Sobre el autor

Si los mercados funcionasen como se suponen que funcionan, muchos nos tendríamos que dedicar a otra cosa. Desde 1998, una sucesión de burbujas, crisis, burbujas y crisis ha alimentado mi escepticismo natural. Lealtad, 1 es mi visión, personal y muchas veces equivocada, de la actualidad de los mercados y la economía.

Categorías

noviembre 2016

lun. mar. mié. jue. vie. sáb. dom.
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30        

Suscríbete a RSS

¿Qué es RSS? Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

Listado de blogs

« septiembre 2015 | Inicio | noviembre 2015 »

29 octubre, 2015 | 14:01

Cláusulas suelo y motores trucados

1.-Una cláusula suelo, o una cláusula techo, no tiene por qué ser ilegal, abusiva o una estafa. Es simplemente un contrato financiero, una fórmula que sirve para acotar el efecto en la letra de un préstamo de las variaciones en el tipo de interés de referencia. Tampoco es ilegal, por ejemplo, el seguro con franquicia; es decir, aquel en el que los primeros desperfectos del coche lo paga el asegurado, y solo a partir de cierto límite lo abona la aseguradora.

2.- Tampoco es una cláusula suelo un producto particularmente complejo de entender. O al menos, no más que la franquicia del seguro o que el propio concepto del diferencial sobre euríbor. Es decir, no creo que se pueda dar por hecho que vender una cláusula suelo a un cliente no especializado sea una engañifa per se. Creo, también, en la responsabilidad de los clientes/compradores: es obligación del cliente bancario leerse lo que firma.

3.- Hay dos cosas que sí pueden convertir una cláusula suelo en una condición abusiva, partiendo de la base de que la relación entre un cliente de banca y una entidad está, por lo general, desequilibrada. Son  la publicidad en la venta y las condiciones. Empezando por el final, si el banco coloca al cliente un producto fuera de mercado está incurriendo en una mala praxis. Y si estas condiciones, aun siendo acorde al mercado, no se muestran al comprador, se está incurriendo en una mala praxis también. No es tanto misterio; en cualquier operación de compraventa, si el vendedor no informa al cliente del precio o las condiciones, o si éstas son peores de lo aparentemente pactado, el comprador acabará reclamando que le han dado gato por liebre.

4.- Las hipotecas se firman ante notario, y las cláusulas suelo están incluidas en los contratos. Es la defensa del sector financiero. A mi juicio, que vale lo que vale, una cláusula suelo  tiene tanta importancia como el propio tipo de interés; es parte del precio del préstamo. Es más relevante que la comisión de apertura o cancelación, por ejemplo. Informar de una cláusula suelo dentro de un párrafo perdido dentro del contrato hipotecario no es informar debidamente al cliente. O, como explicó la sentencia de 2013 del Supremo que anuló las claúsulas de varias entidades:

 “Pese a tratarse, según se ha razonado, de una cláusula definitoria del objeto principal del contrato, las propias entidades les dan un tratamiento impropiamente secundario, habida cuenta de que las cláusulas ‘no llegaban a afectar de manera directa a las preocupaciones inmediatas de los prestatarios’, lo que incide en falta de claridad de la cláusula, al no ser percibida por el consumidor como relevante al objeto principal del contrato”.

5.-Además, la banca es un mercado complejo. Aunque el concepto de cláusula suelo es simple, comparar distintas ofertas bancarias no es tarea sencilla incluso para clientes formados. Por eso creo que un banco debería a demostrar que ha informado al cliente. La legislación más actual española y europea, de hecho, va por este camino: en 2011 y 2013 se modificó la normativa para forzar mayores niveles de transparencia en la comercialización de las cláusulas suelo.

5.- En cuanto a las condiciones de las cláusulas, el sector no destaca por su transparencia. La única información oficial  es un informe del Banco de España presentado en el Senado en 2009. El 30% de las hipotecas constituidas hasta septiembre de 2009 tenía acotaciones a la baja o al alza; el 72% incorporan límites a la subida y la bajada del tipo. Por el contrario, las que sólo limitan la bajada están en el entorno del 15%, y el resto (13%) lo hacen sólo para la subida. Ahora, los límites medios dan una idea del sesgo: el suelo medio (protección para el banco) estaba en el 3,12% mientras que el del techo (protección para el cliente) estaba en 13,56%. Aquí, en gráfico.

