Cinco años de guerra invisible
A Bobby Muller solo le faltó aquella noche levantarse para dar aún más énfasis a sus palabras. Este hombre de 61 años formaba parte de la mesa redonda que presentaba, ante los alumnos de la Universidad de Columbia, el libro de los catedráticos Joseph Stiglitz y Linda Bilmes sobre el coste de la guerra en Irak (The Three trillion war). Tras la introducción por parte de los autores, Muller tomó la palabra para decir que George Bush ha confundido y manipulado información “para que no sepamos que estamos en problemas”. Pero no, este infatigable pacifista no se pudo levantar. No puede hacerlo desde que en 1969, siendo marine en Vietnam, una bala le lesionó la columna y le dejo para siempre en una silla de ruedas. Desde ella lleva años siendo un abogado de la paz.
Creador de la Fundación Veteranos por América, Muller no podía contener la frustración que le causaba enfrentarse a los entresijos del coste de una guerra a la que se opuso desde el principio y que la Administración dijo que se pagaba sola (estimaciones de Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa entonces y posteriormente presidente del Banco Mundial, nada menos). Como mucho costaría 50.000 millones de dólares, según Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, ahora retirado. Andrew Natsios, director de la Agencia de Desarrollo Internacional dijo que reconstruir Irak costaría a los americanos 1.800 millones de dólares. Sitglitz y Bilmes dicen que la guerra costará 3 billones de dólares, otros economistas dicen que uno o medio menos.
Este veterano echaba humo cuando hablaba de los costes humanos de la guerra sobre la población de Irak (se calculan entre 80.000 y 150.000 muertos además de dos millones de desplazados) y sobre el ejército de EE UU. Muller explicaba que no se puede hacer una guerra como esta con un ejército voluntario y contaba una anécdota de un familiar suyo, casado y con tres hijos, que se había alistado para tener seguro médico y otras prestaciones sociales. “Y le aceptaron pese a haber sido retirado del ejército hacía años”, exclamaba con un asombro lleno de sarcasmo. “Un día me llamó y me dijo escandalizado que en el ejército hay ex convictos y pandilleros… y yo me pregunto ¿qué pasa en el ejército?”.
Escribo esto el día del quinto aniversario de la guerra. Veo en la CNN algunas de las manifestaciones contra la contienda que han quedado algo deslucidas por la lluvia. Por la mañana, el presidente George W. Bush pronunció un discurso en el Pentágono en el que además de volver a referirse al 11S aseguraba que la batalla en Irak es “noble, necesaria y justa”. En su discurso habla de la victoria. También John McCain, candidato republicano a sucederle, habla de ella. Ninguno de los dos define en qué consiste una victoria para una guerra que se comenzó buscando unas armas de destrucción masiva que muchos sospechaban que no existían. Nunca las encontraron pero eso no evitó a Irak ni la guerra ni el caos. Por cierto, tampoco había ni rastro de estas armas de destrucción masiva en el discurso de Bush.
Mientras oía al presidente pensaba en el último libro de la serie que sobre esta guerra ha escrito el periodista de Washington Post, Bob Woodward. Es el mejor de ellos y se llama “Estado de negación”. Un título más que apropiado para esta presidencia y no solo por lo que se refiere a la guerra. También me ha venido a la cabeza un magnífico documental, de Charles Ferguson que fue nominado a los Oscars, No end in sight. Ambos muestran la extrema falta de competencia con la que ha operado la Administración americana en la cuestión iraquí.
La pregunta de Muller, la contestó, en parte, la oficina de Harry Reid, el líder demócrata de los senadores, con una relación de números que hablan por si solos. Aquí dejo algunos de ellos.
88: porcentaje de actuales y antiguos oficiales del ejército que creen que las demandas de la guerra en Irak “han reducido peligrosamente la capacidad del ejército” (Foreign Policy /Center for New American Securitu 19/2/08)
94: porcentaje de los reclutas de la armada que tenía diplomas de instituto en 2003 [Larry Korb, The Guardian, 12/10/07]
79: Porcentaje de los reclutas que tienen diploma de instituto en 2007 [Larry Korb, The Guardian, 12/10/07]
4.644: Número de nuevos reclutas de la armada a los que se les han pasado por alto “asuntos morales” en 2003. [Houston Chronicle, 14/10/07]
12.057: Número de nuevos reclutas de la armada a los que se les han pasado por alto “asuntos morales” en 2007. [Houston Chronicle, 14/10/07
¿Otros números? Hasta ahora han muerto 3.990 militares de EE UU desde el principio de la guerra y 29.395 han sido heridos en acciones hostiles. 60.000 han sido objeto de unas medidas conocidas como stop-loss que impide que quienes hayan acabado su compromiso con el ejército puedan abandonar si sus unidades no han vuelto de Irak. El tercer batallón del cuarto regimiento de marines ha sido enviado cinco veces al frente. Unos 2.100 soldados han tratado de suicidarse o herirse. Hay más números, igualmente desasosegantes aunque no del todo sorprendentes.
Desde este lado del planeta, en estos cinco años se ha librado una guerra que ha sido caracterizada de invisible. No para los militares y sus familias pero si para el resto. El vicepresidente de Goldman Sachs y autor de The Price of Liberty, Robert Hormats, recuerda que tras el bombardeo de Pearl Harbour, Franklin D. Roosevelt dijo a los ciudadanos que la II Guerra Mundial en la que se embarcaba el país, iba a costar dinero y había que hacer sacrificios. En la actual de Irak, Bush recortó dos veces los impuestos (algo inaudito en tiempos de guerra), siguió aumentando el gasto y pidió a la gente que siguiera consumiendo. La caída de los tipos de interés ayudó a que el consumo se disparara y la deuda de las familias y del deficitario Gobierno subió. Futuras generaciones se harán cargo de la cuenta de esta contienda que se está pagando ahora con dinero prestado.
Pero la guerra no es invisible. Ahora que se entra en crisis, posiblemente una recesión, se es más consciente de lo que cuesta y costará este conflicto cada vez más cuestionado. No se ven los féretros de los soldados caídos, la prensa tiene prohibido mostrarlos, pero cada vez hay más veteranos con problemas psicológicos y difíciles de reinsertar. Informes como el del Washington Post sobre la pésima atención médica que han recibido los veteranos, as revelaciones de Seymour Hersh sobre Abu Ghraib, e incluso algunas películas no muy taquilleras como En el valle de Elah, están haciendo a meditar al país sobre si mismo, sobre una guerra que ha ayudado a poner contra las cuerdas a la economía del país y al ejército y que ya solo el 32% de la población apoya.
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