Nunca hay que desestimar el poder de la desinformación
Bill Cunningham es un
comentarista de radio de Cincinnati (Ohio) que se considera republicano y
ultraliberal, es decir, muy conservador. Nunca he tenido la oportunidad de
oírle pero buceando en Internet para ver su historial he visto que ha dedicado
parte de su tiempo a criticar a la Asociación Nacional para el Avance de la
Gente de Color, y, en general, cualquier activista por los derechos civiles. El
pasado martes participó en un acto electoral de John McCain (eso lo vimos en
todo el país por la televisión) y agarrado a su micrófono arremetió contra los
candidatos demócratas a la nominación. A uno de ellos le aludía continuamente
por su nombre completo, Barack Hussein Obama. El hecho en sí mismo debería ser
irrelevante. Pero no lo es. Nunca hay que desestimar el poder de la
desinformación del que se aprovechan los cunninghams de la vida.
“Todo va a ir bien en
el mundo cuando el gran profeta de Chicago tome el podio y los líderes del
mundo que quieren acabar con nosotros simplemente canten Kumbayá alrededor de
la mesa de Barack Obama”. (Kumbayá es parte de la letra de un himno de la
iglesia, Kumbayá My Lord, que se traduce como “ven aquí”, mi Señor). Con
semejante oratoria preparaba Cunningham el estrado para McCain, que aun no
estaba presente.
Y nada mejor que redondear
el comentario repitiendo el nombre de Hussein para poner a prueba los
prejuicios sobre lo musulmán y lo extranjero en un país en el que han circulado
comentarios, muy difundidos en los medios de comunicación, poniendo en duda la
fe cristiana de Obama y apuntando a que, de hecho, es musulmán pero lo oculta
para llegar a la Casa Blanca porque es parte de un complot para debilitar a EE
UU. La reciente foto que se hizo pública de él vestido como un somalí durante
un viaje es una forma de mantener viva esta sospecha que se inició cuando se
hizo circular la historia de que Obama fue a una madrassa islamista cuando
vivió seis años en Indonesia. El senador llegó a este país asiático a los
cuatro años y fue a una escuela pública el primero.
Con estos antecedentes,
McCain corrió a pedir disculpas a Obama por los términos en los que había
transcurrido el evento (y a Clinton por otros comentarios). Cunningham dijo entonces
que se desentendía de McCain y en la Fox, llegó a decir que Obama era un
Manchurian candidate (en alusión al libro y películas, que narran como a un
ciudadano al que se le lava el cerebro se convierte en agente comunista con el
que derrocar al Gobierno de EE UU). No es la primera vez que se oye esta
fabulación y aunque luego se desdijo, ahí queda. Como también quedan sus
comentarios en la radio indicando que sería “un shock si Barack Mohammed
Hussein Obama fuera elegido presidente de este país en estos tiempos difíciles,
tiempos de terroristas”. Lo de Mohammed se lo inventó.
El problema para los votantes
no es tanto que Obama sea musulmán (que no es) sino la teoría de la conspiración
que se está montando alrededor. Es una historia para no dormir que tendría
gracia si no fuera porque hay mucha gente que no duda de lo que dicen locutores
como Cunningham.
Este hombre de radio maneja
la terrible coctelera de la desinformación y el miedo para crear ilusiones que arrinconen
y anulen la verdad. No es el único que lo hace, y mensajes como el suyo calan
como hace unos años caló la asociación de ideas hecha desde el Gobierno para
confundir a una población que terminó por convencerse que había un vínculo
entre Irak y el 11S. Según una encuesta de Knight Rider de 2003, el 3% de los
americanos creían que el 11S fue obra de Sadam Hussein inmediatamente después
de los atentados. En enero de 2003, ese porcentaje era del 44%. La
administración nunca lo dijo pero siempre que hablaban del 11S hablaban de Irak
y finalmente eso es lo que vieron muchos ciudadanos.
Obama siempre ha
desestimado esos rumores, historias, comentarios y le han puesto en la tesitura
de tener que decir que si fuera musulmán lo diría. Acto seguido, ha dado la
dirección de su iglesia cristiana en Chicago. Pese a ello, una encuesta hecha
en agosto por la CBS muestra un 7% cree que es musulmán. El 45% de los
ciudadanos no estaría dispuesto a votar a un alguien de este credo, según el
Pew Research Center
Es posible que Obama
pudiera hacer más y aprovechar ese tirón popular que tiene para plantarse y decir
“y si soy musulmán ¿qué?” pero mi triste apuesta es que probablemente más que
solucionar el sentimiento anti-musulmán, de alas para que los que son como
Cunningham aprovechen los malentendidos y la desinformación y se cree un
ambiente en el que se radicalicen intolerancias, se distraiga la campaña de su
verdadero mensaje y además Obama tenga que volverse a Chicago sin pasar nunca
más por Washington.
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