Las primarias llegan a una fase que me
recuerda a eso que se dice cuando el Real Madrid y el Barcelona se enfrentan. “Es
el partido del siglo”. Poco importa que cada año se enfrenten más de una vez. Aquí
está pasando algo que merece una distinción épica similar, aunque en este caso es verdad. El día 4 de marzo vuelve
a ser supermartes. Lo fue el 5 de febrero, cuando más de 20 estados dejaron en
tablas la contienda demócrata, y lo es el 4 de marzo cuando solo dos estados,
Ohio y Texas inclinen el peso de sus delegados a favor de uno u otro candidato.
Dada la situación de esta campaña, puede ser el principio del fin para Hillary Clinton,
o el momento de reescribir la historia de estas primarias si la candidata
renace y deja a Barack Obama muy lejos en estos dos estados. El día 4 se
perfila como el supermartes del siglo.
Los pequeños estados de Rhode Island y Vermont
también votan pero deciden menos de 40 delegados entre los dos mientras que en
Ohio se disputan 141 y en Texas 193.
Clinton ha tirado la casa por la ventana. Es
el momento de hacerlo porque desde el otro supermartes ha sufrido 11 derrotas
en un goteo de primarias y tiene que parar las pérdidas. Los márgenes de
victoria de Obama han sido tan amplios que este se ha crecido. Pero en las
encuestas en Texas y Ohio ella ha estado siempre la primera y ha intentado por
todos los medios mantener el liderazgo para levantar cabeza y seguir adelante
como si no hubiera pasado nada. Con tal fin, su campaña ha emitido anuncios más
agresivos que nunca (jugando con el factor miedo en el contexto de la seguridad
nacional) y ella se ha multiplicado para hacer constantes apariciones en actos
públicos y en programas de televisión. La verdad es que pese a todos los
reveses, Clinton presenta una actitud de confianza en sus posibilidades.
Obama también se ha multiplicado y con su
inigualable músculo financiero ha inundado Ohio y Texas de anuncios. Uno de ellos,
preparado para el lunes por la noche dura nada menos que dos minutos.
Las encuestas dan una ligera ventaja a Clinton
frente a Obama. Eso significa que la senadora ha podido contener la erosión de
su base. Pero ¿lo suficiente? El propio Bill Clinton ha dicho que es necesario
que su esposa gane con bastante margen en Ohio y Texas para continuar. Eso no
significa que se vaya a retirar inmediatamente si no gana los dos estados,
solo gana uno o lo hace por la mínima, pero desde luego, si Obama se hace con uno
de los dos, ya no se va a hablar de otra cosa que del fin de la campaña de
Clinton.
Y será inevitable porque los republicanos ya
tienen a John McCain, y los demócratas van a querer tener ya un candidato
presidencial y no dejarse comer el terreno mientras ellos se desgastan en unas
primarias que en este punto pueden ya tiene el tono más subido.
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