  4BPbN

En tres de los seis años analizados, las cláusulas suelo se contrataron a niveles superior al euríbor medio del año. Es decir, no se trataba de una protección frente a oscilaciones futuras, sino de un límite que empezó a operar en el mismo momento de la contratación. El Supremo, de hecho, sugiere que las cláusulas techo son atrezzo, elementos decorativos diseñados para despistar al hipotecado.

 “[…] supuestos en los que se desvía la atención del consumidor y se obstaculiza el análisis del impacto de la cláusula suelo en el contrato mediante la oferta conjunta, a modo de contraprestación, de las cláusulas suelo y de las cláusulas techo o tipo máximo de interés, que pueden servir de señuelo.

Y que las cláusulas se comercialicen masivamente no exime de ser abusivas.

 “el cumplimiento de los requisitos de transparencia de la cláusula aisladamente considerada, exigidos por la LCGC para la incorporación a los contratos de condiciones generales, es insuficiente para eludir el control de abusividad de una cláusula no negociada individualmente”

Sigue leyendo

21 octubre, 2015 | 16:02

Autopistas vacías e incentivos a la inversión (inútil)

Me resultaría complicado dirimir si es más absurdo un tren de alta velocidad sin viajeros, un aeropuerto sin aviones, una promoción inmobiliaria con columpios pero sin gente o una autopista sin coches. Todas ellas aportaciones patrias, afortunadamente no exclusivas, al desolador panorama postcrisis. Otro de sus denominadores comunes es que, en muchos de los casos, al cemento invita el contribuyente.

Tampoco es sencillo dirimir cuál de las autopistas de peaje sin coches, es decir las promovidas entre 2002 y 2006, supuso un negocio más arriesgado. Todas ellas discurrían en paralelo a autovías gratuitas, todas ellas están en concurso de acreedores, todas ellas se han desviado al menos 50% de su tráfico objetivo y todas ellas están quebradas. Y todas ellas supondrán gasto para el erario público.

La M12, que da acceso a la Terminal 4 aeropuerto desde la M40 y desde las otras terminales, apunta a podio. Es una autopista construida a la vez que la autovía que discurre en paralelo. Tiene apenas nueve kilómetros, por los que la concesionaria cobra un peaje de 1,95 euros. Eso, en horas de mayor tráfico, por la noche es gratuita probablemente porque los ingresos ni siquiera compensen el coste de la plantilla. El pasivo de las sociedades afectadas suma 550 millones de euros (61 millones por kilómetro).

Al tomar la autopista de peaje el recorrido es más largo y se tarda más que tomando la alternativa gratuita. Este pequeño defecto que se corrigió mediante una señalización sesgada; digamos que la ruta “por defecto” que lleva a la autopista de peaje. La construcción de la nueva vía nos regaló esta bonita estampa, vía los cracks de Nación Rotonda: el cierre de la M110 en los alrededores del aeropuerto.

Nacionrotonda

Entre una planificación optimista en grado lisérgico (por ser benevolentes), la crisis económica y el hundimiento del tráfico en Barajas, la M12 estaba condenada al fracaso. Lo curioso es que el fracaso lo pagamos todos.

Sigue leyendo

15 octubre, 2015 | 13:05

Crecepelo disruptivo

¿Qué pasaría si a partir del próximo lunes todos los negocios del país decidiesen aplicar las lecciones que se enseñan en las escuelas de negocios? Imaginen que el taller de toda la vida decide “salir de la zona de confort”, que los gestores de una cadena de supermercados deciden “desaprender lo aprendido”, que el kioskero busque innovaciones disruptivas o que el panadero dé la vuelta al negocio porque “hoy, la competencia está en un garaje”.

El estándar actual de la innovación disruptiva (esta última palabra, por cierto, no está admitida por la RAE)o disrupción lo introdujo en 1997 Clayton Christensen, y la tesis es atractiva: Las grandes compañías tienden a fracasar porque rivales más pequeños, flexibles e innovadores ofrecen soluciones más baratas y ajustadas a la demanda.

Paradójicamente, esta teoría tiene gran tirón precisamente en las grandes corporaciones y en las consultoras que trabajan para ellas. Lógico; es sencillo entrar en una sala de reuniones blandiendo una aplicación del teléfono y un Power Point y disertar sobre cómo los ratones sobrevivieron y los dinosaurios no. Entrar en la misma sala y preguntar por procesos de producción, proveedores o satisfacción del cliente es más complicado, y levanta más ampollas.

