La super campaña de Obama y Clinton
Tras las tablas del Super martes, uno de los guionistas de la serie The West Wing (El ala oeste de la Casa Blanca) comentó en la Nacional Public Radio que tal y como lo estaba viendo, ellos ya habían escrito el guión de estas elecciones. Puede que así sea. En la temporada sexta de esta fabulosa serie (lo admito, soy una fan), los dos candidatos demócratas están empatados hasta la convención. Allí empieza el mercadeo de votos de los delegados e incluso se postula un tercer candidato que ni se había presentado a las primarias (puede ocurrir). Si no han visto la serie o el capítulo y quieren verlo en DVD, dejen de leer aquí porque ahora viene el final, una conclusión que puede parecerse mucho a lo que pase en las primarias de 2008.
Finalmente, el candidato protagonista (seguimos en The West Wing), que además es el que mejor domina el difícil arte de la oratoria, consigue inclinar el peso de la mayoría de los delegados hacia su campo y es proclamado candidato. Curiosamente, el candidato republicano tiene problemas con buena parte de su base porque entre otras cosas no es un hombre religioso. Estaban muy en sintonía con la campaña de 2008 los guionistas.
Las primarias demócratas de este año tienen, sin duda, un interés muy cinematográfico. Están hechas para el drama. Primero un cartel rompedor. Segundo, una acción trepidante en una contienda disputada y por último un desenlace que puede estar en manos de lo desconocido. En la vida real, lo desconocido, la gran incógnita, es lo que puedan votar los superdelegados.
El martes 19 de febrero, los candidatos se ven las caras en Hawai y en Wisconsin. Hay en juego 121 delegados y es previsible que Barack Obama gane en su natal Hawai. En Wisconsin es mejor no hacer apuestas aunque Hillary Clinton puede adelantarse. Si gana Obama, el revés para Clinton será mayúsculo porque lleva mucho tiempo sin una buena o clara victoria y eso desanima (a ella y a sus votantes). Ella confía llevarse la mayoría de los 444 delegados de Texas, Ohio, Rhode Island y Vermont, pero sobre todo los primeros dos estados, que se disputan el 4 de marzo. Sobre el papel de las encuestas, Texas está ahora en tablas.
No obstante, es difícil que ninguno de los dos candidatos consigan los 2.025 delegados necesarios para la nominación y todo parece indicar que la convención será muy movida. Howard Dean, el líder del Comité Nacional Demócrata ha expresado su opinión y la de muchos demócratas diciendo que espera que no se llegue a este punto y que haya un candidato entre marzo y abril, aunque sea por la vía del acuerdo al margen de las primarias. No es algo que parezca fácil en este momento y desde luego no es el espíritu de las primarias por lo que muchos demócratas han puesto el grito en el cielo tras oír al presidente del CND.
Pero este espíritu está comprometido por la propia dinámica de la convención. Si se llega a ella con empate, cuando todos los votos cuentan, tienen especial peso el de los superdelegados, o delegados que no han sido elegidos pero tienen voto por el hecho de ser altos miembros del partido, la administración, por los años en el Congreso… Son 795 patricios. Los superdelegados existen desde hace varias décadas para dar un mayor papel a los políticos, y restarlo a la base de votantes, en la formación del ticket electoral presidencial. En un año como este, ellos deciden.
Obama y Clinton han ganado ya el voto de algunos de ellos. Es algo tentativo porque pueden cambiarlo y algunos se verán obligados, en conciencia, a hacerlo si representan o han representado a un estado (como congresista o gobernador) que haya votado de manera abrumadora a uno de los dos candidatos. Pero quedan 300 que no se han decantado (entre ellos Al Gore, Nancy Pelosi, Jimmy Carter…). En estas primarias en las que todos los votos cuentan, estos 300 delegados indecisos forman parte de la superacampaña y en las bambalinas se están haciendo muchas llamadas de teléfono. En principio la favorita, por cuestiones históricas, es Clinton, pero incluso es este apartado las cosas se le están poniendo complicadas.
El papel de los superdelegados es crítico, por su fuerte peso este año, y criticado, por las mismas razones. Donna Brazile, que estuvo en la gestión de la campaña de Al Gore en 2000, y es super delegada, ha dicho que dejará el partido demócrata si la elección la terminan decidiendo su super colegas. Moveon.org, el movimiento de base que ha favorecido a Obama considera que los superdelegados no deben comprometer su voto, como han hecho muchos, hasta que no acaben las primarias y así votar a quien haya tenido un mayor apoyo popular.
La campaña popular y la no tan popular continua, pero tal y como están las cosas, el guión ya tiene el punto dramático necesario para una buena película, una razón más para entender el gancho popular de estas elecciones.
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