Es posible que Nicholas Gray y Ben Bernanke
tengan algunos puntos de vista en común. Gray no trabaja en la Fed. Es un pequeño empresario que en 1973 puso en marcha el Gray
Papaya, una pequeña y barata cadena de comidas de Nueva York en la que se
sirven perritos calientes baratos y zumos. Su limitado menú ofrece el
“Recession Special”.
El especial se compone de dos perritos y un
zumo y es un clásico en la cadena. El pasado fin de semana, Gray no había
colgado aún el cartel con el que en 2001 y 2002 llamaba la atención sobre este
menú para tiempos difíciles como aquellos. Primer punto en común: Bernanke dice
que no prevé recesión (y tampoco el FMI).
Lo que si que hizo Gray este otoño es
colgar otro cartel en el que pedía disculpas por tener que subir el precio de
sus productos. El “especial recesión” pasaba de 2,75 dólares a 3,50. Segundo
punto. Como el presidente de la Fed, Gray advertía con su anuncio de la
relevancia de unos precios que no han pasado desapercibidos a nadie en Nueva
York a estas alturas. Hace no mucho, un colega me dijo medio
bromeando que comprara lo que comprara en el supermercado, cada bolsa le
costaba unos 20 dólares. Ahora, ambos hemos comprobado que cada bolsa vale entre
25 y 30 dólares.
Pese a que Gray no promociona aún su menú
especial, si hay un cierto sentimiento de que las cosas se van a poner
difíciles. Los carteles de rebajas no se han quitado de muchas tiendas. En la
publicidad se está haciendo mucho hincapié en lo que es gratuito, las ofertas
de dos por uno, o lo que está rebajado. Realmente es un buen momento para que
Starbucks introduzca, como ha dicho que hará en Seattle como prueba, un café
que valga un dólar y segundas rondas de café barato gratis.
Wal Mart, ha decidido rebajar el precio de productos del hogar, electrónica y
alimentación entre un 10% y un 30% esta semana para animar unas fechas en las
que normalmente este tipo de compras se disparan por obra y gracia del mayor
evento deportivo del año: la Super Bowl. Hace unos días la RAMA, la asociación
de marketing y publicidad del comercio al por menor, dijo que este año se
esperan vender 3,9 millones de televisión para ver el partido del domingo. Un
50% más que el año pasado en las mismas fechas. Y es posible que no anden desencaminados, ya se
de quienes preparan la chequera para hacerse con una.
Durante la más reciente recesión, la de
2001 y la resaca en 2002, era fácil ir a cenar sin reserva de varios días a un restaurante de moda
y mucho menos complicado que ahora alquilar un piso. Eso todavía no ha llegado y para que ocurra las cosas deben estar ya muy entradas en el terreno
negativo. Nueva York es una ciudad peculiar en la que una cerveza puede costar
a partir de 12 dólares, el billete de metro dos y el cine 11,5. En ciertos
barrios de Manhattan hay gente que compra comida orgánica para sus gatos, lleva
toda su ropa (toda) al dry cleaner, se hace la manicura y la pedicura al menos
dos veces al mes y va a peluquerías donde repasarse las mechas cuesta lo mismo
que un fin de semana largo en Cancún. De momento y tal y como describía el fin de semana The New York Times lo que se percibe es que se es más consciente del valor del dinero, se está recortando algún que otro gasto superfluo o se intenta buscar lo barato.
El día en el que se pueda conseguir una
reserva en 12 horas para el restaurante Buddakan (uno de los locales de moda donde el menú cuesta a partir de 60 dólares por
comensal), ese día, probablemente Gray cuelgue en el escaparate del Papaya la
publicidad sobre el Recession Special. De momento, tiene uno inmenso con el que
anima al alcalde Michael Bloomberg a presentarse a las elecciones.
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