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Si los mercados funcionasen como se suponen que funcionan, muchos nos tendríamos que dedicar a otra cosa. Desde 1998, una sucesión de burbujas, crisis, burbujas y crisis ha alimentado mi escepticismo natural. Lealtad, 1 es mi visión, personal y muchas veces equivocada, de la actualidad de los mercados y la economía.

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26 mayo, 2015 | 15:26

De bolsas y urnas

1.- Los años que llevo escribiendo de bolsa me han enseñado tres o cuatro cosas, como mucho, que me siento en condiciones de defender. Una, la principal, es que sacar conclusiones de un único dato es, en más de la mitad de las ocasiones, falso. Otra cosa es que los analistas (y, por extensión, los periodistas que recogen sus análisis) se sientan (nos sintamos) obligados a decir que la bolsa sube o baja por algún motivo. Por las apariencias; por no decir “no tengo ni idea”. En demasiadas ocasiones he visto una crónica titulada “los mercados caen lastrados por el petróleo”  y, poco después, “los mercados suben impulsados por el petróleo”.

2.- Por explicar,  cada índice de bolsa cierra cada día en un precio determinado, que se determina a partir de los precios de cotización de los valores, a su vez determinados por la decisión de inversión de miles de operadores en todo el mundo. Comprar o vender. Por eso es relevante, por ejemplo, saber si la bolsa española cae en solitario, o lo hace acompañada. Si cae un valor o si caen todos. Que ayer Italia bajase tanto como España sugiere que los operadores vendían por motivos ajenos (o complementarios) a las elecciones… O eso, o el temor cruzó el Mediterráneo.

3.- La sesión del lunes fue especial porque el inversor extranjero estaba de fiesta: no se trabajaba en Londres, Nueva York o Fráncfort. Aunque el dinero nunca duerme, el volumen fue escaso, y la caída del 2%, menos significativa.

4.- En paralelo, la distribución de las caídas en la sesión de ayer y a primera hora de hoy(después el Ibex ha remontado) se ha centrado en valores concretos:. Empresas constructoras afectadas por los planes urbanísticos o concesiones de basuras son la opción más clara. La caída de los bancos ha sido, por otra parte, flor de un día. Daniel Lacalle, colaborador de Esperanza Aguirre, tampoco ve relación entre las elecciones y la bolsa.Las opiniones recabadas por este periódico son, en general, bastante comedidas.

5.- Las comparativas tampoco aportan muchos elementos de análisis. El Ibex se desplomó tras la arrolladora victoria de Rajoy porque eran semanas en las que la existencia del euro estaba en el aire. Cuando Zapatero también bajó la bolsa, afectada por el carácter islamista del atentado (que ya provocó caídas en Wall Street en la noche del viernes previo) además de por el inesperado vuelco electoral.   

6.- Antes de la victoria de Rajoy en 2011 se oía de todo. Que la prima de riesgo se llamaba Zapatero. Que bajaría 100 puntos solo con la victoria del PP… Ni bajó de golpe ni bajó en los meses posteriores. De hecho, subió más. Y en esas primeras semanas, difícilmente fuese culpa de Rajoy. Algo parecido cuando ganó Hollande (llevo desde 2010 escuchando que Francia es la siguiente ficha del dominó, el enfermo de Europa, etc. etc.). Política y finanzas casan malamente.

7.- En el fondo, usar los mercados como argumento tiene una doble vertiente: si hoy el Ibex sube, ¿es gracias a Carmena? ¿Todo lo que pesa el miedo a Podemos es un escaso 2%? El riesgo político cotiza en los mercados. Pero esta semana, solo de forma puntual. El dinero es assutadizo, pero ha hecho callo en estos últimos años.

20 mayo, 2015 | 12:00

El segundo gran triunfo de Mario

Los mercados son a la vez tozudos y  volubles. Dos características opuestas en apariencia pero compatibles cuando de por medio hay seres humanos. Quitar una idea de la mente de los bolsistas es muy difícil: supone convencerles no de que tienes razón, sino de que vas a convencer a un número indeterminado personas como ellos. No hay que hacer que alguien cambie de opinión, sino de se juegue su dinero apostando por que los demás lo hagan.

Mario Draghi lo ha hecho en dos ocasiones. Entre 2012 y 2013 convenció al dinero de que el euro no se rompería. Este año ha dejado claro que no se quedará corto en sus estímulos para sacar a la zona euro de la deflación. Una victoria menos épica, menos importante, pero tan complicada o más que la primera. El objetivo, menos glorioso, es que todo sea un poco más “normal”. Y Mario ha trabajado para ello desde agosto, cuando empezó a deslizar sus mensajes sobre las compras de deuda, hasta diciembre, cuando logró la mayoría necesaria en el consejo del BCE.

Debajo  está el gráfico de “algo” bastante abstruso: las perspectivas de inflación a largo plazo en la zona euro, también conocidas con el sugerente nombre de 5Y5Y Inflation swap. Es una de las medidas que toma el BCE para medir las expectativas de los inversores a largo plazo. Tocó suelo por debajo del 1,5% y ha repuntado hasta el 1,8%, en línea con el objetivo oficial del BCE: una inflación por debajo, pero cercana, al 2%. En plazos más cortos las expectativas de inflación han subido mucho más deprisa; del 0% a principios de año al 1% actual. Si optamos por mirar cosas más sencillas, el bono a 10 años español está en el 1,8% frente al 1% de hace bien poco, y el alemán ronda el 0,7%.

5Y5Y

 

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