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Si los mercados funcionasen como se suponen que funcionan, muchos nos tendríamos que dedicar a otra cosa. Desde 1998, una sucesión de burbujas, crisis, burbujas y crisis ha alimentado mi escepticismo natural. Lealtad, 1 es mi visión, personal y muchas veces equivocada, de la actualidad de los mercados y la economía.

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18 junio, 2014 | 12:16

Reforma fiscal: Cuadrando círculos

Este viernes tendremos respuesta al trilema. Cómo modificar la estructura impositiva española de forma que:

a) No se estropeen las cuentas públicas por el lado de los ingresos, para que el país no incumpla demasiado el objetivo de déficit de 2015

b) Tenga el contenido y la profundidad necesarios para ser uno de los grandes proyectos del Gobierno.

c) No enfade demasiado a los contribuyentes que deben pasar por las urnas en el mismo año 2015.

Se pueden cumplir dos de los tres preceptos: si renunciamos al equilibrio presupuestario la reforma fiscal puede ser profunda y beneficiar a la mayoría de contribuyentes. Si nos da igual enfadar a algunos los electores se puede plantear una reforma profunda y neutra en términos de ingresos. Y, finalmente, se puede renunciar a la profundidad de la reforma para no enfadar a quien elige al gobernante (el electorado) y a quien le supervisa (Bruselas).

A priori, esta última opción parece la más verosímil. O lo sería, de no ser porque la reforma fiscal es la única baza del Ejecutivo en el terreno económico, visto que la economía ha tocado suelo pero que la lentitud en la recuperación hace de ésta un arma de doble filo. Insistir demasiado en que la cosa va bien puede indignar a una mayoría de personas que no tienen noticias de ello. Dado que la economía es, a su vez, el eje de las elecciones de 2015 (con la excepción, quizá, del electorado catalán), la alternativa de descafeinar la reforma fiscal parece mucho menos verosímil.

Por el lado de la recaudación, el Gobierno parte de dos promesas: bajar el IRPF y no subir el IVA. Para que la rebaja del IRPF sea sensible, y teniendo en cuenta que hay 16 millones de contribuyentes en este impuesto, para que la rebaja sea sensible la recaudación tendría que bajar en al menos 5.000 millones. Esta cantidad es, más o menos, lo que subieron los ingresos con el alza de tipos decretada nada más llegar Montoro a Hacienda. De este modo, ante las elecciones el Gobierno podrá defender que ha bajado los impuestos.

Ahora bien, el cuadro macro del Gobierno enviado a Bruselas contempla alzas en los ingresos entre 2015 y 2017: del 38,8% al 39%. ¿Cómo cuadrar estas cuentas? La limitación de deducciones puede compensar parte de ese desfase, además de contribuir a mejorar un sistema fiscal que, a fuerza de excepciones, pierde buena parte de su progresividad. Pero el IRPF supone la mayor parte de la recaudación, y para compensar su bajada habría que subir mucho otros impuestos, lo que nos devuelve al punto de no enfadar demasiado a la gente.

Es de esperar un término medio entre las tres cosas, sacrificando probablemente el déficit al posponer la parte más dura de la reforma fiscal para después de las elecciones. Aunque eso supondría incumplir las previsiones y enfadar a Bruselas. Las recomendaciones más dolorosas de los expertos y de Bruselas se pueden dejar para después. La rebaja del IRPF, sin destrozar la cuenta de los ingresos, beneficiará a rentas altas y del capital, además de los casi seguiros guiños a trabajadores de rentas medias con hijos.  

03 junio, 2014 | 14:43

¿Está en riesgo mi empleo? (I)

El impasse económico actual, en el que la economía ni cae más ni termina de recuperarse, deja casi cada semana cifras contradictorias. Hoy ha sido el paro, una cifra excelente que, en todo caso, hay que tomar con cautela vista la evolución de la EPA.

Hay un consenso más o menos establecido en que la recuperación aún no llega a la calle, aunque los datos del CIS sí apuntan a una mejora de las expectativas. El paro no se reduce, pero el consumo asoma la cabeza. Puede existir la sensación de que la gente que tiene trabajo tiene menos miedo de perderlo, pero las cifras de paro de larga duración indican que la creación de empleo es, aún anémica. ¿Hasta qué punto es cierto? O, dicho de otra forma, ¿he de temer por mi empleo si trabajo? ¿Tengo opciones de encontrar trabajo si estoy en paro?

El INE publica con un detalle que es muy de agradecer los flujos de población activa, en función de las respuestas de la EPA. Indican, por ejemplo, cuántos trabajadores que estaban ocupados a finales del año pasado lo siguen a cierre de marzo.  Tras un par de ratos largos peleándome con Excel, podemos llegar a una conclusión bastante de economista: Aquí el gráfico:

 

En el último trimestre, 817.000 personas que trabajaban perdieron su empleo y pasaron al paro. Si nos comimos las uvas de Nochevieja trabajando, el 92% de nosotros lo seguía haciendo a cierre de marzo. La cifra, en todo caso, es muy estacional, por lo que conviene comparar trimestres iguales, y se mueve despacio, dado que el universo de ocupados es amplio, de casi 16 millones de personas: Así, un 1% arriba o abajo son 160.000 personas que retienen, o no, su empleo.

En marzo de 2013 el dato de personas que mantuvieron su empleo fue del 92,76% (o, como está reflejado en el gráfico, el 7,24% lo perdieron). Desde 2008, ningún mes de marzo arrojó una menor probabilidad de perder el trabajo que este 2014, si bien la mejora este ejercicio es más lenta que la registrada entre 2012 y 2013. 

 

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