Es más; como en esta cultura, un tanto falseada, del emprendimiento, el fracaso es una virtud, las iniciativas empresariales ni siquiera están sometidas al contraste de la realidad o los resultados. Si funcionan, perfecto. Si no, también. La innovación disruptiva es un éxito por sí misma. En realidad, nadie se cree del todo este cuento; al igual que pocos ciudadanos pueden permitirse eso de fracasar 10 veces antes de montar su exitosa start-up, pocos accionistas soportan una empresa que fracasa una vez tras otra. Ahora, el cuento viene de maravilla para sobrevivir en el ecosistema de las plantas nobles

Un paper publicado este mes desmonta, o intenta desmontar, la tesis de la disrupción. De los 77 casos citados en el paper de Christensen de 1997, solo siete (el 9%) cuadran en la definición original. Todas las empresas tienen que pelear con la innovación que plantean sus competidores, pero no terminan siendo expulsadas del mercado. Los ultrasonidos (citados por Christensen) no han acabado con los rayos X, y de hecho los fabricantes de rayos X han desarrollado la resonancia magnética. En 2014 otro artículo en The New Yorker apuntó, también, que los datos no respaldaban la teoría. No gustó a todo el mundo

 

Sigue leyendo

06 octubre, 2015 | 11:27

¿Puede Madrid vivir sin S&P?

Cuando una agencia de rating sube la nota es un merecido espaldarazo a la gestión del empresario o político de turno. Cuando lo baja, suele ser fruto de algún tipo de contubernio perpetrado por extranjeros que, recordemos, fallaron en la crisis de las subprime. Pocos debates hay en el mercado financiero más viciados que el de los ratings.

La (posible) decisión de Manuela Carmena de prescindir de los servicios de S&P y Fitch (Moody’s no cubre a Madrid) viene acompañada, pues, de la habitual polémica que rodea a unos y a otros. Las calificaciones financieras son una exigencia de muchos inversores, que piden una nota mínima para invertir; si no, no compran deuda. Y cuanto mejor sea  la nota, menos interés exigen. Cabe pensar que Carmena, por ahorrarse unos cuantos centenares de miles de euros (esta gente no es barata), pueda hacer perder más dinero al contribuyente vía intereses cuando se maneja el balance de una entidad tan endeudada como la capital (a cambio, disponemos de una maravillosa autopista de circunvalación para llegar al atasco ritual).

Ahora, no tener ratings no es ser un bicho raro. Una cuarta parte del Ibex (nueve  de 35) no tiene rating; el porcentaje sube al 33% si se excluye del cómputo el sector financiero, obligado a tener rating (nueve de 27).  Son ACS, Acerinox, Acciona, FCC, IAG, Indra, Sacyr, Telecinco y Técnicas Reunidas. Las últimas dos empresas apenas tienen deuda, así como Indra. En realidad, no necesitan los ratings. Del resto, llama la atención la fuerte presencia de constructoras, un sector muy endeudado: de las seis del Ibex solo OHL y Ferrovial  pagan calificaciones. Es decir, en el Ibex 35 no tienen calificación o bien las empresas que no la necesitan o las que, sobre el papel, y como es el caso de la ciudad de Madrid, más lo necesitarían.

Precisamente por su elevada deuda viven sin ratings: el acceso al mercado se ha complicado para entidades y empresas fuertemente endeudadas que, como ha sucedido con Madrid, han tirado de préstamos bancarios, en ocasiones a largo plazo, como fuente de financiación. Y los bancos no piden ratings, sino ver directamente las cuentas. Las calificaciones de S&P o Fitch son para fondos de inversión que no pueden escarbar en las cifras de cada entidad cuya deuda compran.

Así, con quien tiene que jugarse las castañas Carmena no es con los inversores en deuda, sino con los bancos que firmaron préstamos sindicados a vencer en 2025 y 2030. Aquí, el perfil de vencimientos de la deuda madrileña (vía Bloomberg).

 

Sigue leyendo

Categorías

Los mercados, en CincoDías.com

Suscríbete a RSS

RSS Añadir este sitio a RSS

¿Qué es RSS?
Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.