. Y lo quiso dejar claro, “No estoy en campaña para ser vicepresidente sino el presidente, el comandante en jefe”.

La campaña tiene el martes una nueva cita electoral en Misisipí, pero de lo que se habla constantemente es de estos golpes bajos, de Pensilvania, que es lo que Clinton persigue (como favorita para ganar), y de la rehabilitación de Florida y Michigan, dos estados que perdieron su capacidad para elegir delegados tras adelantar las fechas de sus primarias. Antes de que este proceso se pusiera en marcha, el partido demócrata les retiró la representación como penalización por este cambio.

No obstante y aunque su voto no era válido, votaron. En ambos estados ganó Clinton aunque en Michigan no se presentaba nadie más que ella y en Florida ninguno hizo campaña.

Ahora que todos los votos son importantes (aunque no se sabe muy bien cómo se están contando y, de hecho, no hay un resultado claro de los caucus de Texas), Clinton quiere que estos dos estados también participen. El partido demócrata está intentando buscar una solución y es posible que la presión de la senadora consiga hacer que se cambien las reglas durante el juego. La solución está en el aire. ¿Votar de nuevo?¿Cómo se organiza el voto?

El caso es que la campaña se complica para Obama y Clinton rebosa confianza presentando su faceta más dura.

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